La U es un equipo especial. Algunos dicen: mágico. Será por eso que tiene tantos adherentes. Pese al gitanismo que tanta sorna provoca en la contra. Será por eso que muchos de sus partidos tienen emoción. La pasión que genera se debe, en parte, a esa historia de décadas de equipo luchador, con mística, que pelea hasta el final. El histórico partido de hoy en La Florida (histórico porque es primera vez que Audax recibe de local a los azules desde que hace cincuenta años o más lo hacía en su estadio de calle Guanaco, muy cerca del de la Unión y del de Católica, cuando Católica tenía su casa en la calle Independencia) refrenda esta historia: la U ganó al final, luchando, un partido que bien pudo perder.Acomodados en mitad de cancha, muy cerca del pasto sintético del Bicentenario de la comuna de las flores, Darío es testigo de esta historia. Él mismo lo afirma de alguna forma que lo mejor de la U es su hinchada: porque contagia, empuja. Darío es hincha de la Unión. Pero también se lo he escuchado a hinchas de Católica y Colo Colo. La pasión que transmite el hincha, creo que se traspasa al jugador. El año pasado Arturo Salah señalaba que su equipo no debía jugar "al ritmo de la tribuna". ¿Y qué quería? Jugar a lo Salah: casi para el lado (para no ofender a Carvallo, el rey del juego para el lado), ordenadito, reflexivo, al borde de la siesta. Por eso ese equipo no ganó nada: ni campeonatos ni, quizás lo que es peor, clásicos. Ganó dos clásicos en apenas dos años. ¡Terrible! En cambio esta U de Markarián rescata la esencia del juego histórico de la U: intensidad, pasión, mística. No da un partido por perdido. Pelea cada pelota. Lucha hasta el final. Por eso, el empate que parecía sellado se convirtió en triunfo agónico. Porque sin importar la cancha, buscó hasta el último suspiro. Así es la U. Así le gusta a su gente. Hace tres semanas el Colo apenas llevó tres mil hinchas a La Florida. Hoy, la U llevó diez mil. Eso indica la forma de vivir los partidos que tiene cada hincha.
Pero sigamos con el partido. Darío es testigo. Fue un buen juego. Primer tiempo intenso, con la U levemente mejor, traducido en gol de cabeza del uruguayo Olivera a poco del final. 0-1 y a descansar. Pero el segundo tiempo, Audax hizo lo suyo. Tiene a Orellana, pero le falta un socio. Ataca mucho por el lado de Rieloff y Gigena se las arregla para crear peligro al medio. Destellos de Toledo. Luego, de Medel. Audax es un buen equipo, que se apodera del balón, toca y genera peligro. Por eso, el segundo tiempo fue para ellos. Por eso, el empate fue merecido. A poco del final. Córner de Orellana. Cerrado. La pelota sobra a Pinto (su único error en varios partidos) y aparece al segundo palo Vilches, el defensor, quien le gana el cabezazo a un jugador de la U, creo que a José Rojas. 1-1 y parecía que todo quedaría ahí, diplomáticamente. Pero no. ¡Audax siguió atacando! Haciéndose respetar en su casa. Y casi, casi, lo da vuelta. Centro pasado de Rieloff, Orellana devuelve al centro del área de primera y Gigena cabecea casi en área chica e increíblemente la bota afuera. Los tanos perdonaron. Y eso, contra los grandes, suele ser fatal. Así, casi en los descuentos vino el gol de la U, que poco había hecho en el segundo tiempo como para llevarse una victoria. Córner que pivotea Olivera y aparece en el segundo palo Osvaldo González y a cobrar. Explosión en la galería norte del Bicentenario y fiesta final.
Así es la U. El equipo que da alegrías. Darío fue testigo.
Parece coincidencia, pero por entonces flotaba en el ambiente que Colo Colo podía ganar la Copa del '91. Se comentaba en los pasillos, en los medios y yo creo haberlo afirmado también en los análisis que realizaba los días lunes en los primeros quince minutos de la mañana, gracias al espacio que me daba el recordado profesor Rolando Vásquez. Tras el juego contundente de ayer, derrotando inapelablemente al último monarca, y, sobre todo tras la victoria en Sao Paulo ante Palmeiras, muchos deben estar pensando que este año algo puede pasar. Lo dijo Barticciotto antes de comenzar la Copa. Puede ser. Pero para mí, al menos, por lo que he podido ver en televisión, los más fuertes son Sao Paulo y Boca, y recién más atrás me atrevería situar a Colo Colo, a Nacional, al DIM, Cruzeiro, Chivas, Libertad, Gremio, River y, mi corazoncito también quiere hablar, la U. Todos, con fuerzas parejas. Total, los partidos, dicen, hay que jugarlos. Sin embargo, lo bueno de este equipo es que tiene un portero que da seguridad, defensores de mil batallas como Mena y Riffo, dos laterales con llegada como Figueroa y Cereceda, un mediocampo de oficio (Sanhueza y Salcedo) y talento (Millar y Torres cuando están prendidos), más la potencia y calidad excluyentes de Lucas Barrios arriba. Pero, por sobre todo, creo que lo mejor es el aplomo y la jerarquía que demuestra para este tipo de partidos. Se nota que se trata de un equipo con partidos bravos en el cuerpo. Pienso que esa puede ser su principal fortaleza. Más que el juego, más que la eficacia demostrada ayer.
Jorge y Jairo son hinchas del América de Cali, el equipo que disputó cuatro finales de Copa Libertadores y no ganó ninguna y dicen que la única Copa que tiene un club colombiano en sus vitrinas, la que ganó el año '89 Atlético Nacional, la ganó en parte porque agentes del Cartel de Medellín apretaban a los árbitros.

