<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749</id><updated>2011-12-15T02:19:57.171-03:00</updated><category term='Fútbol'/><category term='Literatura'/><category term='Cine'/><title type='text'>Fútbol, cine y literatura</title><subtitle type='html'>Siempre he pensado que tener un sitio web tiene relación con la soledad, pero también con la convocatoria, con la posibilidad de compartir alegremente pequeños pedazos de vida. Este es un sitio personal que intenta vincular estas ideas con tres cosas que me apasionan: el fútbol, el cine y la literatura. Bienvenidos.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>83</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-680072438403053713</id><published>2011-12-15T01:15:00.005-03:00</published><updated>2011-12-15T02:19:57.176-03:00</updated><title type='text'>Brindemos camaradas</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-2CDTY-mmK40/TumC2q5d6uI/AAAAAAAAAdo/CQJ5vsiu2zM/s1600/FOTO_0120111215004912.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 266px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-2CDTY-mmK40/TumC2q5d6uI/AAAAAAAAAdo/CQJ5vsiu2zM/s400/FOTO_0120111215004912.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5686219880271833826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Pensé que no escribiría más en este espacio. Por tiempo. Mejor dicho, por falta de tiempo. No porque no hubiera nada que contar. Nada que decir. Sino porque la vida urbana es acelerada, desarraigada y a veces uno mismo se prohíbe parar. Escribir, en cierto modo, es parar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que sucede es que han pasado muchas cosas en la vida. Pero hoy, en especial, hoy -repito- la U salió campeón de la Copa Sudamericana. Y eso, ya por sí solo, amerita escribir algo. Desahogarse un poco. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que pasa es que los hinchas de la U somos algo románticos. Tenemos la ingenuidad que tienen las personas fieles. Una cierta ceguera. Que te hace creer siempre. Que te hace soñar siempre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo que sucede es que hoy, los que hemos seguido parroquianamente a nuestro equipo durante veinte, veinticinco años. Los que nos hicimos hinchas de la U cuando la U era un pasado glorioso y un presente nefasto. Los que nos hicimos socios cuando no había nada, absolutamente nada digno para ser socio, solo una camiseta, y no lo hemos dejado de ser desde entonces. Los que hoy disfrutamos de momentos históricos, estamos contentos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los que vivimos el descenso, los triunfos de los otros, los anhelos derrimidos de sopetón, por una mala noche, algún infortunio, o porque el rival fue mejor.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hoy cantamos y celebramos desde la vereda de los triunfadores. Es raro estar ahí. Somos el segundo equipo más popular de Chile, el segundo equipo con más trofeos nacionales. En cierto modo, estamos acostumbrados a los triunfos. Pero solo a nivel local. Hoy cantamos y saltamos desde la vereda internacional, más resonante, la que nos hace más respetables. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero en el fondo seguimos siendo los mismos: sufridos, románticos, apasionados. Nunca tendremos la soberbia del Indio ni las comodidades del Cruzado. La U es sinónimo de esfuerzo, humildad y una pasión sin límites. La U es grande, pero tiene esa grandeza del abuelo querido, del padre bueno, del niño incondicional a sus amigos. No la grandeza omnipotente del poderoso. Esa grandeza despiada, fría y monstruosa, en el fondo. Sino que la grandeza de la incondicionalidad, del amor que pide nada a cambio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Veo por televisión que ya acabaron las celebraciones en Plaza Italia, una mujer en el suelo golpeada por el chorro de agua de un guanaco. Por la ventana del dormitorio, se escuchan los cantos de Plaza Ñuñoa. En el living de mi casa hay unas copas de champagne, una bandera comprada a la salida del estadio. Todo eso puede parecer anecdótico. No fui tampoco de los que pasaron 48 horas a la salida del Nacional esperando por una entrada ni los que hicieron horas y horas de filas (y malos ratos) para conseguir las que quedaban disponibles. Como abonado, tenía mi lugar asegurado. Por eso pienso en estos momentos en todos aquellos hinchas sacrificados que hicieron muchos esfuerzos para estar presentes. En quienes hoy, sin conocernos ni saber nuestros nombres, nos abrazamos y celebramos juntos el mayor momento de felicidad en 84 años de historia.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No me gusta escribir cuando se gana. Es cómodo. Fácil. Pero tal vez hoy había que hacerlo. Es demasiado grande nuestra alegría como para no contarla al mundo. Al mismo tiempo, quizás pase mucho tiempo más antes de volver a revivir estas crónicas. Ahora, en este segundo, poco importa todo aquello. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hoy la U es grande. Hoy la U ha tocado la cima de Sudamérica, la otra mitad de la gloria. Y eso ya me parece suficiente como para suspender, por un instante largo, los recuerdos y fantasmas del pasado, y disfrutar este momento que, sabemos, en el fútbol se viven efímeramente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hoy la U es grande, es el equipo que da alegrías. La camiseta con la cual brindamos los camaradas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-680072438403053713?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/680072438403053713/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/12/brindemos-camaradas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/680072438403053713'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/680072438403053713'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/12/brindemos-camaradas.html' title='Brindemos camaradas'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-2CDTY-mmK40/TumC2q5d6uI/AAAAAAAAAdo/CQJ5vsiu2zM/s72-c/FOTO_0120111215004912.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-5959389615135252454</id><published>2011-07-08T13:29:00.013-04:00</published><updated>2011-07-29T13:20:48.190-04:00</updated><title type='text'>El tesoro de calle Marín</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-nOLM00vPaL0/ThdTE_BNfZI/AAAAAAAAAcs/U3DKv05yXhw/s1600/chunchito_y_banderin.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5627057604523818386" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-nOLM00vPaL0/ThdTE_BNfZI/AAAAAAAAAcs/U3DKv05yXhw/s400/chunchito_y_banderin.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:78%;"&gt;Foto: &lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.chunchorockero.blogspot.com/"&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;www.chunchorockero.blogspot.com&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cuando el Club Deportivo Universidad de Chile no era administrado por Azul Azul S.A., ni por un síndico de quiebras sino que por la Corporación de Fútbol de la Universidad de Chile (Corfuch) -entidad creada en 1978 y que separó, formalmente, al club deportivo de la universidad-, la sede oficial, antes de la tradicional de Campos de Deportes, estaba ubicada -al menos por un tiempo indefinible- a tres cuadras de mi casa, en calle Marín 545 esquina Girardi, propiedad que pertenece aún a la universidad y que hoy opera como residencia para estudiantes de provincia que estudian en algunas de las sedes de Santiago.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En esa casona larga de dos pisos, grande, ubicada frente al tradicional Liceo Carmela Carvajal de Prat, había un pequeño museo. Decir hoy un museo suena eufemístico, pero para un niño de doce años poder descubrir esos tesoros equivale entrar al más grande de los museos del mundo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Mi padre, mis hermanos y yo éramos socios del Club. A mi padre, en tanto funcionario de la universidad, le descontaban una simbólica suma por planilla. El carnet de socio no daba ninguna otra regalía que una entrada rebajada al estadio, cuando se podía, ya que los socios vivíamos castigados por los desórdenes que habitualmente provocaban los muchachos dirigidos por el Chuncho Martínez. Como la U no tenía estadio, ni club social ni centro deportivo ni nada, el carnet era solo un símbolo de una adherencia o una simpatía. En ese tiempo -y es verdad- la U no era más que una camiseta y once jugadores, como tanto les gustaba repetir a los comentaristas de la Sintonía Azul de Radio Santiago o a los columnistas de la &lt;em&gt;Minuto 90&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Pero yo había descubierto un modo de darle otra utilidad a ese carnet. Sabía que en esa sede próxima a mi casa debían estar cosas del pasado glorioso de la U que debía rescatar del polvo y conocer. De modo que una tarde muerta de vacaciones (¿julio, septiembre, diciembre?), enfilé por calle Marín, me sumergí bajo sus enormes árboles de sombra eterna y llegué a la puerta de la sede, carnet en mano, exigiendo que me dejasen conocer las viejas vitrinas. Un funcionario de traje pantalón azul oscuro, zapatos negros y chaleco azul marino creo que esbozó una leve sonrisa y, amablemente, me hizo pasar. "Pero solo puede entrar al salón del segundo piso", recalcó.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Creyendo estar entrando a una gran catedral subí en silencio las escaleras y a mano izquierda, con la puerta abierta, ya se avizoraba el pequeño museo azul. Eran las dos o tres de la tarde y un olor a comida tipo charquicán inundaba la habitación, como si algún guardia recién hubiese terminado de comer, allí mismo, sentado en una silla. Sonaba el piso de parquet, pero solo repicaban mis pasos. No había nadie más en la habitación. El cuarto estaba algo oscuro, con esa luminosidad que dan los grandes ventanales cubiertos de gasa transparente, gris en este caso, por el polvo. También había tierra debajo de los muebles y dentro de las vitrinas, pero nada de eso resultó relevante para los ojos de un niño fanático de la U que no tenía idea qué significaba ser campeón, al ver todos los trofeos allí arrumbados, uno tras de otro, sin orden, sin orientación verbal, pero de la U al fin y al cabo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La emoción fue indescriptible. Allí había copas (no todos los títulos ganados), la última de 1969 -algo que por entonces sonaba muy, muy lejano, tanto, que el niño ni siquiera había nacido-; algunos trofeos de amistosos, la más importante, un 6-1 a Peñarol para un Torneo de Verano; banderines -un partido contra Santos de Pelé-; medallas -algunas ni siquiera relacionadas con el club, por ejemplo, una conmemorativa del Campeonato Mundial de Fútbol de 1962- y, tal vez, alguna que otra imagen especialmente enmarcada. Pero también había trofeos de básquetbol, de hockey patín, de natación, ciclismo y atletismo, especialmente, armando con esto un panorama grandioso para tan solo unos veinte a treinta metros cuadrados. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La visita fue corta. Secreta, pero corta. El carnet había servido para profundizar visualmente en los relatos que ya vagamante conocía gracias a las antiguas revistas deportivas que se conservaban en mi casa y que comenzaba a coleccionar con fruición. Extasiado, debía volver rápidamente a casa para seguir atando cabos con nuevas revisiones a los archivos o simplemente soñar con alguna vuelta olímpica. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En esa casona de calle Marín había encontrado el pequeño tesoro que faltaba para darle forma al relato tantas veces leído en la soledad del cuarto infantil, tantas veces escuchado a los mayores. En medio de esas vitrinas sucias, descuidadas, se anidaba la imagen real de algo más que una camiseta y once jugadores.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-5959389615135252454?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/5959389615135252454/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/07/el-tesoro-de-la-sede-de-la-u-de-calle.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5959389615135252454'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5959389615135252454'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/07/el-tesoro-de-la-sede-de-la-u-de-calle.html' title='El tesoro de calle Marín'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-nOLM00vPaL0/ThdTE_BNfZI/AAAAAAAAAcs/U3DKv05yXhw/s72-c/chunchito_y_banderin.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7400530500543026300</id><published>2011-07-08T11:26:00.010-04:00</published><updated>2011-07-08T12:48:48.507-04:00</updated><title type='text'>Los poemas del Pachi</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/-muj_yaDy5i8/ThcxYyNNBvI/AAAAAAAAAck/rrF6eNX6fzw/s1600/2843818682_1d898e827e.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 254px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5627020561286498034" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/-muj_yaDy5i8/ThcxYyNNBvI/AAAAAAAAAck/rrF6eNX6fzw/s320/2843818682_1d898e827e.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Quien dice que alguna vez en su vida no escribió versos, partes de un diario o un cuento está mintiendo. Todos, alguna vez, nos engañamos con unas letras y creímos sentirnos mejor después de haber terminado. Todos, incluso el Pachi. El Pachi también escribió versos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Alto, flaco, con el pelo largo y cara de indio sioux. De ropajes raídos, pantalones de tela gris, grandes bototos, sempiterno chaleco delgado y chaqueta de Inspector Gadget. Y siempre acompañado de uno o más perros. El más clásico de todos: el Mancha, un quiltro propio de la fauna chilena sacado de una historieta de Condorito, enteramente blanco, con una mancha negra en un ojo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Así lo conocimos todos al Pachi en el barrio, desde hace treinta años o más. De no ser unos de los fundadores del barrio, bien podríamos asignarle ese título, porque las abuelas, los papás y los tíos ya se han muerto y otros nos hemos desplazado a otras partes de la ciudad, aunque sabemos muy bien que, en realidad, nunca nos hemos ido de ninguna parte. Pero hace poco el Pachi también se nos fue. Así nos contaron los que quedan en el barrio, los que todavía no han sido desalojados ni por edificios, ni por oficinas ni por manos ajenas, los que todavía creen en las historias en común.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Podríamos recordar mil cosas de este personaje a quien todos saludaban siempre solitario, siempre con su perro, caminando hacia rumbos desconocidos, sin oficio conocido. Cosas buenas y cosas malas, comentarios de vereda o de sobremesa. A mí me interesa hablar tan solo de sus poemas que leí una noche.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Fue la única vez que entré a su casa, una noche en que volvía hacia la mía después de haber estado todo el día en la universidad en medio de las animadas conversaciones que de pronto se armaban en los patios. El Pachi estaba a la puerta de su casa y comenzamos a hablar, mientras su perro negro que también se llamaba Mancha, pero no tenía ninguna mancha en ninguna parte, revoloteaba en medio de la calle vacía. Hablamos de la familia, del barrio y sin saber muy bien cómo ni por qué derivamos en la literatura. "Yo también escribo", me dijo. "Tengo un archivo ahí con varias cosas". Yo miraba su invaluable pelo largo canoso y sus dientes amarillos, como gruesos granos de choclo, de tanto fumar y sentía al mismo tiempo que esos minutos son de aquellos que solo pasan una vez en la vida y abren puertas. "Me gustaría echarles un vistazo", le respondí, picado por la curiosidad. Entonces, me hizo entrar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La casa era oscura y espaciosa, con una luminosidad bien amarilla que dejaba entrever muebles antiguos, pero simples, sofás rotos y llenos de polvo, una mesa alta con esas sillas de respaldos alargados e indescifrables decoraciones en las paredes: algunos objetos artesanales colgantes, un calendario del año regular con una foto de un caballo y una o dos fotos familiares en blanco y negro. Mientras el Pachi buscaba en su pieza sus textos intenté asimilar la atmósfera que respiraba y me pareció de pronto estar en medio de una casa de playa, de esas de madera sobre palafitos, hechas encima de la arena. Además, hacía calor. La noche parecía envolver en su aire cálido las sábanas húmedas del verano que ya se acercaba.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Sin explicación alguna, todo me pareció triste. Estaba allí parado en medio de la casa de un hombre solitario que vivía con lo mínimo y que volvía entusiasmado a mostrarme un archivador -de esos de tapas duras y lomo grueso- con sus poemas y era como estar respirando el aire seco de la soledad más grande. Leí sus poemas con atención, mientras el Pachi, parado al lado mío como un niño, con las manos atrás, parecía suspendido en el tiempo con la vista fija en una pared, con ojos profundos, impenetrables, más allá de toda lejanía.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Sus poemas eran cortos, pequeños bonsai. Hablaban de la madre, preferentemente, como la voz de un niño que le ruega le disculpe por haber hecho tal o cual travesura. Le pedía perdón y le recordaba que él sabía cumplir sus promesas. Que siempre la recordaba. Que siempre estaba con ella. Que la veneraba igual que antes, todos los días. Pero que igualmente la echaba de menos. Entonces, sentí que sus poemas me habían parecido los mejores que había leído en mucho tiempo. Los más sinceros. Los más puros, cristalinos como el agua. Todos los grandes autores de la literatura universal no valían un peso frente a estos poemas. Y sin más, sentí que tenía un corazón abierto frente a mí, un corazón palpitante que me estaba agradeciendo por haberlo escuchado.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Pero no pude leer más. No aguantaba más ese aire denso que de pronto me empezó a oprimir. Era como si una larga sombra me hubiese arrinconado, como a un ratón, para aplastarme y me asusté. Estaba en medio de la soledad más profunda y no quería ver más su rostro. Había decidido irme. Me despedí amablamente del Pachi, le habré dicho que me gustaron mucho sus poemas, pero que ya era hora de irme. Entonces salí rápidamente, casi corriendo avancé los cien metros que separaban mi casa de la suya y cuando me desplomé sobre un sillón simplemente lloré, lloré mucho, desconsoladamente, igual que el niño que pierde a sus padres en medio de un supermecado y se ve, por quince, veinte segundos, solo, desvalido, en medio de un mar de gente. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7400530500543026300?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7400530500543026300/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/07/los-poemas-del-pachi.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7400530500543026300'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7400530500543026300'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/07/los-poemas-del-pachi.html' title='Los poemas del Pachi'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/-muj_yaDy5i8/ThcxYyNNBvI/AAAAAAAAAck/rrF6eNX6fzw/s72-c/2843818682_1d898e827e.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7477707241068565869</id><published>2011-06-29T21:32:00.004-04:00</published><updated>2011-06-29T23:53:23.876-04:00</updated><title type='text'>El fútbol por quince minutos</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/-jggOTYc0cyc/TgvxKCJxYqI/AAAAAAAAAcM/m6yZeSoZ4As/s1600/puertas%2Bnacional.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 259px; height: 194px;" src="http://3.bp.blogspot.com/-jggOTYc0cyc/TgvxKCJxYqI/AAAAAAAAAcM/m6yZeSoZ4As/s400/puertas%2Bnacional.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5623853714381038242" /&gt;&lt;/a&gt;Hubo un tiempo en que siendo estudiante secundario y luego universitario había que ingeniárselas para ir al estadio a ver a la U. Trabajar, juntar monedas en la semana, adueñarse misteriosamente del vuelto del pan, hurgar en la ropa de los trabajadores de la casa en busca de un billetito milagroso y, como último recurso, pedir plata a las afueras del estadio eran las estrategias habituales para no fallar domingo a domingo. Sin embargo, el pedir monedas para obtener una entrada nunca fue algo muy agradable y muchas veces lo hacía para completar lo que había reunido en la semana. Tenía que ver, eso sí, con una necesidad obsesiva de estar siempre adentro, en medio de la galería, de manera fiel, religiosamente, sin poder fallar nunca. Si por algún motivo no podía estar un domingo en medio de la barra, me sentía culpable, el peor hincha de todos, el pusilánime y sin aguante. Sin embargo, pese a descubrir que los réditos a veces eran abundantes y que incluso me quedaba, en ocasiones, dinero para los almuerzos de la semana, pedir dinero a los otros hinchas azules nunca fue cómodo. Más bien lo hacía de manera avergonzada, como escondiéndome un poco. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero en medio de esas funestas prácticas, se daban todo tipo de situaciones. Como esa vez que una persona me regaló una entrada de Andes -nunca había salido, casi, de la galería, por lo que eso sí que era un lujo- para un partido contra la Unión, año 94, que ganó la U 5-2, después de haber ido perdiendo por 0-2. Partido inolvidable, vertiginoso, de ese equipo que todavía dirigía Arturo Salah antes de irse al Monterrey de México. En general, habrá sido unas diez veces en un lapso de unos dos años -a la larga, casi siempre, mi padre terminaba subvencionando gran parte del valor de una entrada- hasta que en una ocasión, con motivo de la celebración por el campeonato de 1995, en un amistoso contra el Boca Juniors de Maradona (hizo uno de cabeza) que ganó la U 4-2, me encontré con unos compañeros de universidad y sentí vergüenza. Eran pares y no podía verme disminuido ante mis pares. Además, a esas alturas, ya había dejado de ser un adolescente y era lo suficientemente grande como para arreglármelas por mí mismo. Así que esa fue la última ocasión. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Distinta, en cambio, y anterior, y quizás más honesta, más lírica, más decididamente ingenua era la costumbre de ir a ver los últimos quince minutos de los partidos. Esto habrá sido más o menos entre los años '90 y '93, aún en etapa escolar. Cuando definitivamente no se tenía el dinero suficiente para la galería y cuando todavía no era generalizada la costumbre -que después se hizo desagradable por lo masiva, casi como pagar un peaje- de pedir a las afueras del Nacional, la alternativa única para no fallar era ir a darse una vuelta al recinto ñuñoino y entrar gratis por un puñado de minutos. Como vivía relativamente cerca del estadio -veinte a treinta minutos a pie- la situación se planificaba de la siguiente manera: escuchaba el primer tiempo por radio (en esa época no se transmitían los partidos por televisión) y apenas finalizaba partía al estadio, para llegar así más o menos a los quince minutos del segundo tiempo. Allí uno se encontraba con los vendedores de maní, de revistas antiguas (que desaparecieron para siempre) y de sándwiches de potito, el verdadero, que ya no se vende, y que solo en una ocasión osé probar para completar la iniciación como verdadero hincha del fútbol. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero también uno se encontraba con un lote de más o menos quince cabros jóvenes igual que yo y unos cuantos adultos que, con sorpresa lo descubría, iban a lo que exactamente iba yo: ver los últimos quince minutos gratis, una vez que abrían las puertas de todos los sectores. Estos cabros -con más calle- pululaban de un lado a otro, se pegaban a las rejas de Av. Grecia y trataban de convencer a los controladores de que abrieran las puertas no quince, sino veinte, veinticinco minutos antes, total, los jefes no se iban a dar cuenta y el partido ya estaría por finalizar. Uno descubría con sorpresa, también, que había que gente que se retiraba del estadio una vez terminado el primer tiempo o a los diez, quince minutos del segundo tiempo, una situación que, debo reconocerlo, no me podía caber por la cabeza entonces y que ahora puedo entender, excepcionalmente, con reparos. Esta gente salía y uno se esperanzaba de que las puertas fueran a ser abiertas antes de lo habitual, pero no, todo seguía su curso normal, claro que ahora los ruegos y diálogos entre hinchas y funcionarios se hacían más frecuentes. Entre ellos, dos tipologías de personajes solían cubrir la escena: el pelusa simpático, bueno para la talla, avispado, pero respetuoso, que hacía ver por todos los argumentos posibles -desde que nadie se daría cuenta hasta que todos éramos hinchas azules- lo beneficioso de una apertura de puertas generosa, rápida, pero callada, piola; versus el funcionario que escucha, pero que es férreo en su decisión, que comprende, pero que no puede hacer nada y que se lava las manos arguyendo que era su pega mantener las puertas cerradas y la tenía que cumplir llueve, truene o caigan patos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces, por razones que solo la burocracia puede conocer, los controladores no abrían las puertas cuando debían hacerlo y uno descubría con nerviosismo que ya iban quedando diez minutos de juego, a veces cinco, y que esta vez el viaje había sido, en definitiva, en balde. Pero las puertas siempre se abrían de par en par en algún minuto y todos los que pacientemente habíamos esperado por entrar, partíamos corriendo lo más rápido que se pudiera a la galería sur, a la galería norte, a donde fuera, con tal de entrar lo antes posible. Pero por razones que también son difíciles de explicar, ir a ver los últimos quince minutos de juego terminaba siendo casi siempre una mala estrategia y, más bien, una forma de quedarse tranquilo, de ocupar el tiempo y de apagar cierta ansiedad por estar junto al equipo de tus amores. Porque la mayoría de las veces uno llegaba como con timidez a insertarse en medio de un ambiente que, de por sí, ya estaba caldeado, por lo general, tenso (hay que recordar que estos años, en lo deportivo, no fueron de los mejores, sobre todo el 90, en donde se jugó la Promoción), con la gente enojada, nerviosa, ya chata y con una historia previa dentro del partido que uno, como recién llegado, desconocía. En definitiva, uno entraba frío a la cancha, sin haber hecho el calentamiento previo y, a la larga, terminaba dando la hora. Uno no entendía por qué a tal jugador lo puteaban en especial (porque que quizás qué cagazo se había mandado) o por qué exigían al árbitro más de lo que uno consideraba normal.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ir a ver esos quince minutos finales de los partidos de la U era como meterse en medio de una obra de teatro, en medio de un escenario repleto de actores, cada uno compenetrado en su personaje. Y uno, hasta cierto punto, no lograba conectarse completamente y terminaba viendo todo desde afuera, sin llegar a comprender nunca en qué punto iba la historia. El marcador electrónico te daba una señal, pero a la larga, no te decía nada. No te decía quién había hecho el gol si es que hubo un gol, y a veces no cabía preguntarle al de al lado quién lo había hecho, para que te mirase con cara de ¿y a este tipo qué le pasa? Entonces, uno debía imaginarse cómo había sido el gol y que lo había hecho Castec, Beltramo, Puyol o Cofré. Ir a ver esos quince minutos de fútbol, más bien, tenía relación con una necesidad enfermiza de llenar un vacío, de querer salir un rato del encierro hogareño o de soñar, por un fin de semana, con una victoria épica de último minuto, algo que para la U de esa época era toda una quimera. Tampoco fue una práctica habitual, pero cuando se iba para allá, uno sabía que debía estar dispuesto a volver con las manos vacías.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una vez que terminaba todo emprendía el camino de vuelta, por lo general ya de noche, pensando que al día siguiente volverían las obligaciones estudiantiles de siempre. A veces, fantaseaba con grandes goleadas y vueltas olímpicas y me prometía a mí mismo que para entonces, para la próxima, debía hacer un mayor esfuerzo para poder entrar a la cancha desde el primer minuto y dejar de ser un esquivo disfrutador de fútbol por tan solo quince minutos. Para cuando llegaran esos triunfos esos quince minutos serían un tremendo sufrimiento que ya había que pensar en dejar de lado. Porque a la larga, se trataba de ir a ver a la U, a cualquier precio -en este caso, a ninguno-, pero ya era hora de empezar a hacerlo bien. Quince minutos de fútbol terminaban siendo una triste migaja y una demostración de hinchismo porfiado para una pasión que iba creciendo, anidada, desmesurada, de manera desproporcionada, por los colores de una camiseta que llevaba más de dos décadas sin gritar campeón. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7477707241068565869?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7477707241068565869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/06/el-futbol-por-quince-minutos.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7477707241068565869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7477707241068565869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/06/el-futbol-por-quince-minutos.html' title='El fútbol por quince minutos'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/-jggOTYc0cyc/TgvxKCJxYqI/AAAAAAAAAcM/m6yZeSoZ4As/s72-c/puertas%2Bnacional.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-2896788918921870320</id><published>2011-05-30T22:38:00.006-04:00</published><updated>2011-05-31T21:15:06.748-04:00</updated><title type='text'>El día que mi padre me llevó al estadio a ver a la U</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/-m9j-WjyXMo8/TeWLP5LSimI/AAAAAAAAAcA/a-vVn4-N7Q0/s1600/Chunchito.jpg" onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 257px; height: 196px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-m9j-WjyXMo8/TeWLP5LSimI/AAAAAAAAAcA/a-vVn4-N7Q0/s400/Chunchito.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5613045615749663330" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;El día que mi padre me llevó al estadio a ver a la U había pasado casi un año desde que le venía insistiendo que me llevara alguna vez. Escuchaba los partidos por la radio y mi única imagen era la que me proporcionaba el audio del relator de Radio Minería -cuyo nombre no recuerdo, pero que me suena a Carlos Alberto Bravo con su "maravilloso, maravilloso..."- y la de los micrófonos ambientales. El Nacional y Santa Laura, en esas transmisiones, semejaban unos gigantes y colosales recintos repletos de gente enfervorizada y hambrienta de buen fútbol y horas de entretención en medio de las vacías tardes ochenteras. Algunas de esas transmisiones radiales son más vivas que muchos de los cientos de partidos que más tarde iría a ver. Aún recuerdo como si hubiera estado en medio de la tribuna un partido de la U con Naval en Santa Laura que ganaban los de Talcahuano por 4-1 y que terminaron ganando los azules 5-4. O un clásico veraniego con Colo Colo que terminó 0-0 una noche calurosa de diciembre o de enero y que fue escuchada en la casa de mis primos, mientras los mayores festejaban algún evento alrededor de una parrilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El día que mi padre me llevó al estadio a ver a la U tenía 9 años, un día de abril de 1985. Fuimos junto a mi padre, mis dos hermanos mayores y yo. Fue tanta la insistencia que decidieron incluirme esta vez en la comitiva que era más o menos asidua a los grandes eventos deportivos. Es decir, unas tres o cuatro veces al año, según mis cálculos. Mi padre dejó el Pan de Molde estacionado a unas cuadras del Nacional -en esa época en que los autos estacionaban aún frente a las boleterías- y con su nerviosismo habitual -cigarro en mano- se preocupaba de que no me perdiera, mientras mis hermanos conseguían las entradas. Por alguna extraña razón, como si hubiesen sido empujados por la gente, mis hermanos pasaron por el primer control de &lt;i&gt;tickets&lt;/i&gt;, ganándose un gran reto, ya que tuvieron que pasarnos los otros boletos por entre medio de las rejas. Así fue como en mitad de esa adrenalina próxima al comienzo de todo evento, nos dirigimos a paso firme hasta la galería sur, en el pedazo de pizza destinado a la parcialidad azul.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;El día que mi padre me llevó al estadio a ver a la U la primera visión fue de impacto. Subir las escaleras a paso firme y desembocar en una de las tantas puertas y encontrarse con ochenta mil personas de un solo golpe es algo que un niño de nueve años no olvida jamás. Pero esa sensación rápidamente se traspasó a una dominada por el sentirse superado en número. Ver todas esas banderas blancas ocupando al menos el 75% del estadio, incluida gran parte de la galería sur, desde el Tablero Marcador hasta la Marquesina, no dejó de ser un hecho que me hizo ver que mi equipo, si bien sabía era importante en calidad y en seguidores, no dejaba de ser uno más del montón comparado con ese tremendo respaldo popular del cual gozaba Colo Colo. Hoy, milagrosamente (en un proceso que se empezó a dar rápidamente a fines de los ochenta y comienzos de los noventa), esa brecha se ha disminuido y hasta dado vuelta: la U es, desde hace años, el equipo que lleva más gente a las canchas, bordeando, en promedio, las veinte mil personas por cada partido de local.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que mi padre me llevó al estadio a ver a la U el clima era agradable, aún no hacía frío y la ciudad se veía linda desde arriba. Ese día, también, como toda primera vez, se caracterizará por siempre por ser uno sobre el cual se tienen determinados y absurdos recuerdos, afines a la mente de un niño. Veamos. Ganó Colo Colo 2x1 y el segundo gol lo hizo Carlos Caszely. Mi padre reclamó airadamente &lt;em&gt;offside&lt;/em&gt;, pero el árbitro no lo escuchó. A mí también me pareció, pero aún así mi equipo se veía superado en la cancha y creía que perderíamos igual asumiendo, sin saber por qué, un pesimismo que continuaría por años. Y así fue. La U perdió como tantas veces en esos años. Pero había un partido de fondo. Un amistoso. Jugaban Chile y Perú. Entre otros, con Patricio Yáñez y Teófilo Cubillos en cancha. En el papel, condimentaba con palabras mayúsculas la jornada doble programada para ese día otoñal. Pero el partido había perdido todo interés para la parcialidad azul, entristecida y rumiante aún por la forma en que se perdió, lo que hizo que algunos comenzaran a armar barullo. Nosotros estábamos sentados bien arriba y un tipo que estaba al lado nuestro tiró una manzana o algo así para abajo, a la altura de donde se ponía el Chuncho Martínez y el grupo que organizaba la Barra Oficial, y el sujeto al que le llegó no hizo mejor cosa que subir y pegarle un tremendo combazo al tipo que estaba justo al lado nuestro. Asustados, toda esa fila terminó siendo violentada también, porque el sujeto que recibió el golpe no se quedó con chicas y respondió, generando movimientos bruscos y espaldarazo de por medio de uno de los combatientes contra mi pequeña espalda pasada a llevar. Algo así como un pancorazo, pero de espalda grande contra espalda chica. Mi padre ya había refunfuñado bastante y nos dijo que ya era hora de irse. De hecho, mucha gente se había ido apenas terminado el primer partido y, poco a poco, durante todo el segundo encuentro. Pero creo haber sido yo el que le rogó que nos quedáramos un poco más. Para mal. Ya que a los pocos minutos de esta gresca, comenzó una tímida lluvia de proyectiles de arriba a abajo y viceversa que hizo que la situación se hiciera rápidamente insostenible. Desde todos los tipos de frutas de la estación hasta sandwiches y envases de yogurt. El partido de la Roja, hace rato, había pasado a segundo plano. En esas circunstancias, fue natural que alguno de esos ridículos proyectiles poco contundentes llegara hasta nuestro entorno inmediato. Y así fue. A mi padre le llegó un pedazo de papa en la pelada y a mí una bolsa chica cuyo contenido es indescriptible y que siempre expliqué de una sola forma: como a las pocas semanas se desencadenó en mi escuela una plaga de piojos y liendres y fuimos unos ocho los que tuvimos que usar Lindano, para mí, estaba seguro, aquel proyectil que cayó suave sobre mi pelo no fue otra cosa que una bolsa de piojos. Entonces mi padre dijo basta. Cigarro en mano, irritado, exclamó: "Chicos, nos vamos. No vuelvo nunca más al estadio". Y nunca más volvió.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día que mi padre me llevó al estadio a ver la U fue la única y última vez que fui con mi padre. Once años después, cuando los azules llegaron a semifinales de Copa Libertadores contra River Plate estuve una semana tratándolo de convencer de que volviera a las canchas. Pero no quiso. Un no era un no y ya no había nada más que hacer. Había sido testigo del Ballet Azul, de los difíciles años '70 y '80 y ya parecía suficiente. Mi padre era hombre de palabra. Hace unos días llevé a mi hijo al estadio a ver a la U por primera vez. No lo va a recordar, porque es muy pequeño, pero estaré yo para refrescarle la memoria. Además, estoy seguro de que volveremos varias veces en el futuro. Es algo demasiado importante como para que ocurra solo una vez. Solo así, cuando tenga voz, podrá construir su propio relato de la primera vez que su padre lo llevó a ver a la U.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-2896788918921870320?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/2896788918921870320/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/05/el-dia-que-mi-padre-me-llevo-al-estadio.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2896788918921870320'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2896788918921870320'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/05/el-dia-que-mi-padre-me-llevo-al-estadio.html' title='El día que mi padre me llevó al estadio a ver a la U'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-m9j-WjyXMo8/TeWLP5LSimI/AAAAAAAAAcA/a-vVn4-N7Q0/s72-c/Chunchito.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-6835197130753364886</id><published>2011-03-11T11:32:00.005-03:00</published><updated>2011-03-11T13:13:11.701-03:00</updated><title type='text'>El Parque San Borja de cinco a siete</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-rOb3_4MFEf4/TXpHbKkAkYI/AAAAAAAAAbk/G-peeJkEh6k/s1600/lechienleparadise.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-rOb3_4MFEf4/TXpHbKkAkYI/AAAAAAAAAbk/G-peeJkEh6k/s400/lechienleparadise.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5582853220096577922" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;El parque San Borja siempre tuvo un aire de misterio para los niños que vivíamos cerca de sus fronteras. Para empezar, se trataba de un barrio distinto al nuestro. Para nosotros, resultaba más natural la cercanía del Parque Bustamante para descargar allí las horas somnolientas de la tarde, ir a cazar alguna mariposa, mover una pelota o simplemente divertirse conjuntamente con el chirrido del columpio en magnífico movimiento. Las amenazas de nuestra abuelita, además, tenían un efecto disuasivo. Con la rigurosidad de quien tiene años de experiencia -el rictus severo y la voz firme- nos solía recalcar cada cierto tiempo que no le gustaban los niños callejeros, porque revelaban despreocupación por parte de la familia, porque un niño solo sin su padre o su madre era un niño abandonado, porque se aprendían malas costumbres y porque en esos lugares había gente mala que le podía hacer daño a uno. "Gente de mal vivir", solía recalcar, para referirse a todos, sin excepción, trabajadores, estudiantes, dueñas de casa, vagabundos y aquellos que pasaban sus horas de ocio tirados en el pasto.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando pequeños, habrá sido unas cinco a diez veces las ocasiones que entramos a este parque cerrado por una lindas rejas metálicas, especialmente para ir a patinar, porque la losa de la pista era algo más suave que de la del Bustamante. Los otros niños que jugaban allí nos parecían seres lejanos, con costumbres difíciles de comprender y que, sin embargo, se veían relucientes en medio de su vagabundeo. Como si sus vidas ocultaran algo más completo que las que teníamos nosotros, algo más desfachatada, algo más natural. En una ocasión, fuimos los tres solos: mi hermana mayor, mi hermano chico y yo. Mi hermana hablaba con otras personas, chicos de su edad, y eso nos asustaba. Creíamos que la podrían raptar y como protagonistas de algún cuento infantil, temíamos por no saber volver a casa. Pero pronto disipamos el temor cuando mi hermana desechaba a sus pretendientes y se encontraba con una amiga, con la que pasaría un rato largo. Nosotros, en cambio, los hombres, éramos torpes con los patines y nunca, verdaderamente, lo llegamos a disfrutar. Es más, es probable que lo hayamos considerado más bien una diversión femenina que masculina, por lo que prontamente nos rendíamos y nos íbamos a sentar a alguna parte de la larga banca circular que rodeaba la pista, con el pretexto de que se nos había doblado un tobillo o nos habíamos hecho una herida en alguna rodilla. Aprovechábamos ese rato para descansar un poco comiendo un pan con mortadela y bebiendo algún beneficioso líquido, cuando ya comenzaba a caer la tarde y era prudente volver a casa, cumplir con los horarios dispuestos para así poder volver a salir otro día más allá de los linderos de nuestro barrio.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Después de años sin visitarlo, fue más común pasar por el Parque San Borja siendo ya adolescente, cursando la educación media. Casi nunca para quedarse ahí, sino que como camino obligado cuando mi hermano, estudiante de arquitectura, me pedía que le fuera a comprar algún artículo necesario para sus maquetas a la librería especializada situada en una de las torres frente a la facultad de la Chile o cuando debía ir al centro de la ciudad donde el dentista Emir Egaña, a su consulta del pasaje Cousiño, para que me arreglara alguno de los pozos que habían hecho las caries a ambos lados de la mandíbula. El dentista -amigo de mi padre- solía regalarnos, ya que atendía a toda la familia, ejemplares de las revistas institucionales del Club Deportivo Universidad de Chile, uno de mis primeros tesoros futboleros, pero todo terminó abruptamente cuando a principios de los noventa el avión peruano en que viajaba cayó al agua, matando con ello a una veintena de chilenos, entre ellos también, a su esposa y a la poeta Bárbara Délano. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esas caminatas solían ser en la tarde, después de la extensa jornada escolar que finalizaba a las 16:20, cuando llegaba a casa y había que hacer algo de tiempo con cualquier cosa antes de ponerse a estudiar. Eran caminatas agradables que significaba disfrutar de la caída de la tarde, especialmente en otoño, con el viento que arrastraba las hojas amarillas, observar el movimiento de la gente que salía del trabajo y se dirigía a sus casas, de las parejas que se juntaban en una banca a comer y conversar, de los estudiantes universitarios que por entonces me parecían tremendamente grandes, casi adultos, con sus risas, sus ropas sueltas, la música que escuchaban y una alegría generalizada que yo catalogaba de "universitaria" en contraste con el espíritu monacal que reinaba en el colegio donde estudiaba.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El Parque San Borja de cinco a siete, con esa luz única del ocaso en cada parque, con el runruneo de las voces de los niños, con las sombras profundas de sus árboles, con las vidas imaginadas en cada uno de los departamentos de sus más de diez torres, atravesado a pie firme con un cartón corrugado bajo el brazo y con el contraste térmico agradable que producía la bajada de la temperatura conjugada con el calor del caminar y que se colaba entre la camisa y el polerón escolar como masaje de miel, era el momento de una paz y un descanso únicos entre un encierro y otro. Entre la escuela y la casa. Era el momento en que el mundo se abría y se mostraba para decirme que afuera de todo muro, por sobre los libros de estudio, la familia, el fútbol y los amigos, habían historias que comenzar y llenar, escenarios para dibujar y cientos de conversaciones pendientes sobre la realidad. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Si el paso de la infancia a la adolescencia tuviera un lugar, este sería el Parque San Borja, lo mismo que el Parque Lezama para Martín, el joven de &lt;i&gt;Sobre héroes y tumbas&lt;/i&gt;. Un lugar protegido y abierto a la vez, concurrido y solitario, laberíntico, arrebolado, desigual y tremendamente evocador de las vicisitudes de una conciencia en tránsito. El Parque San Borja como lugar de indefinición y reflexión, inseguridad y temor, volatilidad y placer sensorial. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-6835197130753364886?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/6835197130753364886/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/03/el-parque-san-borja-de-cinco-siete.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6835197130753364886'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6835197130753364886'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/03/el-parque-san-borja-de-cinco-siete.html' title='El Parque San Borja de cinco a siete'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-rOb3_4MFEf4/TXpHbKkAkYI/AAAAAAAAAbk/G-peeJkEh6k/s72-c/lechienleparadise.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-5300326956776216715</id><published>2011-03-07T12:31:00.004-03:00</published><updated>2011-03-07T13:31:23.179-03:00</updated><title type='text'>El coleccionista de datos inútiles</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/-6ylf8JB8eo8/TXUIBtKjzeI/AAAAAAAAAbc/FgL5r5IXOyo/s1600/archivos.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 267px;" src="http://1.bp.blogspot.com/-6ylf8JB8eo8/TXUIBtKjzeI/AAAAAAAAAbc/FgL5r5IXOyo/s400/archivos.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5581376138592374242" /&gt;&lt;/a&gt;Tengo listas para regalar. De los bares que he visitado. De los libros que he leído. De las películas que he disfrutado. Y otras tantas que no me atrevo a revelar. En ocasiones, las conversaciones que más disfruto son aquellas en que se comparten este tipo de listas. Alguna fascinante salivación se activa y la conversación agarra una espiral única, irrepetible, solo dada en contadas ocasiones con algún par. No me atrevo a calificar las listas de otros, pero algunas son más enfermas que las mías. De eso creo estar seguro. Por lo pronto, de todas estas listas inútiles, las que más me gustan son aquellas que tienen menos sentido, aquellas que reúnen más datos evanescentes: en lo que concierne a mi persona, todos los partidos que vi alguna vez en un estadio y todos los jugadores que pisaron la cancha las veces que contaron con mi presencia en las tribunas. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De la primera lista, puedo asegurar que son 577 los partidos que he disfrutado en vivo y en directo, como tanto gusta señalar a mis queridos comentaristas deportivos. De primera, segunda y tercera división. Con la fecha, la hora, el público y la recaudación. El acompañante, las alineaciones, las amarillas, las rojas y, por supuesto, los nombres de quienes inflaron las redes aquella tarde gloriosa o esa agradable noche de verano. De la segunda lista, se desprende que son miles los jugadores vistos, desde los más grandes para la historia y los hinchas hasta los más modestos y anónimos. Separados por puesto, nacionalidad y camiseta defendida. Tantas veces por un club, otras cuantas por este otro. Es cierto, se trata de algo parecido a la definición de absurdo, sé que no tiene ningún sentido, pero el placer que me provoca estar sumido en estas tareas es único y no dependo de nadie. Es un verdadero placer solitario, similar al del niño que juegas horas a escondidas del mundo exterior, absorto, concentrado, con todas las horas del día libres y dispuestas solo para él. Y es cierto también que son pocos, muy pocos, los afortunados de presenciar tamaño tesoro. Como si su secretismo fuera también parte del juego placentero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El origen de tamaña obsesión es difícil de precisar. Germinó junto con la conciencia del adolescente que comienza a descubrir el mundo y está ávido de aprehender todo con vivaz pasión, casi con un afán enciclopedista &lt;i&gt;sui generis&lt;/i&gt;, pero a sabiendas de que se trataba de algo mucho más que eso. Y aquello que comenzó como un simple &lt;i&gt;hobby&lt;/i&gt; pronto pasó a ser una obsesión, una tarea que nunca se ha permitido dejar de lado. Reconozco que muchas veces intenté hacerlo. Pero la culpa es lo primero que nace. ¿Qué le voy a entregar a mis hijos aparte de una menuda biblioteca, algunos haberes y, si el destino me sonríe, alguna propiedad? ¿Por qué no también dejar para la posteridad algún bien simbólico, por más inútil que sea? Estoy seguro&lt;/div&gt;&lt;div&gt;que las próximas generaciones sabrán apreciar estas horas de dedicación. Son para mí, pero también será para ellos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Reconozco también que hace veinte años habré empezado con unas cinco listas. Luego, estas se habrán incrementado a unas diez y que hoy, ya algo más maduro, apenas son dos o tres las que me atrevo a sostener. Es que el peso del coleccionista inútil, del clasificador obsesivo y del que tiene alma de biliotecólogo, escribano o aplicado funcionario de oficinas atiborradas de archivadores, a veces se vuelve insostenible y, aunque dan ganas de dejarlo todo de una buena vez (porque, digamos las cosas como son, permítanme ser algo procaz, ustedes cambian las palabras si quieren: chitas que es ridícula la cuestión), suele primar una absurda sensatez que te dice: por qué, para qué botar veinte años de paciente trabajo, de esmerado buscador del dato faltante y de emocionado reducidor de información. Para qué dejar de lado algo tan fascinante para el verdadero futbolero como la síntesis escrita en sus estadísticas de pedazos de vida acontecidos en noventa minutos de juego.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tal vez esto último sea lo verdaderamente importante. He perdido tantas horas de mi vida en un bar, un estadio o un libro, que la necesidad de cristalizar ese tiempo es una medida desesperada por capturarlo de modo tal que la memoria no falle. Como una fotografía, pero de letras y números. Porque la memoria es traicionera, es inestable y caprichosa, y hay que luchar contra ella como se lucha contra la muerte: de todas las formas posibles y una de esas es con pedazitos de vida archivados en una hoja.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-5300326956776216715?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/5300326956776216715/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/03/el-coleccionista-de-datos-inutiles.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5300326956776216715'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5300326956776216715'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/03/el-coleccionista-de-datos-inutiles.html' title='El coleccionista de datos inútiles'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/-6ylf8JB8eo8/TXUIBtKjzeI/AAAAAAAAAbc/FgL5r5IXOyo/s72-c/archivos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-284894473505809530</id><published>2011-01-19T16:17:00.006-03:00</published><updated>2011-01-20T12:12:53.919-03:00</updated><title type='text'>El gran lector</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TThQHlqn4PI/AAAAAAAAAbQ/k-I7qfegeRg/s1600/Picture1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 254px; height: 320px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TThQHlqn4PI/AAAAAAAAAbQ/k-I7qfegeRg/s320/Picture1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5564285430916440306" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Estas palabras tienen que ver con la valiosa biblioteca heredada de mi padre y madre, pero por sobre todo, por la herencia del hábito lector, esa cosa rara difícil de entender, difícil de explicar, tan poco atractivo para más de la mitad de los chilenos, según algunas recientes encuestas de opinión.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Me hice un lector voraz tardíamente, rondando los deiciseis años, cuando los excelentes profesores que me tocó tener me hicieron leer "por obligación" algunos libros de historia, de filosofía y, en especial, la mejor producción de la novela de posguerra, lo que hizo que descubriera con pasión la escritura de escritores como Herman Hesse, Ernesto Sabato y Albert Camus, entre otros. Por años pensé que ese había sido el comienzo de un recorrido sin fin de cientos de libros leídos en la torre incendiada, al amparo de la soledad, la quietud y el ánimo fervoroso de estar descubriendo el mundo. Pero debo enmendar el rumbo y señalar que la historia comenzó antes, bastante antes, de manera imprecisa. Tal vez, en los albores de las mañanas agitadas que configuraban la partida hacia el establecimiento escolar, cuando hojeaba con avidez el periódico que tempranamente esperaba a la puerta de la casa. O en medio de esas tardes muertas cuando, aburrido y sin mucho afán, me dirigía a la "pieza de los cachureos" y revisaba con esmerada atención algunas de las revistas viejas que mi padre acumulaba, sin botarlas tan rápidamente a la basura.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una y otra acción son el mismo asunto, pero con diferentes matices. Mi padre era un ávido de información. Escuchaba las tres ediciones noticiosas de Radio Cooperativa del día: a las 7:00 AM, a las 13:00 PM y a las 19:00 PM. Luego, veía y escuchaba con atención el noticiero televisivo de las 21 horas. No conforme con tal empacho informativo, estaba suscrito a dos diarios: &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;La Época&lt;/em&gt;, y de lunes a viernes volvía del trabajo con &lt;em&gt;La Segunda&lt;/em&gt;, mientras los sábados y domingos complementaba todo con el diario &lt;em&gt;La Tercera&lt;/em&gt;. Esto, en cuanto a diarios, porque cuento aparte son las revistas. En la década de los ochenta compraba semanalmente de a dos y de a tres: &lt;em&gt;Cauce&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Hoy&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Análisis&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Apsi, &lt;/em&gt;algunas de ellas incluso antes de que fueran censuradas por el Régimen y sacadas de los kioscos. Y en la década de los noventa, los sobrevivientes: &lt;em&gt;Apsi &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;Análisis&lt;/em&gt;, y eventualmente una que otra &lt;em&gt;Qué pasa&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;Ercilla, &lt;/em&gt;para tener también las visiones "del otro lado".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando a veces me preguntan cuáles fueron mis lecturas iniciales, aquellas que marcaron mi niñez y juventud, siempre respondo lo mismo: los diarios y revistas que compraba mi padre. Gracias a ellos -que se mantenían muy bien conservadas en la bien llamada "pieza de cachureos", un cuarto oscuro, lleno de arañas, baúles misteriosos, herramientas y todo tipo de objetos en desuso-, gracias a ellos, digo, supe desde siempre la realidad amarga de nuestro país, el miedo, la mentira y el dolor, la trágica historia que me había tocado vivir en mi niñez y que ensombreció la de toda mi generación, acostumbrados a jugar entre fantasmas, entre palabras calladas, entre las tensiones de adultos preocupados. Gracias a esas revistas, conocí a los periodistas valientes que escribían con humanidad algunos de los crímenes más atroces que ni la mente de un niño podía imaginar que podían suceder algunas pocas calles más allá de tu casa. Todos esos reportajes y relatos quedaron signados para siempre en la memoria y se completaban con las voces que provenían de la radio, para configurar mi propia historia personal de mi país gris y entristecido, signado por el escalofrío violento de la muerte.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Entre medio de esas revistas, habían, por cierto muchas otras más: una para nada despreciable colección de &lt;em&gt;Mampato&lt;/em&gt;, algunas &lt;em&gt;Barrabases,&lt;/em&gt; algunas de historietas como &lt;em&gt;Dr. Mortis, Batman y Superman,&lt;/em&gt; y unas cuantas &lt;em&gt;Estadio&lt;/em&gt;, la mayoría destinadas a lectoría de mis hermanos mayores.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y en un librero que cubría toda una pared, en esa parte de la casa que llamábamos "el comedor de diario", estaban todas las enciclopedias que mi padre compraba semanalmente en kioscos: la &lt;i&gt;Monitor&lt;/i&gt;, la del &lt;i&gt;Estudiante&lt;/i&gt;, la de los &lt;i&gt;Pueblos de la Tierra&lt;/i&gt;, la &lt;i&gt;Enciclopedia Visual&lt;/i&gt;, entre otros, junto a los libros de literatura chilena y española que nos había regalado, "para nuestros estudios", una tía lejana que venía de la isla de Chiloé y que había estudiado en el Instituto Pedagógico junto a Pablo Neruda. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Esas fueron mis primeras lecturas, las que nunca se hubieran podido materializar sin la ayuda del gran lector, ese padre que tanto nos enseñó de maneras tan poco convencionales. Cuando le preguntábamos por el significado de una palabra, solo respondía: "Diccionario", invitándonos a averiguar por nosotros mismos los placenteros caminos del conocimiento. Y cuando le preguntábamos por detalles de algún acontecimiento reciente, nos replicaba con "lea los diarios, escuche las noticias, infórmese". Así aprendimos a descubrir por nosotros mismos la realidad, picados de curiosidad, ansiosos de conocer el funcionamiento del mundo. Método didáctico por descubrimiento, que nos reveló que los mejores aprendizajes son, siempre, aquellos que están guiados por la motivación profunda de conocer a partir de los más recónditos intereses.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-284894473505809530?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/284894473505809530/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/01/el-gran-lector.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/284894473505809530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/284894473505809530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/01/el-gran-lector.html' title='El gran lector'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TThQHlqn4PI/AAAAAAAAAbQ/k-I7qfegeRg/s72-c/Picture1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-5888014175006839900</id><published>2011-01-19T11:42:00.003-03:00</published><updated>2011-01-19T12:05:54.376-03:00</updated><title type='text'>Esos juguetes olvidados</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TTb9OYy8NWI/AAAAAAAAAbA/TocqCEFdo_A/s1600/untitled.bmp"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 160px; DISPLAY: block; HEIGHT: 160px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5563912813278934370" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TTb9OYy8NWI/AAAAAAAAAbA/TocqCEFdo_A/s400/untitled.bmp" /&gt;&lt;/a&gt;Es cierto que hablar a veces de infancia implica un cierto grado de nostalgia. Pero no es este sentimiento -que, como dice Tolstoi, tal vez tenga relación con aquello que jamás ha verdaderamente sucedido- el que convocamos acá para escribir estas palabras. Queremos hablar de nuestras infancia elusivas y fantasmales, aquellas que apenas se dejan ver y que son imposibles de recrear, en relación a un libro que anda circulando por aquí -así como también en Argentina otro de características similares (ver &lt;em&gt;Revista Ñ&lt;/em&gt;)- y que habla de la historia de la industria nacional de juguetes durante cien años, que son casi los mismos de su existencia.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El autor es un joven artista plástico e investigador, Juan Antonio Santis, quien asimismo es creador de los propios juguetes de su hijo pequeño. Gracias a su hermosa tarea de coleccionista y busquilla, tenemos frente a nuestros ojos el magnífico libro &lt;em&gt;Juguetes. 100 años de fabricación chilena&lt;/em&gt;, editado por OchoLibros, casa editorial que se ha estado destacando por la edición de excelentes libros en torno a la memoria social y cultural, la historia y la gráfica, con un muy prólogo de Jorge Rojas, el autor de la monumental &lt;em&gt;Historia de la infancia en el Chile republicano. 1810-2010&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Existe una corriente incipiente en nuestro país que está estudiando la infancia. No sabemos ciertamente las razones plenas. Factores culturales demasiado fuertes deben estar orientando ciertas búsquedas. En el caso concreto de la literatura, como dice una estudiosa de habla inglesa, Rosemary Lloyd, la presencia de niños en la ficción se debe a una correlación directa con la alienación tangente a una sociedad que rápidamente se está modernizando. Creemos que hacer extensivo esta idea a otras disciplinas -el arte, la historia, el cine, entre otras- no es descabellado. La infancia es tema hoy en nuestro país, un país que rápidamente cambia y se desarrolla, que rápidamente gira hacia futuros desconocidos, entre otras razones, por el aire incierto que lo ensombrece.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Libros como este, instancias como estas, ayudan a poner un cierto freno y a visibilizar la liquidez de la vida moderna en torno a nuestra memoria inmediata, nuestro pasado real y afectivo. Los juguetes de fabricación chilena expuestos y comentados en esta publicación son los mismos que acompañaron nuestra infancia. Ellos nos restituyen en algo, apenas una parte, de ese tiempo lejano y que forma nuestra fantasmal memoria. En cierto modo, está bien. Se lo agradecemos. Lo mismo que su intención de formar el Museo del Juguete Chileno. Porque a veces la vida precaria que vivimos día a día, tan sobrecargada de intercambios monetarios, obligaciones y fatigosas tareas absurdas, adquieren otro cariz, se olvidan, cuando nos miramos a un espejo y encontramos en la imagen que se nos devuelve, algo de ese niño que fuimos, somos y seremos siendo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-5888014175006839900?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/5888014175006839900/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/01/esos-juguetes-olvidados.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5888014175006839900'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5888014175006839900'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2011/01/esos-juguetes-olvidados.html' title='Esos juguetes olvidados'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TTb9OYy8NWI/AAAAAAAAAbA/TocqCEFdo_A/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-1533837226389270691</id><published>2010-12-26T21:30:00.003-03:00</published><updated>2010-12-26T22:27:17.795-03:00</updated><title type='text'>El damasco</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TRfrYNwBvsI/AAAAAAAAAak/GF4wNX80idM/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 227px; height: 164px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TRfrYNwBvsI/AAAAAAAAAak/GF4wNX80idM/s400/images.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5555167466625285826" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;En la casa donde viví 25 años habían dos damascos. Pero siempre fueron uno. Hablábamos de ellos como si fueran uno solo. Uno era más grueso y el otro más angosto, apenas separados por unos pocos centímetros y en lo alto confundían sus ramas viejas con las nuevas, como si fueran la misma cosa. Muchas veces, acostado sobre la hamaca que colgábamos desde uno de ellos, me imaginaba que uno era la madre y el otro su pequeño hijo, y que iban a estar juntos para siempre, que nunca nadie los separaría. No se sabe quién los plantó, pero seguro que llevan más de cincuenta años allí.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Su presencia marcaba las temporadas. Al final del otoño, cuando ya no quedaban hojas, había que podarlo. Con las tijeras adecuadas, llenábamos el patio de ramitas, las que luego servían para azuzar la chimenea. Además, el viejo árbol parecía tener cada vez más una leve inclinación, lo que lo transformaba en una inminente amenaza para el sector de la galería, llena de vidrios, amenaza que nunca se concretaría. Varias veces vi a mis hermanos mayores con un serrucho tratando de cortar aquella rama más imprudente que, obstinada, se acercaba más y más a la leve pared del pasillo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En invierno, las ramas peladas se movían con el viento y hacían crujir el techo de zinc como un viejo ogro que nos sacaría de nuestras pequeñas camitas. En esta época, además, desde el segundo piso de la casa descubríamos la vida privada de los vecinos de atrás como una novedad extraña, escuchábamos los juegos de otros niños que no conocíamos, veíamos las sombras de los adultos en las ventanas y ya siendo grande, recuerdo haber conversado más de alguna vez de ventana a ventana, segundo piso con segundo piso, separados por veinte o treinta metros, con un amigo que había arrendado en una de esas casas misteriosas que pensaba nunca llegaría a conocer. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En primavera era agradable el aroma de la flor del damasco y el verde limpio de las hojas, nuevas como un niño recién bañado. La incipiente sombra que comenzaba a dar ayudaba a prolongar un poco más las pichangas uno a uno que hacíamos con mi hermano mayor. Y sus verde presencia nos anunciaba y preparaba para la ardua tarea de los meses siguientes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El verano, de este modo, constituía el periodo en que debíamos trajinarlo, la época del ritual. Año por medio, generalmente, la cosecha era abundante. Habían tantos que había que regar y limpiar el patio a diario para sacar todos aquellos damascos demasiado maduros que caían por su propio peso o picoteados por los pájaros. Nos subíamos al techo a partir de diciembre a cosechar su generosa ofrenda y ya en enero estábamos hartos de comer tantos, de manera que era costumbre hacer mermelada, la que era comida recién durante el invierno, una vez que habíamos olvidado su dulce sabor. El rito consistía en subirse al techo periódicamente a llenar envases, pero había veces en que el asunto se desbordaba, todos los damascos estaban preparados para la mano ajena que los sacaría de su quieto suspenso, lo que nos obligaba a pasar tardes enteras, tratando de capear el fuerte calor del estío santiaguino, llenando y llenando tiestos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ante tanta generosidad de nuestro querido damasco, era costumbre que visita que llegaba, se iba con una bolsa repleta. Ya sea los primos que vivían dos casas más allá. El tío marinero que venía de Coquimbo. Nuestra vecina rusa y su esposo espía -según el rumor de barrio- de la KGB. Los vecinos del frente. Los amigos. Otros parientes lejanos. Todos, alguna vez, sintieron el gozo de la pulpa del damasco deshaciéndose en la boca. Mi abuelita, por último, para terminar de sacar provecho, juntaba un montón de cuescos y hacía un licor único que, alguna vez, siendo más grande, tuve la dicha de probar por única vez, como un elixir destinado a unos solos pocos. La receta de su alquimia -junto con la del licor de oro- la perdimos para siempre los días en que su memoria nos empezó a dejar, enteramente vestida de luto.  &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sé, de primera fuente, que ese damasco sigue siendo un padre generoso dispuesto a repartir sus frutos a los comensales que se arrimen a su sombra. Ojalá que otros sigan disfrutando de su largo brazo, siempre abierto, siempre acogedor.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-1533837226389270691?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/1533837226389270691/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/12/el-damasco.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1533837226389270691'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1533837226389270691'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/12/el-damasco.html' title='El damasco'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TRfrYNwBvsI/AAAAAAAAAak/GF4wNX80idM/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-3238360385006224843</id><published>2010-12-10T12:41:00.003-03:00</published><updated>2010-12-10T13:55:54.869-03:00</updated><title type='text'>La feria de San Camilo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TQJaQ8RsWZI/AAAAAAAAAaQ/Z4O_7gHTjOM/s1600/17.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TQJaQ8RsWZI/AAAAAAAAAaQ/Z4O_7gHTjOM/s400/17.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5549096937978616210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Foto: Cité de calle San Camilo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;Fuente: &lt;/span&gt;&lt;a href="http://urbatorium.blogspot.com/2009/01/barrio-san-camilo-la-santa-y-perversa.html"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" &gt;http://urbatorium.blogspot.com/2009/01/barrio-san-camilo-la-santa-y-perversa.html&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;Los viernes eran día de feria. Cruzando uno de nuestros límites barriales, Vicuña Mackenna, siguiendo por Jofré, llegábamos hasta San Camilo, a una cuadra de Portugal, viejo barrio de dos vidas: tranquilo y apacible de día, oscuro y prostibulario de noche. Los martes y viernes por la mañana se cerraba la calle desde Jofré hasta Argomedo, más o menos, y nosotros nos dejábamos caer al fin de la semana para tener fruta y verdura fresca los días en que la casa estaba más llena y había más movimiento, es decir, para los sábados y domingos.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al principio la encargada era la Carmenchu, quien carrito en mano y alegría característica recorría las tres o cuatro cuadras en busca de sus caseros. La Carmenchu trabajó en nuestra casa varios años. Con aproximadamente treinta años de edad, paciente, esmerada, alegre y dinámica, pero con un genio algo áspero, sin pelos en la lengua, debía lidiar con seis genuinos representantes del género masculino de diferentes edades, cada uno con su propia particularidad, desordenados o sucios, mañosos o regalones, poco despiertos o demasiado avispados, aunque siempre respetuosos. Mi hermana, en cierto modo, era su aliada. Al ser las únicas mujeres de la casa, se reconocían y se llevaban bien. Algunos de nosotros, en cambio, en plena etapa de maduración, insoportables, atontados, a veces la hacíamos rabiar y nos enojábamos con ella, sobre todo cuando nos hacía salir de la cama no más allá de las diez de la mañana los sábados o feriados. Repentinamente, la Carmenchu, quien por su cuenta además se ganaba sus buenas lucas cortando el pelo en su casa, se hizo evangélica y de un día para otro la casa se llenó de discursos sobre la gloria del Señor y la Radio Armonía pasaba encendida desde que llegaba en la mañana hasta que se iba en la tarde, a todo volumen, gritándonos, cada cierto tiempo, la característica alarma de "Mi-la-gro, mi-la-gro". &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces, a menudo, la acompañábamos la Luz María y yo, que no siempre estábamos en casa a esa hora. Después que la Carmen se fue, llegó otra Carmen, pera esta Carmen era distinta. Era menos vital, más bien cómoda y apenas movía un pelo, porque decía que tenía artritis en las manos. En resumen, era rejodida la señora, más interesada en sus plantas dientes de león que en el aseo de la casa. Por lo tanto, comenzó a ir la Luz María sola para encontrarse con los mismos caseros de siempre, algunos de los cuales no dejaban nunca de piropearle mientras ella les pedía un kilo de naranjas y otro de papas. A veces, íbamos los dos o con Gonzalo, o yo solo, o con Felipe, dependiendo de las circunstancias y disponibilidades, al estar todos trabajando o estudiando. Da igual, el asunto es que siempre debía haber alguien dispuesto a ir. Y casi nunca fallábamos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La Feria de San Camilo lleva décadas de existencia y parece siempre la misma, ahora que han pasado los años, cada uno ha hecho su propia vida y la vieja casa familiar y el viejo barrio son apenas estaciones de paso. Llego un viernes cualquiera buscando humitas para darle a mi hermana que está de visita y me encuentro con los viejos caseros de siempre, diez años después. Ahí está el señor que vende huevos, siempre de buen humor, fresco, amable, cariñoso. Los viejos que se echan talla unos con otros. El señor del kiosko que vende revistas y libros escolares usados. El de las papas, el de las paltas, la señora de las lechugas. Todos personajes de su propio rincón, con apenas nombre conocido. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero también me encuentro con algunas sorpresas. Antiguamente, la feria de San Camilo era solamente de frutas, verduras, pescados y mariscos. Pero ahora, como en otras ferias libres de otros sectores de Santiago, hay ramificaciones incipientes, tímidas, de coleros que con un tapete se ponen a vender cualquier cosa. Por ahí aparecen algunos inmigrantes ofreciendo cosas de cocina, otros venden ropa y más allá se ve a un compadre que vende objetos reducidos, como una silla de bebé para auto, impecable, de marca, la cual ofrece a tan solo cuatro lucas. Por otra parte, los edificios nuevos también han cambiado la fisonomía de la feria. Ya no están los cités donde vivían las prostitutas y travestis, ni los oscuros bares donde los feriantes, amigos o vagabundos desayunaban su buena copa de vino. Todo ha sido reemplazado por altísimos edificios nuevos, que se ven elegantes, y que ahora dan una sombra constante a la estrecha calle. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Llevando a un niño en coche que reclama por su comida, porque ya se acerca su hora de comer, espero por la señora de las humitas que no llega. Un casero me dice que viene de Melipilla, por lo que el pique es largo y se demora. Otro más allá me dice que no le compre a la Teña, porque los choclos todavía están muy nuevos y me voy a enfermar, que mejor espere a su señora que como en dos semanas más va a comenzar traer sus propias humitas para vender. Se hace tarde y debo partir. Cuando vuelva, me digo, aparte de llevar cosas para comer, no puedo dejar de pasar por el Juan Ramsay, el club social de antiguos deportistas, un poquito más allá, a una cuadra por la misma San Camilo -rebautizada como Fray Camilo Henríquez como parte de la estrategia de blanqueamiento que incluye casetas de seguridad en ciertas esquinas- para volver a ver sus vitrinas, las copas, los posters y la réplica de la estructura de madera que saltó el caballo Huaso con su jinete Alberto Larraguibel para batir el récord de salto ecuestre en 1949, aún vigente. Y buscar el 2M2, el viejo bar, para tomarse por ahí una cerveza y ayudar a refrescar la memoria. Y sentarse en alguno de los escalones de las casas pareadas de Marín a tomar la sombra fresca, antes que desaparezcan por el arrastre de los altaneros edificios.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-3238360385006224843?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/3238360385006224843/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/12/la-feria-de-san-camilo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3238360385006224843'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3238360385006224843'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/12/la-feria-de-san-camilo.html' title='La feria de San Camilo'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TQJaQ8RsWZI/AAAAAAAAAaQ/Z4O_7gHTjOM/s72-c/17.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-605289001559088457</id><published>2010-11-17T21:22:00.003-03:00</published><updated>2010-11-17T23:50:53.198-03:00</updated><title type='text'>La última lección</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TOSL1IrOqrI/AAAAAAAAAaI/RgFntrNZIIg/s1600/FOTO_8120101115172656.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TOSL1IrOqrI/AAAAAAAAAaI/RgFntrNZIIg/s400/FOTO_8120101115172656.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5540707186550680242" /&gt;&lt;/a&gt;El fútbol chileno se vuelve a vestir de luto. Como tantas veces. Pero esta vez, todo de manera distinta. Celebrando los 100 años de la Selección Nacional, con un Monumental repleto de público, con un equipo jugando a gran nivel los primeros veinte minutos y gran parte del resto del partido, pero con la sensación de estar asistiendo a una despedida. No solo la de Marcelo Bielsa, el técnico que cambió el juego timorato, tibio, lento y plano del jugador chileno por uno agresivo, dinámico y ofensivo. Sino que también la de una manera de vivir el fútbol y la vida. Más allá de los 50 juegos oficiales a su cargo, desde que asumiera la banca una fría mañana de entrenamiento en unas canchas cercanas al aeropuerto de Pudahuel, hace ya tres años. Más allá de las enconadas elecciones dirigenciales que han precipitado su renuncia, pese a tener contrato vigente por cinco años más.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La despedida de una manera linda de ver el fútbol. Apasionada. Exigente. Siempre al frente. Sin complejos, indiferente respecto al rival, el entorno y las circunstancias anexas. Siempre buscando la excelencia, el espectáculo y el buen fútbol. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Y la despedida de una forma de vivir la vida. Consecuente con las ideas. Sin miramientos con el poder. Sin complacencias. Reticente a las manipulaciones interesadas de quienes intentaron sacar partido de su figura para beneficio personal. Con tintes pedagógicos, buscando siempre una lección y una enseñanza para compartir con sus discípulos. Y con una decencia y un caballerismo tan perdidos en el mundo frenético de hoy.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con más frecuencia de la esperada, el fútbol y la vida se cruzan de manera misteriosa. Recuerdo con emoción cuando el 15 de enero de 1989 la U se fue al descenso y los quince mil fervorosos hinchas de la U que nos cocinábamos de tristeza esa tarde calurosa de verano en el Nacional, cantábamos llorando, pero con convicción, "que volveríamos a ser grandes, grandes como fue el Ballet". Y, en cierto modo, así fue, más temprano que tarde, sobre todo a partir de la obtención del título de 1994, 25 años después del último logro. Pero esta vez, veintiún años más tarde, en medio del adiós de Bielsa, todo canto de promesa, rabia o agradecimiento, me parece una canción hueca, repetida, que no arreglará nada. Con el escepticismo vivo de quien sabe estar perdiendo algo muy, pero muy valioso, volveremos a los tiempos negros del fútbol sin rumbo y, sobre todo, no volveremos a ser grandes, porque, inexplicablemente, hemos dejado partir al más grande de todos, al mejor técnico del mundo. Con el despilfarro que históricamente ha destacado en nuestra nación. Ojalá me equivoque. Sobre todo, porque buenos jugadores hay.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El show debe continuar. Es cierto. Seguiremos yendo al estadio de nuestros equipos cuyos dueños están más interesados en sus acciones de la Bolsa que en hacer más grandes al club. Seguiremos viendo los partidos de la selección esperanzados con ganar una Copa América, tan esquiva siempre. Pero ya nada será lo mismo. El fútbol chileno ha dejado partir a uno de sus maestros. Y esa herida tardará mucho en ser sanada. Mucho más de lo que piensan los nuevos dueños del fútbol, los sátrapas del fútbol, los ávidos Don Dinero que han visto en este hermoso deporte una oportunidad más para el negocio frío y calculador, una oportunidad más para llenarse los bolsillos de vacío y más vacío, mientras de a poco van apagando el espíritu del ingenuo, desinteresado y noble seguidor amante del "deporte más lindo del mundo", como dice el relator chileno de ESPN. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con más frecuencia de lo que algunos creen, el fútbol y la política también se cruzan. Sabidas son las afinidades políticas de Mayne Nicholls y Bielsa, los salientes. Y las de quienes desde las sombras, levantaron la candidatura de Segovia, el entrante. Ahora todo queda en paz. Los que detentan el poder son los dueños del país y ahora son los dueños de la pelotita, el último bastión popular. Pueden quedar en paz. Tienen poder para rato. Tienen grandes negocios para rato. Les faltaba adueñarse de la fiesta popular. Y lo han logrado. Dios nos pille confesados.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras tanto, como antaño, los que piensan distinto son perseguidos, como el señor y su hija menor de edad retenidos por 45 minutos antes de entrar al estadio por portar carteles de protesta. Y como antaño, los carerrajas, con el beneplácito de los medios de prensa condescendientes de nuestro entristecido país, señalan que la partida de Bielsa "es una pena" y desmienten toda sugestiva "presión" para la salida del mejor dirigente y el mejor técnico que haya tenido nuestro fútbol.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El fútbol está triste en medio de un país en donde se ha instalado el carerrajismo de quienes mezclan sus intereses privados con los públicos. El fútbol está triste. El país está triste. Mientras asistimos a la última lección con gran juego para ganarle a Uruguay en el centenario de la Roja.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-605289001559088457?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/605289001559088457/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/11/la-ultima-leccion.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/605289001559088457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/605289001559088457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/11/la-ultima-leccion.html' title='La última lección'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TOSL1IrOqrI/AAAAAAAAAaI/RgFntrNZIIg/s72-c/FOTO_8120101115172656.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-2260101379369066977</id><published>2010-10-25T21:16:00.006-03:00</published><updated>2010-10-25T21:27:53.699-03:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California VIII</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYe8HTQoPI/AAAAAAAAAaA/MxUtd5fFM_E/s1600/DSCN7671.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; 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Lucía nos había dicho que allí estaba &lt;i&gt;La Biblia&lt;/i&gt; impresa por Gutenberg. Y en efecto, allí estaba, no la primera edición, pero seguro una de las primeras, de 1450-1460. Es decir, uno de los ejemplos vivos de la historia de la imprenta, el libro por el que se ha pagado más en la Gran Historia del Libro: 50.000 palos de los años veinte. Pero el asunto no se quedaba ahí. Encontraríamos, además, otra serie de joyitas librescas como la primera edición de los &lt;i&gt;Cuentos de Canterbury&lt;/i&gt;, algunas de William Shakespeare y Marlowe, primeras ediciones y cartas de científicos como Kepler, Galilei, Copérnico, Einstein y toda una serie de libros raros extraídos de una bodega similar a la de un banco, a la que nadie puede acceder, y cuyas muestran se exhiben para captar la admiración del vulgo: libros antiguos de medicina, de astronomía y física, de geografía, historia y agricultura, grabados y láminas de flora y fauna, una colección de las primeras ampolletas eléctricas de la historia y en un rincón, 250 ejemplares distintos, primeras, segundas y terceras ediciones en diferentes idiomas, del mismo libro: &lt;i&gt;El origen de las especies&lt;/i&gt;, de Charles Darwin. Todo, perteneciente a la colección privada de un excéntrico y millonario norteamericano que murió a comienzos del s. XX, y a quien Estados Unidos le debe, entre otras cosas, la construcción del ferrocarril que atraviesa el país de este a oeste. Su nombre: Henry Huntington.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYe3kXrEYI/AAAAAAAAAZ4/-EeMYpWGyPY/s1600/DSCN7673.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 200px; height: 150px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYe3kXrEYI/AAAAAAAAAZ4/-EeMYpWGyPY/s200/DSCN7673.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5532143132275839362" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;250 ejemplares de &lt;span style="font-style: italic;"&gt;El origen de las especies&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Entre esas otras cosas está su quinta de agrado en Sa&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;n Marino, California, en medio de un acomodado suburbio de la ciudad de Los Ángeles, convertida en museo y parque por sus amplios jardines de todo tipo (chinos, japoneses, para niños, tropicales, todo lo que se pueda imaginar) y sala de exposiciones itinerantes. “Es fabuloso” –había dicho la Luc&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;ia-. “Es un bonito paseo. Tienen que ir”. Y fuimos. Hora y media en auto desde Irvine evitando las multitudinarias carreteras y paseando por los pueblos-ciudades-suburbios de la grande Babilón, unos pegados a otros como trencito, suburbios conquistados por chinos, suburbios conquistados por mexicanos, suburbios para lo que queda de norteamericanos: Tustin, Orange, Anaheim, La Mirada, Whittier, El Monte, Rosemead, Alhambra, San Marino, Pasadena. Unos pegados a otros en un interminable tour de casitas con porche, antejardín e interminables centro&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;s comerciales, de esos que se anuncian desde torrecitas en sus esquinas, como en las películas, siempre desde lo alto, sobresaliendo del extenso plano urbano de casas de dos pisos&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Y fue fabuloso. Tan fabuloso como el brillo del oro en las manos de este hombre. Símbolo del capital más puro, aquel que nace del negrerismo y genera tanta plusvalía que ya no se sabe en qué invertir, y del sin sentido del dinero a raudales, que de ser tan inmenso y numeroso, pierde su valor. Todo, para quien fue capaz de casarse con su tía para preservar aún más los acaudalados bolsillos y así perpetuar su fortuna. Metáfora de u&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;n país inmensamente rico, capaz de satisfacer todos y cada uno de los caprichos de sus insignes prohombres. De la acumulación. Y de la extraordinaria locura que engendra el coleccionismo de los museos, aquello que permite brindar un espectáculo de los objetos culturales del ser humano, reunidos bajo un mismo techo para la admiración y asombro del ciudadano común y corriente que necesita llenar su estómago no solo con el &lt;i&gt;refill&lt;/i&gt; de los &lt;i&gt;coffes&lt;/i&gt; &lt;i&gt;and&lt;/i&gt; &lt;i&gt;beverages&lt;/i&gt;, sino que tambié&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;n algo de su culposo y empobrecido espíritu.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYeyhO_1kI/AAAAAAAAAZw/wpQ8cux342c/s1600/DSCN7675.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 150px; height: 200px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYeyhO_1kI/AAAAAAAAAZw/wpQ8cux342c/s200/DSCN7675.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5532143045534799426" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="font-style: italic;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La Biblia, &lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Gutenberg&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;La Huntington Library puede llegar a ser una visita obligada &lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;para todo espíritu libresco y para todo coleccionista enfermo de sus colecciones. Es una visita qu&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;e no deja de asombrar y exaltar al más abúlico de los visitantes. Puede llegar a generar i&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;ncluso algo de alegría. Pero por sobre todo, es llegar al alma solitaria del hombre bien vestido, rodeado de sus monedas de oro. De un hombre extraordinariamente solo en medio de su colección, en medi&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;o de su palacio, en medio de sus jardines, mientras allá afuera las multitudes salen de los &lt;i&gt;malls&lt;/i&gt; y vuelven a sus autos para enfilar rápido en la cinta de las carreteras, con un vaso de café o bebida r&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;ellenado. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Supongo que los treinta dólares gastados en la entrada valieron la pe&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;na para llegar a este asombro. Supongo que los otros treinta dólares gastados para rellenar nuestro escuálido estómago de burgueses empobrecidos de espíritu, tamb&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;ién valieron la pena para estar atentos, sin retorcijones, sin dolor de cabeza, sin dolor de pies. Pero pensándolo bien, más allá de toda fábula, nos quedamos con esa pequeña exposición sobre Charles Bukowski que ocupaba un rincón del imponente edificio, que me imagino debe haber sido muy bien pagada para la heredera de su obra, Linda Lee Bukowski. En ese mínimo espacio de no m&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;ás de 40 metros cuadrados, los visitantes librescos nos emocionamos mucho más co&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;n las cartas, poemas y fotos de este singular poeta genuino de Estados Unidos, un ejemplar único que ahora que se está acá, se entiende que solo pudo haber escrito acá todo lo que escribió, comprendiendo, en gran parte, los motivos de su obra y los excesos de su vida en medio de una vida hecha&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt; para&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt; perderse.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYeunqqsYI/AAAAAAAAAZo/S6ssMPmUcIQ/s1600/DSCN7682.JPG"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 150px; height: 200px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYeunqqsYI/AAAAAAAAAZo/S6ssMPmUcIQ/s200/DSCN7682.JPG" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5532142978541990274" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p style="text-align: center;" class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Libros raros. Entrada prohibida.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Vemos las cartas y fotos que sus admiradoras le mandaban. &lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Una, desde Australia, le manda cuatro fotos: una de su rostro, otra en bikini, entrando a u&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;na piscina, la tercera del espejo y velador de su cuarto, y la cuarta, de su cama. Otra admiradora le manda una carta-poema en donde le dice que lo admira mucho, que es un gran poeta y que al v&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;er su rostro no cree ni una palabra de lo que se dice de su vida sexual. Pero nosotros nos quedamos, definitivamente, con la pequeña vitrina que muestra algunos de sus efectos personale&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;s habituales de su escritorio de trabajo: la vieja máquina de escribir, unas lapiceras, una copa d&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;e vino, unos lentes y una vieja radio en donde, se dice, acostumbraba escuchar música clásica mientras escribía. Aquellos efectos personales terminaron siendo la afectiva muestra que validó el viaje. Como objetos inertes aparentemente sin valor alguno, relucen por sí mismos al mostrarnos el alma del &lt;span style=""&gt; &lt;/span&gt;sujeto que escribe rodeado de sus enseres principales. Únicamente del s&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;ujeto que llenó su espíritu a punta de palabras vertidas con fuego, desprovisto de toda máscara. &lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Esos&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt; mínimos objetos esconden en sí mismos cuán apreciables pueden llegar a ser las cosas cuando se relacionan afectivamente con la memoria. En una visita a un lugar tan grandioso como la Hu&lt;/span&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;ntington Library, esos mínimos objetos terminan siendo un agradecido gesto de lo personal y único versus la grandiosidad falsa del dinero. Querencia del ser humano rodeado de sus materiales elementales, ajeno a todo afán mercantil.&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-2260101379369066977?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/2260101379369066977/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/10/diario-de-un-viaje-california-viii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2260101379369066977'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2260101379369066977'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/10/diario-de-un-viaje-california-viii.html' title='Diario de un viaje a California VIII'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TMYe8HTQoPI/AAAAAAAAAaA/MxUtd5fFM_E/s72-c/DSCN7671.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-1490825385984568218</id><published>2010-10-12T18:29:00.003-03:00</published><updated>2010-10-12T18:34:00.188-03:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California VII</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TLTTWuvs3II/AAAAAAAAAZQ/ee1GHmkfYFs/s1600/090204_regents_1959_irvine_ranch_400.jpg"&gt;&lt;img style="display: block; margin: 0px auto 10px; text-align: center; cursor: pointer; width: 400px; height: 281px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TLTTWuvs3II/AAAAAAAAAZQ/ee1GHmkfYFs/s400/090204_regents_1959_irvine_ranch_400.jpg" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5527275030149127298" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:78%;"&gt;Irvine Ranch, 1959. Futuro lugar de emplazamiento de la Universidad de California en Irvine.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;!--[if gte mso 9]&gt;&lt;xml&gt;  &lt;w:worddocument&gt;   &lt;w:view&gt;Normal&lt;/w:View&gt;   &lt;w:zoom&gt;0&lt;/w:Zoom&gt;   &lt;w:trackmoves/&gt;   &lt;w:trackformatting/&gt;   &lt;w:punctuationkerning/&gt;   &lt;w:validateagainstschemas/&gt;   &lt;w:saveifxmlinvalid&gt;false&lt;/w:SaveIfXMLInvalid&gt;   &lt;w:ignoremixedcontent&gt;false&lt;/w:IgnoreMixedContent&gt;   &lt;w:alwaysshowplaceholdertext&gt;false&lt;/w:AlwaysShowPlaceholderText&gt;   &lt;w:donotpromoteqf/&gt;   &lt;w:lidthemeother&gt;EN-US&lt;/w:LidThemeOther&gt;   &lt;w:lidthemeasian&gt;ZH-CN&lt;/w:LidThemeAsian&gt;   &lt;w:lidthemecomplexscript&gt;AR-SA&lt;/w:LidThemeComplexScript&gt;   &lt;w:compatibility&gt;    &lt;w:breakwrappedtables/&gt;    &lt;w:snaptogridincell/&gt;    &lt;w:wraptextwithpunct/&gt;    &lt;w:useasianbreakrules/&gt;    &lt;w:dontgrowautofit/&gt;    &lt;w:splitpgbreakandparamark/&gt; 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Los estudiantes se mueven por cientos como hormigas a través del Aldrich Park, el esférico pedazo verde y hermosamente arbolado, repleto de cuervos, conejos y ardillas, que es el núcleo de la gran célula de edificios que conforman la Universidad de California, en la apacible y templada Irvine. Las hormigas-estudiantes, con una leve mayoría de ascendencia oriental, han quebrado el silencio monacal del campus al cual me había acostumbrado durante el verano y ahora la Langson Library es un hervidero de personas que hablan, merodean y estudian a montones, convirtiendo mi monasterio medieval de libros donde pasaba horas y horas en el más santo de los silencios en una simple biblioteca universitaria del s. XXI a pleno funcionamiento. Es difícil ahora conseguir un computador desde el cual escribir. Camino hasta la Science Library, donde hay un poco más en cantidad, y encuentro uno en un rincón, esperándome para redactar estas palabras. A mi lado, dos jóvenes chinescos degustan una olorosa ensalada mientras estudian algo que no alcanzo a percibir muy bien. Capaz que uno de ellos, en cincuenta años más, sea un Premio Nobel de Ciencia y yo lo inmortalice primero gracias al aderezo de su frugal almuerzo.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Algunos poetas tendrían extrañas conductas en este lugar. Claudio Bertoni, por ejemplo, estaría loco con los shorcitos cortos de las estudiantes. Cuantos poemas saldrían del solo hecho de sentarse un rato a ver pasar a estas damiselas, cuyas prendas públicas no son habituales en el conservador y frío Chilito. Carlos Soto ya habría reunido a un par de gente y hubiera roto la monotonía de los espacios comunes con alguna sensata y lúdica performance, leyendo un poema muy similar al de &lt;i&gt;La ciudad&lt;/i&gt; de Gonzalo Millán, pero con la reversa imaginaria de la historia de este rico país. Cristian Cruz pasaría largas horas en el pub situado en el Student Center, claro que alcanzaría a tomarse solo unas dos copas de vino con los precios de hotel puestos en la pizarra. Terminada su segunda copa, aun sin estar saciado del todo, despotricaría contra todo y contra todos y partiría a Trader’s Joe, el supermercado más cercano, a comprarse la botella más barata de vino, la cual sería, para su sorpresa, un para nada despreciable Chianti de cuatro dólares producido en la mismísima California. Una vez superado el trauma, transmitiría en directo desde singular pub universitario, una serie de entrevistas a poetas locales tratando de entender qué mierda significa escribir poesía en este país. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;No me atrevo a pensar qué harían otros poetas, la historia puede llegar a ser demasiado larga y algo delirante, pero seguro nadie tendría clara la película. Este lugar es tan desconcertante como imprevisible. Tan así, que una asociación de estudiantes musulmanes ha sido censurada por la universidad con prohibición de reunirse públicamente tras haber sido acusados de irrumpir violentamente en febrero pasado durante una conferencia dictada por un intelectual de origen israelí. A veces, el orden perfecto es sinónimo de una violencia soterrada. Una &lt;i&gt;passive aggressive&lt;/i&gt; de la cual ya me han advertido y que ya me ha tocado vivir y que no viene al caso detallar aquí.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Es otoño en California y las chalas, los shorts y las poleras todavía no pasan al closet. Hay en promedio 25 grados Celsius y me dicen los locales que es así prácticamente todo el año. Es un pequeño paraíso lleno del confort reservado solo para el primer mundo. Solo para los estudiantes que pueden pagar, en promedio, treinta mil dólares al año para estudiar y vivir cerca de la universidad. Solo para los que tienen auto, porque el transporte público funciona, pero es demoroso, demasiado lento, y aquí todo tiene la lógica del suburbio norteamericano, donde no existe el concepto de panadería o almacén de la esquina. Solo para los que van a surfear a cualquiera de las cálidas playas que abundan en la costa, en especial, Huntington Beach, famosa por sus olas. Para el resto, Irvine es un lugar inalcanzable. Para los de origen afroamericano, que aquí apenas se ven, y para los inmigrantes, especialmente mexicanos.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span style="" lang="ES-MX"&gt;Estos últimos siguen llegando todos los días desde las colinas y el desierto, encerrados en maletas especiales dentro de los autos, atravesando el cruce de Tijuana a San Diego arriesgando la vida, enfrentando a la muerte para encontrar en California el oro perdido, el simulacro de una mejor vida, trabajando en la sección de carnicería de Wholesome Choice, el supermercado de origen persa, o como auxiliar de aseo del John Wayne Airport, en las cocinas del Subway, de McDonalds, de Wendy, de Lee’s Sandwichs, en los jardines de la universidad y los grandes condominios, y en general en todos aquellos trabajos que nadie quiere hacer, solo, tal vez, y por un tiempo, el estudiante que hace un esfuerzo para abaratar los costos que implican estudiar en una universidad. Costos relacionados con privilegios: de acuerdo a un cartel emplazado a las afueras de la Science Library, en el marco de una campaña organizada no sé por quien y titulada &lt;i&gt;Teach for ten&lt;/i&gt;, solo uno de cada diez jóvenes que estudia en su propio distrito termina el &lt;i&gt;college&lt;/i&gt;, todos los demás lo abandonan para ponerse a trabajar. Leyendo el cartelito me hace sentido, entonces, que una inmensa cantidad de estudiantes de esta universidad &lt;i&gt;pública&lt;/i&gt; norteamericana lleguen, todos los años, a esta Ellis Island estudiantil, a raudales, provenientes del Mar Amarillo y sus alrededores. Mientras tanto, la crónica policial de &lt;i&gt;Los Angeles Times&lt;/i&gt;, la sección &lt;i&gt;Crime&lt;/i&gt;, lleva un conteo diario de los crímenes cometidos en el condado de Los Ángeles. Hasta el 28 de septiembre, han muerto 484 personas este año. Entre ellos, un ex compañero de colegio, Adolfo, asesinado a balazos la madrugada que celebraba su cumpleaños, tras recibir disparos provenientes de un vehículo en movimiento. Todas esas muertes, como la del hombre encontrado con la cabeza amarrada a una bolsa en el baño del LAX Airport, en Los Ángeles, llegan hasta Irvine, la ciudad más segura de Estados Unidos de acuerdo al FBI, como un eco lejano, como un pedazo de realidad demasiado escalofriante como para interrumpir el paraíso aquí construido desde hace cuarenta años, con la fundación de la ciudad. Un lugar apacible, hecho para olvidarse de todos los males del mundo. Un pequeño paraíso inconsciente, limpio, verde, caluroso y cálido, en donde tienes suerte si en veinte minutos de caminata por una vereda cualquiera te encuentras con otro ciudadano de a pie e intercambias un educado y leve “Good morning. Have a nice day”. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;span style="font-size: 11pt; line-height: 115%; font-family: &amp;quot;Calibri&amp;quot;,&amp;quot;sans-serif&amp;quot;;" lang="ES-MX"&gt;&lt;span style=""&gt;&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-1490825385984568218?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/1490825385984568218/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/10/diario-de-un-viaje-california-vii.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1490825385984568218'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1490825385984568218'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/10/diario-de-un-viaje-california-vii.html' title='Diario de un viaje a California VII'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TLTTWuvs3II/AAAAAAAAAZQ/ee1GHmkfYFs/s72-c/090204_regents_1959_irvine_ranch_400.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-1063778679264045027</id><published>2010-10-04T01:19:00.003-04:00</published><updated>2010-10-04T01:29:44.583-04:00</updated><title type='text'>Chile postdictadura para principiantes</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TKllvDevP_I/AAAAAAAAAZI/ZZe083_iMqA/s1600/descarga.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 137px; height: 196px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TKllvDevP_I/AAAAAAAAAZI/ZZe083_iMqA/s400/descarga.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5524058277009113074" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;The dancer and the thief&lt;/i&gt;. &lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Fernando Trueba. 2009. Basada en la novela de Antonio Skármeta, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;El baile de la Victoria&lt;/i&gt;. 2003.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Las historias y pequeñas tragedias que subyacen a los personajes de esta película se desarrollan en el contexto de un Chile que ha recuperado hace aproximadamente nueve años la democracia perdida luego de 17 años de gobierno dictatorial de Augusto Pinochet. El nombre original del libro alude tanto a la protagonista, Victoria, como al hecho de estar contextualizado en un periodo en donde la Concertación por la Democracia, un conglomerado de partidos de centro-izquierda, gobierna desde la recuperación de la democracia. El título funciona como subtexto crítico de lo que ha significado hasta allí el periodo de baile tras haber ganado las elecciones. La traducción del título al inglés, en cambio, enfatiza en la relación amorosa entre la bailarina y el joven ladrón, quitándole, con esto, esa carga semántica. &lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt; &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Bajo este contexto la democracia que se crítica en esta historia es una democracia a medio andar. Los responsables de torturas y asesinatos no han sido enjuiciados y andan libres por la ciudad. Algunos son extrañamente millonarios, como se sugiere del Gral. Cantero en el film, y la mayoría de los ex agentes de la policía secreta del estado, la temida CNI, trabajan como guardias de seguridad o guardaespaldas de los propios ex generales. En medio de esto, ocurre el arresto de Pinochet en Londres, en 1998, por sus crímenes de lesa humanidad y enriquecimiento ilícito y su extradición a Chile al año siguiente. Tras haber sido sobreseído por una “demencia senil leve a moderada”, el dictador llega al aeropuerto de Santiago y se levanta de su silla de ruedas, para saludar a sus familiares, amigos y fanáticos. La revista chilena semanal &lt;i style="mso-bidi-font-style: normal"&gt;The Clinic&lt;/i&gt;, de análisis descarnado y satírico de la realidad nacional, de gran tiraje y venta hasta el día de hoy y fundada con ese nombre para aludir precisamente a la London Clinic donde estuviera internado Pinochet, titula en su siguiente número : “Hombre muerto caminando”, en juego de palabras con una película de 1995 protagonizada por Susan Sarandon y Sean Penn, &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Dead Men Walking&lt;/i&gt;.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;El tema de la memoria, en tanto, es algo pendiente. La población media se divide entre quienes quieren dar vuelta la página y olvidar, seguir adelante y conseguir el anhelado desarrollo con espíritu empresarial, y entre quienes sostienen que es imposible crecer históricamente sin enjuiciar a los culpables de tortura y desaparición. Es la división existente entre el pensamiento de derecha y el pensamiento de izquierda. La ciudad, por tanto, vive en una permanente tensión por conflictos no resueltos. Las víctimas se encuentran en la calle con sus torturadores y el miedo, la rabia, una violencia latente y el silencio predominan por sobre la libertad, la verdad y la salud mental de los ciudadanos enterrados bajo una capa de smog. Todo pareciera estar en orden, pero la mudez traumática de Victoria es real. Esa mudez habla de algo no resuelto. De una herida abierta.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Por otra parte, Santiago, la capital, se muestra sumida en pleno proceso de modernización y cambios en su fisonomía: autopistas suburbanas que la atraviesan de un lado a otro en pocos minutos y altos edificios en el &lt;i style="mso-bidi-font-style:normal"&gt;Sanhattan&lt;/i&gt;, el barrio de negocios denominado así por algún ingenioso representante del típico humor nacional. En medio de esto, llama la atención la idea que explota Trueba de hacer andar a los enamorados a caballo en medio de las grandes peatonales. Idea romántica, quizás extraída de un realismo mágico que la propia literatura latinoamericana exportó, pero hace ya cincuenta o sesenta años. Imaginario, tal vez, de cómo se ve a Latinoamérica desde el primer mundo. O simple metáfora para hablarnos de un héroe con sombrero, extraña mezcla de delincuente con aspecto de poeta, ingenioso y romántico, parlanchín y majadero, que atraviesa la ciudad como el Zorro o John Wayne.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;En la novela de Skármeta y en la película de Trueba, Chile y, por extensión, Latinoamérica, es un lugar de inequidades sociales, como lo muestra la escena de la prueba de baile de Victoria en el Teatro Municipal. Allí llegan únicamente la gente de posición y dinero. Para todos los demás, sin importar su talento, la pista se hace pesada, es una carrera de obstáculos.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;Es también un lugar donde la poesía goza de un status inusual. Ser poeta es algo tan cotidiano como salir a trabajar. Levantas una piedra y sale un poeta. Es una exageración, sin duda, pero las voces de los grandes como Mistral y Neruda permanecen en el ideario colectivo de una nación, sus versos han marcado la conciencia del país. Por otra parte, es un lugar donde los que están al margen de la ley gozan, extrañamente, de cierta simpatía. Es algo exagerado también, tal vez más próximo a un pasado predictatorial, una idea de arraigo popular que hace que un famoso asesino como Pierre Dubois, por ejemplo, enterrado en el cementerio de Valparaíso hace más de cien años, funcione como santo milagroso al cual se le prenden velas y se le agradecen favores concedidos. No es casualidad el nombre del protagonista, entonces: Ángel Santiago, divino y terrenal a la vez, guardián de la joven Victoria. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;La película de Trueba muestra el mapa de una ciudad y un país anclado en la historia, intentando resolver sus tensiones, traumas y deudas, pero lejos aún de saldar y reparar las consecuencias del olvido. Los personajes se mueven dentro de este mapa tratando de aliviar sus propias tragedias personales en medio de un paisaje cambiante por las propias transiciones históricas y los efectos de la globalización.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-1063778679264045027?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/1063778679264045027/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/10/chile-postdictadura-para-principiantes.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1063778679264045027'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1063778679264045027'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/10/chile-postdictadura-para-principiantes.html' title='Chile postdictadura para principiantes'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TKllvDevP_I/AAAAAAAAAZI/ZZe083_iMqA/s72-c/descarga.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7160517551381058443</id><published>2010-09-15T02:17:00.002-04:00</published><updated>2010-09-15T02:22:24.769-04:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California VI</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TJBmCPfJfVI/AAAAAAAAAZA/hynPbOLP_s8/s1600/dibujos-infantiles-cumpleanos-2b.gif"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 350px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TJBmCPfJfVI/AAAAAAAAAZA/hynPbOLP_s8/s400/dibujos-infantiles-cumpleanos-2b.gif" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5517021732231806290" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Lucía sale al patio, se sienta en una mesa junto a la gran extensión de pasto y prende un nuevo cigarrillo, mientras los niños corren a su alrededor con sus bolsas llenas de dulces, haciendo burbujas o saltando unos detrás de otros. Adentro de la sala comunitaria de Verano Place, Martín sostiene en sus manos sus lentes oscuros y conversa animadamente con Richard. Se diría que la inquietud que exuda Martín, sus ojos algo cansados y sus manos laxamente sostenidas sobre su pantalón de lino azul habla de su verdadera postal, el hecho de tener tal vez la cabeza en otra parte, alguna preocupación por su madre enferma que apenas sale de su casa en San Francisco o por el hecho de que ha notado, hace apenas unas semanas, que se le está cayendo poco a poco el pelo, de manera algo más rápida que lo normal para su edad. Aún así, sostiene y alimenta la conversación animada de Richard, quien con entusiasmo y con su habitual tono alto recuerda esa vez que en Vietnam una señora del pueblo en donde andaban haciendo rondas de vigilancia, le invitó a su casa a comerse una merienda para capear la tarde calurosa y le sirvió uno de esos bichos parecidos a las cucarachas que estaban invadiendo como plaga toda la maldita zona cercana al cuartel, bichos con apenas unas alitas inútiles que eran la fascinación culinaria de niños y masa en general, fritos y servidos acompañados con algo de arroz.&lt;span style="mso-spacerun:yes"&gt;  &lt;/span&gt;&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Un poco antes, en el cuarto contiguo, la larga mesa había dejado de estar ordenada por la acción de los niños. Quedaron pedazos de pizza y de torta, un poco de bebida caída sobre el mantel de plástico y restos de papel envoltorio de dulces. Todos los niños se habían reunido en torno a un juego organizado por Rafaella, explicado en un perfecto inglés que silabeaba en medio del espacio dejado por las dos paletas de arriba de sus dientes que no están, un inglés mejor al de muchos de los adultos presentes en el cuarto, la mayoría de origen latino. Todos, niños y adultos, visten unas esplendorosas poleras rojas estampadas con la cara de Elmo, el muñeco de Plaza Sésamo. Viviana, la madre, le pide que por favor repita sus palabras, ahora que tiene su cámara encendida. Rafaella lo vuelve a explicar, primero en inglés, después en español. Sus tías festinan con su explicación y los niños que están agrupados en torno a ella esperan pacientes que comience el juego.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Luego vino el momento de la piñata y todos los niños haciendo fila para tomar el palo y dar seis pegadas para darle el turno al niño que sigue. Colgado sobre un aro de basquetbol, la bolsa de dulces se balanceaba al compás de la dirección dada por el padre. Isabella, la cumpleañera de apenas dos años, finalmente termina por romperla y todos los niños se agrupan en torno al preciado tesoro que ha caído al suelo. Entonces, cada uno sale con una bolsa en la mano, saltando y gritando, dispuesto a comerse el mejor de los manjares. La madre de uno de ellos termina abruptamente la conversación que apenas había iniciado unos diez minutos atrás con Alejandra, para ir a sostener el brazo de su hijo, enojado quizás por qué razón, quien había tirado al suelo su bolsa de dulces. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Es entonces cuando Lucía toma asiento y prende su cigarro. Su vestido rojo reluce con el sol, mientras su mano se mueve tranquilamente para llevar el elixir a la boca. Mientras tanto, adentro, en un rincón, Tomás descubre las teclas de un piano pegado a la pared, sentado sobre las piernas de su padre, y esboza alguna auténtica melodía que solo él sabe descifrar, al mismo tiempo que su madre ha tomado la Nikon automática e intenta captar el momento tomando unas fotografía que más tarde compartirá con amigos y familiares a través de la red. Con las manos fuertemente sostenidas sobre las teclas blancas y negras, Tomás pareciera decidido a sacar la mejor de sus sonrisas, a juzgar de la espléndida fotografía que Alejandra ha tomado, pensando en retratar un segundo de la vida de su hijo en medio de su primera fiesta de cumpleaños.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;Poco rato después, los padres y sus hijos comienzan a despedirse. Todos con sus poleras rojas de Elmo. Todos recibiendo de regalo un lindo balde de playa llenos de más dulces junto a un muñeco suave, tamaño mediano, del mismísimo Elmo. Viviana nos dice que vayamos a saltar con Tomás allá a la casa gigante de Elmo que sirve para saltar, gritar y empujarse, pero este no lo disfruta y prontamente vuelve en los brazos de su madre. Nos despedimos de Martín, quien ha decidido partir decidido a preparar una clase que tiene al día siguiente en la Chapman University. Viviana da las gracias a todos por venir y entendemos que ya es hora de partir. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;&lt;o:p&gt; &lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;La tarde comienza poco a poco a caer y Lucía y Richard concuerdan que sería bueno terminar el día cenando en casa un pedazo de carne asada a la parrilla con arroz, papas y ensaladas, y una buena botella de vino chileno. Por la ventana del auto se ve a Viviana y a su esposo guardando los últimos adornos desparramados en la cancha de basquetbol y cuando ya el carro ha comenzado a alejarse de Verano Place, se aprecia la agradable brisa que refresca y los cada vez más tenues rayos de sol que apenas se extienden sobre las colinas de los cerros. &lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7160517551381058443?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7160517551381058443/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/09/diario-de-un-viaje-california-vi.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7160517551381058443'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7160517551381058443'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/09/diario-de-un-viaje-california-vi.html' title='Diario de un viaje a California VI'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TJBmCPfJfVI/AAAAAAAAAZA/hynPbOLP_s8/s72-c/dibujos-infantiles-cumpleanos-2b.gif' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-6023813638617200075</id><published>2010-09-07T19:17:00.006-04:00</published><updated>2010-09-07T20:08:16.140-04:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California V</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TIbI0k1KQ3I/AAAAAAAAAY4/p80t-ZdgEHY/s1600/1775641.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5514315599327150962" style="display: block; margin: 0px auto 10px; width: 170px; height: 113px; text-align: center;" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TIbI0k1KQ3I/AAAAAAAAAY4/p80t-ZdgEHY/s400/1775641.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;Cuando se está de viaje suelen aparecer una de serie de conceptos y significados que solo adquieren sentido en el contexto bajo el cual surgen. Este es un pequeño e insignificante glosario de términos asociados a una estadía corta en estas tierras, en especial vinculación con el entorno más próximo del viajero de bolsillo acotado:&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Autocar spa: La vida por un auto. Comer dentro de él. Viajar a todos lados. No solo ir al cine, sino también a relajarlo. Servicios de lavado y manito de gato para el regalón de la familia.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Bed: No cama, sino tabla. El catre con el cual están hechas todas las camas vinculadas a los dormitorios universitarios. Una mesa para comer. Dura, tan dura, que el sueño es irreparable.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Car: El gran Dios salvaje.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Chair: La puta silla con que nos golpeamos a diario. Una silla inexplicable: cuadrada, pero meceante a la vez. De acero. Dolorosa. Que nos saluda a diario con un torpe golpecito.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Cute: El adjetivo más utilizado para calificar a Tomás. De no ser por él, pasaríamos desapercibidos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Freeway: Autopistas como tentáculos que se reproducen por todos lados. Algunas llegan al cielo y son de máxima velocidad.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Go ahead: Que es lo mismo que decir adelante! En todos lados, para todos lados, para todo y para todos. Un modo de vida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Lunchear: Lease “lanchear”, comer, en spanglish. Términos como este son frecuentes entre latinos con larga estadía en estas tierras.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Metallica and the philosophy: Solo un mercado tan gigantesco como este puede generar un libro como este.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Plastic: Ver platos de cerámica y cucharas de acero es tan improbable como encontrarse con un duende. Todo es plástico. Todo se bota. Salir a comer barato y medianamente barato implica no solo comer algo similar a lo que se encuentra en un basurero, sino que también comer en plástico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Running: A toda hora y en todo lugar. Mientras más temprano mejor. Solo o en bandada. A la misma hora en que en algunos partes tercermundistas se vuelve de la noche turbulenta, entusiastas corredores invaden las calles y te saludan con un &lt;em&gt;so nice&lt;/em&gt; “Good morning”.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Take a bus: Tan difícil como improbable. Servicio barato, eso sí, pero discontinuado. Tomar un bus puede significar estar parado hasta una hora y media en un paradero si cuando estabas llegando a él, justo pasó el que necesitabas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Take a taxi: Excelente, pero carísima experiencia como copiloto de algún pakistaní o iraní como Ibrahim, de inglés igual o peor al nuestro, quien nos “coechea” con frases coloquiales para el día a día y nos suelen remarcar lo mal que lo pasan aquí los &lt;em&gt;Muslim&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;The red glass: El vaso rojo que lleva treinta días sin que nadie lo recoja en el camino de regreso a casa. La ciudad es limpia, tan limpia, que cuando hay un objeto en el suelo, puede vivir ahí para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Towell: Las mismas compradas hace tres años que de día un sábado o domingo cualquiera se ocupan para la arena, sirven de noche como cortinas, porque un maldito farol de mil watts de potencia traspasa las malditas cortinas de esas de oficina, que tienen unos aleros que se mueven hacia arriba y abajo, iluminando de modo tal la pieza que no se distingue el día de la noche. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Trash: La que botan cuando se cambian de casa y que, si quisiéramos, nos podría permitir armar la propia: TV, microondas, parrillas, sillas, maletas, ropa, artefactos varios, tocadiscos, todo en un estado deferente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Walk side is on: Varias veces. La maldita grabación que se escucha para cruzar la calle. De lo contrario, nunca daría la verde para pasar al otro lado. El auto es más importante que el caminante. La frase retumba hasta en sueños. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-6023813638617200075?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/6023813638617200075/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/09/diario-de-un-viaje-california-v.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6023813638617200075'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6023813638617200075'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/09/diario-de-un-viaje-california-v.html' title='Diario de un viaje a California V'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TIbI0k1KQ3I/AAAAAAAAAY4/p80t-ZdgEHY/s72-c/1775641.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-5767946149801735076</id><published>2010-08-31T23:09:00.004-04:00</published><updated>2010-08-31T23:27:57.795-04:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California IV</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TH3E5VVjpmI/AAAAAAAAAYw/zvJgpZP4Vog/s1600/Dscn2823-Wurlitzer-3500-Zodiac-On.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 400px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TH3E5VVjpmI/AAAAAAAAAYw/zvJgpZP4Vog/s400/Dscn2823-Wurlitzer-3500-Zodiac-On.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5511778008230504034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; "&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;font-size:100%;"&gt;No siempre las palabras revelan todo lo que debieran decir sino hasta que enraízan en la experiencia. La palabra nostalgia, por ejemplo, verdaderamente no tiene sentido si no se ha vivenciado la pérdida, la lejanía o el exilio. Jorge Ladino Gaitán, cuyo segundo nombre sí revela algo de su realidad, quizás algo tocado por la cerveza del pobre bar universitario frente al campus, a veces se paraba frente al &lt;i&gt;wurlitzer&lt;/i&gt; y gastaba sus monedas de cien pesos en viejas canciones rockeras de Rata Blanca buscando tal vez en ellas algún rostro, una mano o las simples palabras de otros, mientras algunos intentábamos hacerlo sentir de mejor manera hablándole de su querida &lt;i&gt;Selección Colombia&lt;/i&gt; y de viejos estandartes como el Pibe Valderrama, el caszelistico Willington Ortiz o el pistolero Tino Asprilla. Pero verdaderamente, por más que empatizáramos con él, estábamos muy lejos de poder entender el hecho mismo de estar parado frente a un &lt;i&gt;wurlitzer&lt;/i&gt;. En las manos apoyadas sobre la caja de metal y en el rostro semicabizbajo se manifestaba el verdadero significado de la palabra nostalgia.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; "&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;font-size:100%;"&gt;Las cosas, los hechos, algunas circunstancias o ciertas historias, incluidas algunas ficciones, parecieran hablarnos a veces de su ilegibilidad si no recae sobre ellas un sentido. Toni, por cierto, probablemente no se preocupe de estas cosas, pero el día que recibió una llamada estando sentado en su oficina del Tustin Drive Center, apenas sintió el “sí, po” tan característico del español coloquial de Chile, respondió con un “cómo estai” igualmente diferenciador, como para dar a entender que en estas tierras uno nunca está realmente solo. Una hora más tarde, sentados arriba de un Toyota Camry del año en curso, Toni gesticula y mueve las manos al mismo tiempo que serpentea por las calles de Irvine, y desde su español de hijo de mexicano nacido en Estados Unidos, nos habla de su estadía de seis meses en Santiago de Chile estudiando historia en la Universidad Andrés Bello, de cómo en una ocasión perdió su tarjeta Bip! saliendo del Estadio Nacional y sin dinero, logró volver a casa gracias a unas personas que le regalaron una tarjeta cargada, de cómo en otro momento, el mismo día que partía de vuelta, perdió su pasaporte y alguien se lo devolvió al poco rato y, en suma, de cómo los momentos vividos junto a su “familia” de la comuna de La Reina le permitieron generar una connotación positiva hacia la palabra Chile. Desde entonces, como respondiendo a una deuda de gratitud, pasamos a ser los protegidos de Toni y de vez en cuando nos va a buscar y a dejar a nuestro departamento, para que podamos acceder a arriendos de autos a bajo costo y así conocer lo que él denomina “la loca California”. Casi mágicamente, por arte del destino, una simple llamada telefónica cobra sentido cuando a través de las ondas resuena el habla chilena perdida en medio de la costa oeste de Norteamérica.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; "&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;font-size:100%;"&gt;Algunas otras cosas también cobran sentido cuando nos paramos un rato a hacer conexiones y nos damos cuenta que las clásicas películas hollywoodenses de estudiantes universitarios revelan una cierta verdad que va mas allá de todo estereotipo. Sentado en una mesa de un casino estudiantil, en medio de la comida china comprada en &lt;i&gt;Panda Express&lt;/i&gt;, surgen como desplegadas del suelo las figuras acostumbradas a ser reconocidas en las películas de factura estadounidense: el grupo de &lt;i&gt;winners&lt;/i&gt; (por lo general, tipos y tipas esbeltos y con aire deportivo), los &lt;i&gt;losers&lt;/i&gt; (solitarios en un rincón con la vista apagada), los &lt;i&gt;freaks&lt;/i&gt; (con cierta onda, pero fuera de la norma, por ende, igualmente sancionados), los &lt;i&gt;queers&lt;/i&gt;, los &lt;i&gt;nerds&lt;/i&gt;, etc., cada grupo completamente separado del otro y con evidentes muestras de no generar ningún tipo de cruce. Por otro lado, atendiendo a una categorización multicultural por raza y nacionalidad aparecen por allá los afros, por acá los chinos. Un poco mas allá los musulmanes y luego los hindúes. Y, por último, los latinos. Todos juntos y revueltos, pero infinitamente separados, refrendados en instituciones como las fraternidades o la &lt;i&gt;Chinese Association&lt;/i&gt;. Termino de comer mi &lt;i&gt;Thai Cashew Chiken&lt;/i&gt; con &lt;i&gt;fried rice&lt;/i&gt; y pienso que definitivamente de haber estudiado pregrado aquí hubiera caído a una de las categorías más bajas, sobre todo cuando trato de expresarme en mi pésimo inglés y pido que me repitan o hablen más lento porque no entiendo, y no dejo de leer en los rostros de mis interlocutores frases como “y este tipo qué hace aquí”, “deja de hacerme perder el tiempo, estúpido”, “entiérrate y andar a comer pasto”.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;p style="font-family: 'Times New Roman'; font-size: medium; "&gt;&lt;span style="font-family:Calibri;font-size:100%;"&gt;Sin embargo, al lado de todos estos personajes de película, pienso en las grandes significaciones que deben tener en las vidas cotidianas de los que están afuera del campus universitario -la gente algo más real-, las frases, palabras y gestos de moneda corriente con que a diario se encuentran personajes como el taxista pakistaní que desea que le enseñe español, el mexicano que atiende en el mesón de la comida rápida, los dos que rezan en el suelo en dirección a La Meca, el hondureño que envía cincuenta dólares a un pariente y le cobran 15% de comisión y, en general, todo aquel que alguna vez ha sentido en la piel las resonancias lacerantes de las palabras inmigrante y lejanía: Jorge Gaitán en Chile, Luz María y Cristian en España, Jorge y Camila en Francia, y otros tantos como nosotros aquí en California, a veces sin darnos cuenta, a veces de manera más endógena que exógena, pero siempre resguardados, al menos, por personas como Toni, Lucía, Martín o Richard, nuestra pequeña “familia” californiana, con quienes estas palabras se recubren, al menos, de cierta gratitud por hacernos sentir menos lejos de casa.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-5767946149801735076?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/5767946149801735076/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/08/diario-de-un-viaje-california-iv.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5767946149801735076'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5767946149801735076'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/08/diario-de-un-viaje-california-iv.html' title='Diario de un viaje a California IV'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TH3E5VVjpmI/AAAAAAAAAYw/zvJgpZP4Vog/s72-c/Dscn2823-Wurlitzer-3500-Zodiac-On.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-483923665311761546</id><published>2010-08-13T22:27:00.002-04:00</published><updated>2010-08-13T22:35:17.213-04:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California III</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TGYAyItHM9I/AAAAAAAAAYg/-1q2CxZ1to8/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 216px; height: 234px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TGYAyItHM9I/AAAAAAAAAYg/-1q2CxZ1to8/s400/images.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5505088455837168594" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal"&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;El 18 de febrero de 1849, cuenta Vicente Pérez Rosales en su &lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;&lt;i&gt;Diario de un viaje a California&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;span lang="ES-CL" style="mso-ansi-language:ES-CL"&gt;, llegaron a tierras norteamericanas, por primera vez, un grupo de cien hombres y más, en busca de la afamada piedra de oro que, según se contaba por entonces, afloraba a raudales en una gran cantidad de yacimientos, a los cuales solo había que tener el valor de poder llegar, muy bien armado por cierto, para comenzar a cambiar la suerte y empezar a soñar con ser millonario.&lt;o:p&gt;&lt;/o:p&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;La primera impresión que tuvo nuestro viajero de la bahía de San Francisco, sin embargo, vista desde la cubierta del barco, fue que ese conjunto pequeño de casuchas y carpas, calles de barro y gente multicolor y multilingüística, en medios de suaves colinas, significaba ver en sí mismo “algo de Curacaví”, aludiendo con esto a una pequeña comarca situada a unos setenta kilómetros al oeste de Santiago de Chile.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Más adelante, ya en tierra, se extiende en su apreciación, y señala lo siguiente: “La ciudad, o más bien, la pequeña aldea del puerto, está situada en la falda inclinada de unos cerros sin árboles mayores pero cubiertos de matorrales de frambuesas silvestres, de frutillas y de vistosas flores; su población es bastante reducida, alcanzaría a cinco mil; sus casas bajas, muchas de adobe a la antigua española, alguna que otra de moderna arquitectura y multitud de carpas y casuchas, son por ahora los cimientos de esta nueva y singularísima población”. Todo tenía, de acuerdo a sus palabras, “el aspecto de un gran campamento” en permanente movimiento.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Cosas del destino, de la historia y de la acción de los hombres. Ciento sesenta años después, mientras Curacaví sigue siendo esencialmente la misma, quizás con algo más que cinco mil habitantes, pero con las mismas casas de adobe de entonces, San Francisco luce hoy rebosante de vida y modernidad en tanto principal puerto del Pacífico. La comparación de Pérez Rosales hoy puede sonar algo cruel a la vista del dispar desarrollo de las naciones involucradas, pero no deja de ser curiosa.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Es que aquí en California si bien el oro no brilla a simple vista, está presente igualmente en todos lados. En la inmensa cantidad de autopistas de seis a ocho carriles por lado, que luego se dividen para convertirse en otro autopistas que pasan por arriba, por debajo y por el lado de la anterior, en una imagen que Fritz Lang no pudo sino ver antes de imaginar a la hora de hacer su &lt;i&gt;Metrópolis&lt;/i&gt;. En la inmensa cantidad de autos que colapsan dichas vías. En las casas hechas casi en un 100% en función de un doble garage como fachada para los dos autos por familia. En las grandes extensiones de jardines y parques con cuidado municipal. En el equipamiento de las casas y departamentos, y en un largo etcétera que sería latoso de enumerar.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Irvine, la pequeña ciudad a sesenta millas al sur de Los Ángeles en la cual estamos asentados, es de acuerdo a una estadística del FBI, la ciudad más segura de América. No sabemos si con “América” se refieren a los Estados Unidos de Norteamérica o al gran continente que empieza en Canadá y termina en Chile. De todos modos, hay que decirlo, la ciudad es tranquila, apenas pasada a llevar por el sonido estruendoso de los cuervos, pero caritativa con las ardillas y conejos que se pasean sin temor de un lado a otro. Con un clima muy agradable en verano, sin mucho calor y de brisa fresca, esta ciudad universitaria de más o menos reciente fundación reluce por lo nuevo y apacible, cómodo y confortable, espacioso y reluciente, como si todo hubiese sido construido apenas ayer.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Y nuestra vida se reduce acá a una caminata diaria de media hora de ida y media de vuelta para encontrar en la Langson Library de la Universidad de California el tesoro perdido de la vieja biblioteca de Alejandría. Sumergido entre medio de miles de libros no puede haber otra cosa parecida a la felicidad para quien encuentra en las páginas amarillentas y en las tapas duras de los textos signos fetichistas de placer. Pero la felicidad también tiene otros rostros. Las tardes son equivalentes a un paseo en coche junto a un bebé que se asombra con todo y que se muestra alegre y comunicativo. Estas dos cosas son suficientes para encontrar en esta ciudad el encanto por un lugar que tiene muchas cosas agradables y otras no tanto. Un atisbo de paz en medio de un lugar donde todo parece automatizado y en equilibrio. Un espacio de descanso en medio de un lugar donde no pareciera existir problemas sociales, porque no hay pobreza, no se ve la pobreza y si está, está en las grandes urbes como San Francisco, Los Ángeles o San Diego, en algunos &lt;i&gt;homeless&lt;/i&gt; a chancleta que avizoramos por ahí en medio de un paseo por esos lugares o en los trabajos precarios de los inmigrantes, en su mayoría mexicanos, y que sin embargo parecieran sentirse muy felices de freír papas y hacer hamburguesas a razón de una porción por treinta segundos.&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal"&gt;Esta vida en California, tan alejada a la vida de Curacaví y, sin embargo, en algunos aspectos tan parecida en su tranquilidad pseudopueblerina. Con una inmensa universidad situada al medio y todo lo que eso significa. Una ciudad tranquila y silenciosa como los pueblos, pero inserta en un país inmensamente grande y rico. Un lugar para perderse en la gran Biblioteca Imaginaria de Babel sin dejar de escuchar, a cada rato, el canto aleve de los cuervos. &lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-483923665311761546?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/483923665311761546/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/08/diario-de-un-viaje-california-iii.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/483923665311761546'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/483923665311761546'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/08/diario-de-un-viaje-california-iii.html' title='Diario de un viaje a California III'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TGYAyItHM9I/AAAAAAAAAYg/-1q2CxZ1to8/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-2566319163227915041</id><published>2010-08-04T20:21:00.002-04:00</published><updated>2010-08-04T21:49:40.648-04:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California II</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TFoYpJtVgxI/AAAAAAAAAYY/0jCRvN4TiYM/s1600/1021368.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 214px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TFoYpJtVgxI/AAAAAAAAAYY/0jCRvN4TiYM/s320/1021368.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5501736990046257938" /&gt;&lt;/a&gt;Es triste estar lejos cuando tu equipo preferido se juega algo importante. Y más aún cuando lo que viene es una derrota. Con la frente en alto, pero derrota al fin y al cabo. No de esas que duelen, porque el equipo hizo una gran campaña en Copa Libertadores, más allá de lo que todos esperaban, llegando a las semifinales después de catorce años. Sin embargo, algo de ilusión teníamos todos. Porque se había empatado en México y había que definir en el "Pasional". Pero Chivas fue más certero. Mató cuando tuvo que matar y el 0-2 se hizo irremontable. La U pudo empatar el duelo, pero el travesaño dos veces y una gran tapada del arquero a un zurdazo de Montillo, en los descuentos del primer tiempo, impidieron que el desarrollo del duelo hubiese sido distinto. Otro gallo cantaría, pero entraríamos en la ciencia ficción. Chivas hizo su negocio y mereció pasar a la final. Para la historia quedarán los pésimos primeros veinte minutos de la U, el mejoramiento del juego en la segunda parte de la primera fracción que pudo significar emparejar el marcador y el segundo tiempo que fue signo del fútbol que faltó para merecer mejor suerte. La U tocó techo en la Libertadores y la hinchada ya piensa en la próxima Sudamericana y en la Libertadores del 2011, soñando con seguir haciendo buenas campañas internacionales.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El día que jugaba la U en Santiago de Chile, como queriendo encontrar un signo literario en la vida cotidiana, caminaba por las apacibles calles de Irvine, rumbo a la Universidad de California, y de pronto una ardilla saludaba con su cola. Como queriendo encontrar un signo mágico en la realidad, pensaba que esto podría significar dos cosas: una premonición positiva o una premonición negativa. O la Ardilla Montillo era la figura del partido y ayudaba a la U clasificar a la final por primera vez en su historia o el partido con Chivas significaba su despedida. Al final, botando toda posibilidad de magia dentro de la realidad, toda ilusión, resultó esto último. Montillo se retiró de la U con honores, con el canto agradecido de la hinchada, según se apreciaba en la transmisión por Internet y en la transmisión online de Cooperativa, y su llanto reflejaba en parte algunas de las cosas profundas que se dan cuando un jugador se pone la camiseta azul. Su identificación con los colores es una pequeña muestra más de la pasión que genera nuestro querido club. Los hinchas azules echaremos de menos su calidad como futbolista y como persona y le agradecemos todos los buenos momentos que nos hizo pasar. El Apertura 2009, los cuartos de final de la Sudamericana del mismo año y las semifinales de la Copa de este año se deben, en gran medida, al gran aporte de este excelente jugador. Será muy difícil encontrarle un reemplazante, tarea urgente para seguir peleando por cosas grandes.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;California es un excelente lugar para estudiar y trabajar. Pero cuando el equipo de tus amores se juega cosas importantes y tú no puedes estar cerca, de pronto todo se vuelve medio tristón y nostálgico, pensando en cómo estarán los millones de hinchas azules pasando estas horas de término de una gran ilusión. Será para la próxima. Los hinchas azules seguiremos estando al frente, acompañando al equipo en las buenas y en las malas, sin que la distancia merme el sentimiento, cada vez más grande, cada vez más alocado, cada vez más fuerte.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-2566319163227915041?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/2566319163227915041/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/08/diario-de-un-viaje-california-ii.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2566319163227915041'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2566319163227915041'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/08/diario-de-un-viaje-california-ii.html' title='Diario de un viaje a California II'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TFoYpJtVgxI/AAAAAAAAAYY/0jCRvN4TiYM/s72-c/1021368.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-1775563324514399765</id><published>2010-07-31T21:07:00.003-04:00</published><updated>2010-07-31T22:11:28.057-04:00</updated><title type='text'>Diario de un viaje a California I</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TFTUfUTygUI/AAAAAAAAAYQ/7bsPpEjsvsc/s1600/untitled.bmp"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 84px; DISPLAY: block; HEIGHT: 125px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5500254679418962242" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TFTUfUTygUI/AAAAAAAAAYQ/7bsPpEjsvsc/s400/untitled.bmp" /&gt;&lt;/a&gt;Escribo sin tildes y sin la ene hispanoamericana y mapuche, esa con una ondita encima de la letra, porque estoy utilizando un teclado norteamericano, economico y rapido como su lengua.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Anclados en la costa oeste de este enorme pais, en California, a unos ochenta kilometros al sur de Los Angeles, en Irvine, tratamos de dar cuenta de algunas huellas sobre un gigante que pisa fuerte con la voz de un enano medio, de quien tiene el privilegio de acceder a una de las mejores universidades del mundo como lo es la Universidad de California para pasar alli encerrado como ratoncito dentro de la segunda mas grande biblioteca del mundo, segun reza la presentacion de la pagina web de la institucion, detras de la Biblioteca del Congreso en Washington. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Como ratoncito y como Kafka en una universidad donde los estudiantes pagan seis mil dolares por un curso de verano, mil quinientos mensuales por un departamento cerca de la universidad (y cuyo propietario es la universidad) y se pasean por el campus en autos ultimo modelos. Como Kafka en un lugar donde aun nos sentimos algo ajenos, algo extranos, y que sin embargo pareciera ser el lugar ideal para leer y escribir hasta el hartazgo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A nuestra llegada, somos muy bien acogidos por la profesora con quien mantendremos contacto habitual, quien nos va a buscar al aeropuerto y no prepara un excelente asado a la parrilla en el patio de su casa. Martin, en tanto, un graduado salvadoreno, nos lleva al dia siguiente de un lado a otro, de Irvine a la oficina del Social Security Number en Mission Viejo y de ahi a San Diego, pasando por Newport Beach y otras zonas de alta alcurnia. Nos cuenta historias de inmigrantes ilegales ingresando al borde la muerte, todos encerrados en la maleta del auto de un coyote, a minutos de la asfixia. Y asi pasamos de un tema a otro, a veces hablando en espanol y otras tantas en nuestro precario ingles. Mientras tanto, los seis a ocho carriles de la Autopista 405 que conecta Los Angeles con Tijuana, es un hervidero de autos poco dignos del cuento cortaziano. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todo aqui en este pais gira en torno al auto. En Irvine no hay casi transporte publico. Las calles son amplias. Esta lleno de avenidas y autopistas. La gente va de un lugar a otro en su coche. Hasta comen alli. Son nulas las plazas o lugares de encuentro a pie y el concepto "centro de la ciudad" no existe. De haber lugares de conexion social, estos son los malls, esa gran idea importada por nuestro pais, palmera incluida. En esos grandes espacios uno encuentra de todo, pero sigue estando tan solo como en su auto.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Que diferente es esta California a la que descubrio Vicente Perez Rosales cuando a comienzos de enero de 1849 llego hasta alla en busca del preciado oro. Y que opuestas, ademas, las condiciones de viaje. Embarcado junto a cuatro amigos, cuenta en su &lt;em&gt;Diario de un viaje a California&lt;/em&gt; que en total eran 148 los tripulantes del &lt;em&gt;Stauelli&lt;/em&gt;. "El numero de pasajeros -dice- constaba de noventa machos, ademas cuatro vacas, ocho chanchos, doce ovejas, algunas docenas de gallinas, tres perros y siete marineros, el capitan y el piloto". Dentro de este variopinto grupo estaba, ademas, Rosa Montalva, "una repleta y bien ajamonada doncella" bien carinocita con todos los varones, sin discriminacion. En nuestro vuelo, en cambio, apenas encontramos un perrito, a quien vinimos a conocer cuando ya pisabamos la losa del Aeropuerto John Wayne -que homenaje-, porque nunca nos enteramos de su existencia y a ninguna doncella "del partido". Es mas, fuimos quizas nosotros los que llamamos la atencion de los otros con nuestro pequeno hijo, a quien todo el mundo lo encontraba &lt;em&gt;so cute&lt;/em&gt;, porque apenas lloro y mantuvo muy buen humor las catorce horas de viaje. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Que distinta debe ser esta California a la California perezrosaliana. Esta California que era mexicana hasta que los norteamericanos la compraron a peso de huevo despues de una cruenta guerra. Quince dias despues de haberse firmado la compra, alguien descubrio oro floreciendo en un riachuelo. Despues el petroleo y no paramos mas. Todo esto forma parte del milagro de esta nacion de como llego a convertirse, con apenas unos siglos de existencia, en un imperio. Pero los vestigios de la mexicanidad aun perduran. En nombres de lugares y en los inmigrantes que trabajan en hoteles, pequenos stores o en las cocinas de la comida rapida. Mexicanos con los que, paradojicamente, nos hablan en ingles.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Son muchas otras las cosas que podemos apuntar, pero creo que esto parece suficiente por el momento. Mientras tanto, seguiremos leyendo a Perez Rosales, con la mente puesta en ciento cincuenta anos atras.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-1775563324514399765?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/1775563324514399765/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/07/diario-de-un-viaje-california-i.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1775563324514399765'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1775563324514399765'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/07/diario-de-un-viaje-california-i.html' title='Diario de un viaje a California I'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TFTUfUTygUI/AAAAAAAAAYQ/7bsPpEjsvsc/s72-c/untitled.bmp' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-8984860957372935737</id><published>2010-07-24T14:05:00.004-04:00</published><updated>2010-07-24T14:45:36.593-04:00</updated><title type='text'>Horas decisivas</title><content type='html'>&lt;div style="text-align: center;"&gt;&lt;img src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TEsy91UbX4I/AAAAAAAAAX8/D2HOvYtPXz4/s320/100723_135736.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 320px; height: 304px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497543808001990530" /&gt;&lt;/div&gt;Cuesta un poco hablar de todas las cosas que están sucediendo a esta vidita de hincha azul, en medio del frío santiaguino, a pocas horas de empezar a jugar los dos partidos más importantes de los últimos dieciséis años. Me refiero a las semifinales de Copa Libertadores frente a Chivas, primero en México y luego en el "Pasional".&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Primero, hablar de la muerte de don Julio Cordero Vallejos, creador del himno del club, esa hermosa letra que habla del romántico viajero, las amadas olvidadas y dejadas al pasar, y cuyo sueño es el querer. Esa canción que identifica a todo un pueblo azul. A Cordero Vallejos, fallecido a los 99 años, le debemos una parte importante de este extraño e indescifrable sentimiento. Muchos aprendimos a querer a la U no solo por sus colores, no solo porque nuestros viejos nos llevaron por primera vez a un estadio siendo muy niños, sino que también por ese himno que retumbaba sonoro cada vez que el equipo saltaba a la cancha, por el sector sur del Estadio Nacional. Recuerda el propio autor la genealogía de la canción, cuando rumbo a Antofagasta, en barco, allá por el año 33, para compartir una velada universitaria, fue surgiendo lo que sería más tarde la banda sonora oficial de generaciones de hinchas azules:&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style=" line-height: 12px; font-family:Arial, Verdana, Helvetica, sans-serif;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;“&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;Íbamos en tercera clase, pero salimos a cubierta a mirar el cielo. Un marino gringo nos mandó para abajo. Le contestamos a garabatos, pero igual nos fuimos. En el camino encontramos un camarote con un piano y no nos dimos cuenta cuando estábamos cantando. Alguien dijo que era una pena que llegáramos al norte sin un himno. Ahí comenzó a salirme la melodía. La letra fue obra de todos, quienes iban incorporando frases, aunque yo me atribuyó la primera, esa de ‘ser un romántico viajero’. No era difícil para mí crear melodías. Lo hacía desde los 14 años&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"  style="font-size:medium;"&gt;”. (&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;a href="http://www.todobulla.cl/noticias_detalle.php?pri=1516"&gt;http://www.todobulla.cl/noticias_detalle.php?pri=1516&lt;/a&gt;)&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Según señala la nota necrológica, recién vendría a ser en 1940 a raíz de un clásico universitario, uno de los primeros de carácter oficial, cuando la música sonó por los parlantes del Nacional, para sorpresa de su propio creador, quien había dejado guardada su creación.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;img src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TEszJXn0FJI/AAAAAAAAAYE/ptpg29GYTWg/s400/images.jpg" style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 280px; height: 157px;" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5497544006188668050" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por estos días también, se nos va uno de los mejores jugadores que hayan pasado por el club en los últimos años. Sin temor a equivocarme, el mejor 10 desde el Leo Rodríguez. Me refiero Walter Damián Montillo, la Ardilla, recientemente vendido a un grande del fútbol brasileño: Cruzeiro. Los partidos por la Libertadores serán los últimos que este gran jugador dispute con la casaquilla azul. En el recuerdo quedarán las gambetas largas con rivales tirados en el suelo, goles claves en instancias importantes y esa dinámica de juego tan especial que inundaba la banda derecha del mediocampo de desestructuración y desorden defensivo en el contrincante de turno.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con Montillo se va una manera alegre de jugar al fútbol, punzante, eléctrica y talentosa. Uno de esos 10 que son cada vez más escasos en el fútbol cada vez más mezquino de hoy. Será muy difícil encontrar un reemplazante a su nivel&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Mientras tanto, en casa se arman maletas y algunos lloramos y sufrimos el no poder estar en las tribunas cuando la U defina su posible paso a la final de la Libertadores. En las horas previas a un viaje largo, cuando de pronto surgen un montón de emociones escondidas, apagadas, se viven las instancias imprecisas de un adiós, de un pequeño cambio de ciclo. Solo queda vivir este momento importante del club desde la distancia, como el hincha más alejado del planeta que, sin embargo, no deja nunca de sentir la sangre azul por las venas. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-8984860957372935737?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/8984860957372935737/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/07/horas-decisivas.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8984860957372935737'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8984860957372935737'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/07/horas-decisivas.html' title='Horas decisivas'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TEsy91UbX4I/AAAAAAAAAX8/D2HOvYtPXz4/s72-c/100723_135736.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-8219030001188380015</id><published>2010-07-10T11:14:00.003-04:00</published><updated>2010-07-10T12:31:16.504-04:00</updated><title type='text'>Los angelitos no van al cielo</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TDiPYmNWVHI/AAAAAAAAAXc/P3-5tOEM8JQ/s1600/largoviaje.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 210px; height: 275px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TDiPYmNWVHI/AAAAAAAAAXc/P3-5tOEM8JQ/s400/largoviaje.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5492297398314488946" /&gt;&lt;/a&gt;Un niño recién nacido ha muerto en medio de un céntrico conventillo de la ciudad de Santiago de los años sesenta. Como es tradición, se da paso al velorio del "angelito". Tradición de origen campesino, prohibido por la Iglesia católica a comienzos del s. XX, por ser considerada fiesta pagana y por "desencadenar en un desorden moral". Tradición rural, pero extendida a los arrabales de la ciudad. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los vecinos y los parientes "ayudan a sentir" al progenitor. Las mujeres de la humilde casa preparan los panes y el trago. Las lloronas, cuyo promedio de edad debe ser de setenta años, en primera fila velan al angelito. Este, no es más que el nonato sentado en una silla, amarrado de manera tal que permanece fijo. La silla, a su vez, está puesta sobre una mesa, formando con esto una especie de altar. El niño está vestido entero de blanco, pintado sus mejillas y boca con colores vivos, adornado con una corona de flores de papel plateado y provisto de unas pequeñas alas, con las cuales, según cuenta el abuelo al hermanito, podrá acceder al cielo. La madre, aún convaleciente de su "enfermedad", solo intenta apagar su dolor.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Comienzan a llegar los cantores. Surge un guitarrón chileno y los primeros versos para el angelito, alternándose con la letanía de las viejas rezadoras, de mantillo negro en la cabeza. La ceremonia se extiende toda la noche. La gente come y bebe. Llega el baile junto con la cueca: "Pobrecita la guaguita / que del catre se cayó...". Esto se convierte en tomatera. La madre duerme, el padre cae al suelo, ebrio. Se arman algunas mochas, se rompe una guitarra y algunos se ponen cariñosos en un rincón. Mientras tanto, el angelito, sentado en su altar. Y su madre y su hermano, dormidos, exhaustos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Apenas despunta el sol, el padre se levanta y pone a su niño en un improvisado ataúd hecho a partir de una caja de frutas. Y con él bajo el brazo, se suba a la Recoleta-Lira en dirección al Cementerio General. Pero el niño protagonista de esta historia, de unos ocho años de edad, el hermano del recién fallecido, se ha percatado que su padre se ha ido sin las alitas, por lo que el angelito no podrá ir al cielo. Parte, entonces, en su busca, iniciando así un largo viaje por una ciudad empobrecida, triste y apagada, llena de personajes de baja estofa.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Este es más o menos una síntesis de, quizás, los mejores diez minutos de la historia del cine chileno. O, al menos, uno de los episodios que debe estar en toda antología de cine, haciéndolo extensivo, por supuesto, a la película en su completitud.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El episodio central de esta película da paso, luego, a la aventura que vive el pequeño protagonista en medio de una ciudad que se divisa como un lugar habitado por sobrevivientes de la pobreza: estafadores, prostitutas, proxenetas, pandillas de niños en las caleteras del río Mapocho, en oposición a la vida elegante, aunque vacía, de las clases acomodadas. La Vega Central, el centro de la ciudad que comparte grandes edificios junto a rancheríos de miseria, la Chimba, los sectores precordilleranos, todos estos lugares muestran a un Santiago apenas reconocible, únicamente por el ejercicio de la memoria de quienes lo habitamos hace más de treinta, cuarenta o cincuenta años.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En esta película es innegable reconocer la influencia de Francois Truffaut y su &lt;i&gt;400 golpes&lt;/i&gt;. La música, algunas tomas desde lo alto de los edificios o desde el interior de una tienda hacia afuera mostrando al niño observando las vitrinas, la misma historia del niño asolado en un presente vagabundil, son parientes cercanos de la hermosa película del director francés. Asimismo, una película como &lt;i&gt;Gringuito&lt;/i&gt; (1998), de Sergio Castilla, retribuye algunas tomas y episodios de esta película de Kaulen, como por ejemplo las que muestran la vida de la Vega Central o las corridas de las pandillas del Mapocho. Se trata, entonces, de una de las grandes películas que tematizan la infancia, mostrándonos con ello, la infancia como experiencia subjetiva en determinados espacios sociales, con diferentes significados y formas. La infancia como un concepto que tensiona lo social, que articula y muestra desde allí las tramas desiguales de construcción de lo social. La infancia como un tiempo y un espacio con significados propios. Una infancia plurisemántica de la cual es posible extraer diversos puntos de reflexión y discusión.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Uno de esos puntos de fuga de esta película lo constituye el simbolismo de las palomas, que recorre toda la película de principio a fin. Palomas que vuelan libremente. Palomas que son cazadas por los ricos practicantes del tiro al vuelo. Palomas que son capturadas por los niños de los barrios pobres para ser amarradas a un palito y luego ser apedreadas. Palomas que acompañan cada una de las acciones del joven protagonista. Algunas de estas palomas -símbolo de infancia-no logran llegar al cielo. Parece ser el destino de estos niños pobres que circundan el río que atraviesa como herida la ciudad. El niño muerto. Y el hermanito. Los niños de las caleteras. Incluso el niño rico apenas visibilizado, recluido en la celda de su hogar seguro. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al perder las alas del nonato, el niño protagonista no puede cumplir su meta y con ello pierde la ilusión. Ha dejado de ser niño. Y con esto, la idea de que en la ciudad pobre de los años sesenta, los angelitos no van al cielo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-8219030001188380015?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/8219030001188380015/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/07/los-angelitos-no-van-al-cielo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8219030001188380015'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8219030001188380015'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/07/los-angelitos-no-van-al-cielo.html' title='Los angelitos no van al cielo'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TDiPYmNWVHI/AAAAAAAAAXc/P3-5tOEM8JQ/s72-c/largoviaje.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-5433660532220598266</id><published>2010-06-29T17:11:00.005-04:00</published><updated>2010-06-30T17:45:53.842-04:00</updated><title type='text'>Carta abierta a Marcelo Bielsa</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TCqa5aJhvUI/AAAAAAAAAXU/FFHMM0HZ0LY/s1600/39738.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 250px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TCqa5aJhvUI/AAAAAAAAAXU/FFHMM0HZ0LY/s400/39738.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5488369406966873410" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Don Marcelo:&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Permítame llamarlo así, aunque no lo conozca personalmente. Aunque, pensándolo bien, creo saber algo de Ud. Le escribo únicamente para pedirle un favor. Se trata de un favor inmenso. Quédese. Se lo ruego. Se lo rogamos. Hablo en representación de millones de chilenos que deseamos lo mismo. Millones que, como yo, solo tenemos palabras de agradecimiento para con usted.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Yo sé que en Europa o en México puede que le paguen más. Pero sabemos que este no es asunto de plata, ¿verdad? A Ud. le interesan los proyectos. Y Ud. aquí ya armó uno muy lindo. Con gente joven. Talentosa. Con cabros que le creen sus instrucciones, sus ensayos y sus medidas palabras. ¿Para qué dejarlo a medias? Para el próximo mundial estos jugadores estarán en lo más alto de sus rendimientos y con una madurez para tener en cuenta en estas instancias. Toda la experiencia obtenida en tres años de eliminatorias y un Mundial es la base para nuevos proyectos. Chile nunca ha ganado una Copa América. ¿Y si la gana con Ud. en la banca? Hay nuevos desafíos. Esto es solo el comienzo de un cambio al cual ya estamos todos acostumbrados. No nos deje huachos. Le tenemos cariño. Le creemos. Nos gusta cómo es. Obsesivo. Trabajador. Buena persona. Directo. Franco. E inteligente. Si Ud. parece más chileno que argentino. Aquí el fútbol no se vive con la misma pasión, pero somos apasionados, somos ambiciosos, queremos estar arriba. Queremos saborear, alguna vez, el dulce sabor de la victoria. Y para eso, Ud. es el indicado. Gracias a Ud. estamos con esa esperanza. Y nos queremos quedar con ese gustito. No queremos volver a los pelaos ni a los peinetas, a los perros verdes ni a colgarnos del travesaño. Nos gusta su fútbol. Porque va al frente. Porque sale a ganar. Y si se pierde, se pierde luchando, en su ley, sin renunciar a los principios. Porque con su fútbol no se depende de las individualidades; es el equipo el gran jugador desequilibrante.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sr. Bielsa. Yo sé que ir a ver un partido a La Cisterna es deprimente. Pero lo suyo es el laboratorio. Es Juan Pinto Durán. Allí tiene a su disposición todos los conejillos de indias que quiera. Los puede ir a buscar a Sausalito. O a El Teniente. Al Tierra de Campeones. O al Nelson Oyarzún. Allí Ud. levanta una piedra y encuentra buenos prospectos. Algo toscos, pero piedra moldeable. Allí los estadios no son modernos, ni los partidos son rápidos, ni los equipos son competitivos. Pero talento hay. Hambre hay. Y también corazón y las ganas de ser mejores. En Juan Pinto Durán usted tiene su propio Old Trafford. Su propio Teatro de los Sueños. Déjenos soñar junto a su forma de ver el juego.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Don Marcelo, Ud. aquí dejó una huella. No puede dejarla así no más. Con Ud. en las tribunas, un Palestino - Morning en La Pintana es un partidazo y los 22 jugadores son todos cracks. Acá los estadios no se llenan ni llevan el nombre de alguien vivo; no hablamos toda una semana de tal o cual jugada y no tenemos un diario deportivo. Pero el fútbol es nuestra pasión. A nuestra manera, pero es una pasión. Cuando juega la selección se acaban las odiosidades entre los clubes y sus hinchas y todos tienen un mismo color; los periodistas deportivos siguen diciendo las mismas preguntas absurdas de siempre y todos creemos que vamos a golear a España o a Brasil. Y todo eso es por culpa suya. Porque nos acostumbró a su táctica ganadora, desafiante y agresiva. Porque jugar en el Centenario o el Azteca es lo mismo que hacerlo en el Nacional. Porque permitió que ya no sintiéramos vergüenza de creernos los peores de Sudámerica. Porque hizo que al fin en los medios se hablara más de fútbol y menos de farándula. Porque ver a sus equipos es una delicia para el encanto perdido.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Don Marcelo, por favor, escúchenos. Queremos seguir viendo sus conferencias de prensa con su hablar pausado y su mirada fija en el suelo. Anhelamos salir a la cancha con Ud. sentado en la banca creyendo que le podemos ganar a cualquiera. Le perdonamos que no deje entrar a la prensa a los entrenamientos para que ellos nos informen de las cosas que pasan allí adentro. Anhelamos seguir escuchando las arengas de Bonini y observando sus diálogos cortos con Berizzo. Don Marcelo, por mi que vea todo los partidos acuclillado, si quiere, con tal de quedarse. Péguele a los bancos las veces que quiera y chapotee los brazos hasta el cansancio, pero quédese. Grítele a los jugadores mil puteadas. Ponga a Valdivia de lateral si es en función del equipo. Ya sabemos que los jugadores le harán caso. Don Marcelo, nuestros deportistas fueron mal alimentados cuando niños, pero tienen un gran corazón. A veces son como niños y Ud. parece un papá estricto, pero bondadoso. Pero estos niños de barrio le tienen buena, porque Ud. está convencido de lo que hace. En este país, no tenemos muchos ejemplos de esta índole. Hay que tener carácter y convicción. El camarín, a veces, se pone medio pesado. Pero usted sabe manejar los códigos. Los jugadores lo respetan y le tienen estima, porque han aprendido de Ud. y tienen todavía mucho más que aprender. Don Marcelo, esto recién comienza. Ud. debe ser el guía de todo lo que viene. El nombre de nuestro fútbol está allá arriba y se lo debemos a Ud. No permita que caigamos otra vez en desgracia. No permita que una vez más todo lo construido a base de esfuerzo lo tiremos al tacho de la basura.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Don Marcelo Bielsa, déjeme decirle una sola cosa antes de terminar. Independientemente de si se queda o se va, simplemente gracias. Lo invitaría a mi casa una noche a cenar para que hablemos de fútbol hasta el cansancio y para darle las gracias personalmente. Pero sé que ya estoy delirando. Estas son algunas de las cosas lindas del fútbol. Sentirlo tan cercano como para creer que una situación como esta pueda ser realidad. Me limito, por mientras, a mandarle esta carta en nombre de millones de chilenos que creemos a ciegas en su proyecto. Si se queda, lo seguiremos disfrutando un buen tiempo. Y si se va, créame, aparte de caer en la peor de las depresiones futboleras, no lo olvidaremos. Su recuerdo nos permitirá seguir viviendo un sábado cualquiera a la tarde cuando vayamos a una cancha y veamos que más de alguno intentará parecérsele. Ojalá que sean varios, eso sí, para no perder el gusto por su fútbol.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-5433660532220598266?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/5433660532220598266/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/carta-abierta-marcelo-bielsa.html#comment-form' title='12 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5433660532220598266'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5433660532220598266'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/carta-abierta-marcelo-bielsa.html' title='Carta abierta a Marcelo Bielsa'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TCqa5aJhvUI/AAAAAAAAAXU/FFHMM0HZ0LY/s72-c/39738.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>12</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7845756982113202515</id><published>2010-06-22T22:30:00.004-04:00</published><updated>2010-06-23T00:40:22.952-04:00</updated><title type='text'>La vida cada cuatro años</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TCGOmLi7DqI/AAAAAAAAAXM/CwO1U5-iddY/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 88px; height: 131px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TCGOmLi7DqI/AAAAAAAAAXM/CwO1U5-iddY/s400/images.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5485822607699414690" /&gt;&lt;/a&gt;Nunca he visto un Mundial en vivo. Lo más cercano fue el 2009, con el fútbol femenino sub-20. Pero no me interesó. Creo ser de esos que todavía piensa que no pagaría una entrada para ver fútbol de mujeres, porque el fútbol es, esencialmente, un deporte por y para hombres. No creo que sea machismo. Pero mujeres futboleras a veces me preguntan en qué consiste la regla del off-side. ¿Se entiende? Es como si fuera algo genético. Es como comparar dos culturas, pero con una diferencia de cien años. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En 1987 se disputó el Mundial Juvenil Sub-19 en Santiago, Concepción, Valparaíso y Antofagasta. Estaba en quinto o sexto básico y un compañero de curso, el Avaria, un compañero con el que extrañamente habré cruzado diez palabras en mi vida, porque ambos éramos muy callados, pero él lo era en extremo, además andaba todo el día leyendo (por entonces, francamente, toda una rareza; nadie puede leer todo el día sin interactuar con los cuarenta y tantos niños que densificábamos el espacio de la sala, día a día), no era bueno para la pelota y a esa edad el noventa por cierto del curso lo que más sabíamos hacer aparte de estudiar angelicalmente, era correr como loco en los recreos jugando a la pelota. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Corría el año 87, digo, y el Avaria, acaso porque vio en mí algún tipo de pasión incipiente o porque tal vez ya transmitía todo el día con las revistas deportivas que comenzaba a coleccionar o porque simplemente le caí bien, me regaló dos entradas para el partido inaugural entre Chile y Yugoslavia. ¡Chile y Yugoslavia! Yo, que solo sabía algo de ese país, porque tenía un tío de apellido Franulic que se había venido a Chile a la vida, y que cuando hablaba allá en su casona de Rengo, un montón de historias extrañísimas, no le entendíamos nada, pero absolutamente nada, porque su español era indescriptible, y él seguía hablando mientras almorzaba un brontosaurio con sopa y ensalada de tomates. Esa Yugoslavia. Una selección de unos rubiecitos lindos, cuyos posters coleccionaba mi hermana. La de Boban, Suker y Prosinecki. La del técnico Mirko Jozic, que luego se quedaría en nuestro país. Y ese partido, en un día de lluvia, con setenta mil personas en las tribunas, y un 2-4 inolvidable por el gol de Tudor y las chambonadas de un palitroque de apellido Margas. Ese partido al que no pude asistir, porque algún desgraciado compañero de curso me las sacó de mi mochila y pese a que el profesor Durán -hincha del Chaguito devenido en cruzado- nos hizo quedarnos hasta más tarde abriendo cada uno de los bolsos, esos malditos tickets nunca aparecieron y nunca supe si por último el pequeño ladronzuelo disfrutó de esa fiesta futbolera en el viejo Estadio Nacional.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;(Sé que esto tiene poco que ver. Pero, bah, qué importa. Pese al incidente, supongo que es desde entonces que los yugoslavos me caen bien. Porque tenían un club de nombre bonito, el Estrella Roja, porque tuvieron un dictador sanguinario como el nuestro y porque siempre jugaron un fútbol lindo, de mucho toque, muy latino. Y porque en Historia nos enseñaron que se trataba de un país relativamente nuevo, como consecuencia de la Segunda Guerra, un pegoteo de pueblos, todos reunidos bajo la misma bandera, y yo trataba de imaginarme cómo sería eso. Qué tristeza. Y quizás porque después sería un país desangrado, un país nuevamente dividido en fragmentos, un país olvidado. Y por el Balkan Express y por Kusturica. Por una cierta alegría tan poco europea. Y porque en el fondo, pese a todo, pese al idioma y el brontosaurio, el tío Raúl Franulic me caía bien).&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Todos los otros mundiales, el Sub 15, el Sub 9 o el Supra 40, los he visto por televisión. Todos. Toditos. En el colegio. En la universidad. En el trabajo. En la casa. Desde que tengo uso de razón, desde España '82 hasta ahora. Un comienzo fatídico, es cierto. Un papelón. Y luego puros mundiales sin bandera chilena. Hasta Francia '98. Y ahora este, el más lindo de todos con presencia tricolor. Sudáfrica "veintediez". Todo una vida en torno a los mundiales. Siendo el más atractivo, para mí, el de México '86. Porque era más niño y porque vi a Maradona en su esplendor. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cada Mundial trae consigo una propia historia. España '82: el primer gusto por el fútbol y su historia, conocer a los jugadores y la tradición futbolera. México '86: el maravillamiento, el asombro, la mano de Dios y el deseo de querer ser futbolista. Italia '90: el desencanto, la traición napolitana, el fútbol como negocio. Estados Unidos '94: el no entender por qué un jugador muere a balazos, el comprender por qué los norteamericanos no vibran con este deporte. Francia '98: la fiesta de los chilenos endeudados en París y viendo Chile - Italia junto a mi viejo en su lecho de muerte. Corea-Japón '02: que el orientalismo no es más que Occidente más tecnología y mucha disciplina. Que los samurais es a los nipones lo que los huasos a los chilenos, que es preferible ver la final de un Mundial que ir a empelotarse al Parque Forestal. Alemania '06: con cables pelados, enfermo en cama, aburrido de ver fútbol intrascendente y calculador. Sudáfrica '10: el deseo y el gusto de ver que el fútbol ofensivo termina por imponerse al fútbol defensivo, y ahora, con un niño en brazos que se asusta cuando su padre grita como loco un gol de Chile. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ya tengo avisado en casa que el 2014 nos vamos a Brasil. Como sea. En auto, camión, avión o bus. En carpa, hotel o residencial. Que será época de trabajo. Y qué. Que el niño será muy niño. Y qué. Que las favelas, que los locos, que toda Sudamérica estará allá. Y qué. Será mi primer mundial en vivo. Ojalá con Chile en cancha. Y ojalá que pueda estar, entonces, para contarlo.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7845756982113202515?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7845756982113202515/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/la-vida-cada-cuatro-anos.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7845756982113202515'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7845756982113202515'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/la-vida-cada-cuatro-anos.html' title='La vida cada cuatro años'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TCGOmLi7DqI/AAAAAAAAAXM/CwO1U5-iddY/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-4752583747203488634</id><published>2010-06-16T06:02:00.002-04:00</published><updated>2010-06-16T06:22:50.794-04:00</updated><title type='text'>El Parque Bustamante</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TBihXkhvJII/AAAAAAAAAXE/KH4iNXdyFtQ/s1600/Parque+Bustamante.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 277px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TBihXkhvJII/AAAAAAAAAXE/KH4iNXdyFtQ/s400/Parque+Bustamante.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5483309972637820034" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Los niños que vivíamos en las calles aledañas al Parque Bustamante solíamos matar las tardes de verano entre sus verdes pastos y jardines y en ese gran hoyo de cemento que, dicen, alguna vez fue una inmensa pileta de agua, de no más de un metro de altura. Años después, cuando ya éramos jóvenes despuntando a la vida seria, la Municipalidad de Providencia convertiría ese lugar en una gran pista de juego para los &lt;i&gt;skaters&lt;/i&gt; provenientes de todos lados de Santiago. Por entonces, el parque había dejado de ser un lugar de disfrute infantil y se transitaba por ahí más como de paso, como una suerte de intermedio entre el lugar de partida y el lugar de llegada. Pero cuando éramos niños fue un privilegiado lugar de llegada a tan solo a unas cuadras de la casa familiar.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El Parque Bustamante es una larga faja que consta de unas tres manzanas de dispar extensión, desde la estatua de Baquedano hasta los juegos infantiles casi al llegar a la calle Marín. Antiguamente pasaba por ahí el tren hacia Puente Alto, cuando Santiago tuvo la oportunidad de ser una ciudad moderna, con un sistema de trenes suburbanos similar, aunque más acotado, al de Buenos Aires. Nosotros vivíamos muy cerca de la parte del parque donde aún existe un gran escenario disponible para diversos espectáculos. Ese lugar con una gran explanada de tierra, donde en más de alguna ocasión jugamos eternas pichangas, pronto va a desaparecer para dar paso a la construcción de un gran Teatro Municipal, moderno y espacioso, como alternativa artística al que existe tradicionalmente en la comuna de Santiago Centro.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;El Parque Bustamante fue el lugar en donde giraba gran parte de la vida comunitaria que algunas familias del sector pretendieron llevar en torno a la Parroquia Italiana. Allí, los niños de la “comunidad” nos educamos, ya sea en el propio jardín infantil de la iglesia o en el mítico Liceo a unas pocas cuadras, casi en la esquina con Santa Isabel. Los domingos nos llevaban a la misa de diez, porque la de las once era en italiano y a la de las doce, nos decían, iban los paltones del barrio y eso resultaba desagradable. La misa de las diez, además, era la organizada por el grupo scout de la parroquia, donde participaban todos mis hermanos. Además, después quedaba tiempo para organizar el almuerzo familiar. En la misma parroquia había un sector, también, en donde trabajaban mis tíos en la oficina de acogida a los inmigrantes y en el fondo de una bodega había un gran piano en donde mi hermano mayor ensayaba algunos mínimos acordes de Beethoven o Mozart. En ese contexto, éramos nosotros, los niños pequeños del barrio, los actores obligados de la fiesta navideña, disfrazados de rey mago, apóstol o niño Jesús. Éramos nosotros, los niños del barrio, los animadores del fogón de Navidad y los participantes entusiastas del gran bingo bailable de fin de año. Pese al contexto de una infancia signada por una dictadura militar, los adultos organizados en torno al catolicismo quisieron marcarnos con la idea de una educación religiosa, sencilla, simple y fraterna, con un cierto grado de protección respecto a la violencia soterrada de “allá afuera”. Pero en el caso nuestro, todo eso se fue apagando poco a poco por un quiebre familiar abrupto que fue confinándonos, silenciosamente, a una vida dentro de cuadro paredes, con escaso acento en la vida social. Como si no hubiese bastado la sombra de una bota militar que pisoteaba, a diario, violentamente, una infancia manchada por las noticias de muerte, dolor y desapariciones, una infancia de juguetes rotos y juegos prontamente acabados. &lt;/span&gt;&lt;/p&gt;  &lt;p class="MsoNormal" style="text-align:justify"&gt;&lt;span lang="ES-CL"&gt;Pese a todo, el Parque Bustamante fue de esos lugares necesarios para una buena infancia. El lugar de esparcimiento y encuentro de gente de diversas condiciones sociales: desde los que vivían en las grandes casas hasta los que bajaban de los edificios aledaños pasando por quienes vivían en los ya casi desaparecidos conventillos del sector. Fue el espacio necesario para salir de las paredes del asfixiante hogar. El rincón donde podíamos estar solos sin que ningún adulto nos dijera lo que debíamos o no debíamos hacer. Entre sus, por entonces, frondosos jardines, íbamos a cazar mariposas, a columpiarnos eternamente y a pegarle a una pelota a la esquina de un arco imaginario, formado por un árbol y una polera. El Parque Bustamente fue el necesario lugar para comenzar a extender las fronteras de la infancia. Ese espacio que inicialmente era un gran cuadrante formado por las calles Seminario, Marín, Av. Providencia y Salvador se extendía gracias al Parque. La frontera se corría un poco más y nos acercaba a la Avenida Vicuña Mackenna, donde, nos decían, la vida transcurría más salvajemente, más desprotegida, más peligrosa, en torno al comercio y el paso de las viejas micros, a los lanzas y la gente de "mal vivir". De allí llegaban a veces el olor de los gases lacrimógenos y las historias de robos y raptos, la sensación de una vida mucho más amplia y compleja que prontamente comenzaríamos a descubrir. El Parque Bustamante fue el muro que luego iríamos a derrumbar para dar paso a la verdadera ciudad.&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-4752583747203488634?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/4752583747203488634/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/el-parque-bustamante.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4752583747203488634'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4752583747203488634'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/el-parque-bustamante.html' title='El Parque Bustamante'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TBihXkhvJII/AAAAAAAAAXE/KH4iNXdyFtQ/s72-c/Parque+Bustamante.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-8947766224135438698</id><published>2010-06-01T16:17:00.003-04:00</published><updated>2010-06-01T16:25:22.901-04:00</updated><title type='text'>El nombre y la tinta del poder</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TAVsTX8vTSI/AAAAAAAAAWk/dV1x1TYlalI/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 116px; DISPLAY: block; HEIGHT: 106px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5477903601868164386" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TAVsTX8vTSI/AAAAAAAAAWk/dV1x1TYlalI/s400/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Este film documental se estrenó en nuestro país en 2008. Su difusión a través de los medios fue escasa. El mismo &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt; y, extrañamente, también &lt;em&gt;La Tercera&lt;/em&gt;, los principales periódicos del país, con suerte fijaron su existencia en cartelera. Estos gigantes comunicacionales pagaban así con su silencio cualquier posible ofensa. Tras su milagrosa permanencia por varias semanas en el circuito alternativo de cines (entiéndase por esto las salas Normandie y Alameda, principalmente), salió prontamente a la venta en kioscos a través de &lt;em&gt;The Clinic&lt;/em&gt;. De ahí en más, su vida pública se remite a la de los foros universitarios y las clases de periodismo, si esos profesores encargados de enseñarles a sus estudiantes están pensando, efectivamente, en la buena y necesaria formación de sus futuros profesionales.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;El diario de Agustín&lt;/em&gt; habla, por sobre todo, del poder. Del poder que no se toca. Del poder que es capaz de acallar, mentir e inventar para seguir manteniendo su poder. Del poder del ejercicio periodístico a la orden de una ideología. Su tesis y sus argumentos son claros. Su verdad es terrible. No hay color político que lo pueda desmentir. Y, sin embargo, sigue actuando. Un estudiante me comenta en los pasillos de una universidad que, inesperadamente, tras ser anunciada su proyección a través de Televisión Nacional de Chile, de un día para otro, simplemente no se dio. Y nadie dio explicaciones. Y si las dieron, no apareció en los medios. Millones de chilenos se quedaron sin verla de manera gratuita por la pantalla abierta. Su incomodidad, su verdad que incomoda, la hace no solo un objeto molesto. Su incomodidad no hace más que reafirmar su importancia y necesidad para una sociedad que aún, veinte años después de recuperada la democracia, sigue manteniendo y reafirmando las distancias entre ricos y pobres, informados y desinformados, poderosos e hijos de vecino, una sociedad cuyo eje es la desigualdad, una sociedad cuya base son unas centenas de familias añosas que se resguardan entre sí. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;El diario &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt; sigue siendo hoy un diario poderoso y eso las nuevas generaciones lo tienen que saber. Y, sobre todo, tienen que saber que aún no se ha desdicho de su pasado como sí lo han hecho otros actores relevantes de la vida pública de las últimas décadas de nuestro país. Su pasado sigue siendo el mejor estandarte de su presente, de lo que ha significado este diario para la vida nacional. Su historia no solo remite a la historia de Chile desde mil ochocientos veintitantos. Su historia es la historia de una familia –los Edwards- y de cómo han ido construyendo a la par nuestra nación bicentenaria. Este documental, por tanto, es solo una parte, la de los últimos treinta años, de una historia mucho más larga y con mayores consecuencias para la forjación de una nación. Entender algo su historia es entender la historia de nuestro país. Si alguien pretende empezar a entenderla en su complejidad, los libros &lt;em&gt;Intervención norteamericana en Chile, La guerra y la paz ciudadana &lt;/em&gt;y &lt;em&gt;Cara y sello de una dinastía&lt;/em&gt;, nos hablan, cada uno desde su propio rincón, de otras aristas de esta larga historia que ojalá alguien, alguna vez, se atreva a contar de manera articulada. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Un documental como este no solo es un acto refrescante de periodismo y creación audiovisual a la vez. Es también un acto de valentía. Tanto el grupo de estudiantes tesistas de la Universidad de Chile, quienes son los que llevan a cabo la investigación, como el realizador Ignacio Agüero, tienen el mérito de darnos a conocer cuáles son, en parte, algunos de los mecanismos del poder y lo caradura que ha que hay que ser para defender a rajatabla hasta la más mínima cuota de ese poder. Ignacio Agüero merece un comentario aparte. Su filmografía nos tiene acostumbrados a la visión del mundo con ojos bien abiertos. Nos abre ventanas y nos hace pensar. Nos emociona y nos indigna. &lt;em&gt;Cien niños esperando un tren&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Aquí se construye&lt;/em&gt; son buenos ejemplos de esta sensibilidad documental. Sus obras son simplemente eso: documentos. Pedazos de realidad. Fragmentos de una historia que se nos va y que a veces no queremos entender. Debiéramos agradecer a estas personas su coraje, su talento y su intencionalidad. Gracias a este tipo de trabajos entendemos un poco más, o hacemos el intento de hacerlo, los vaivenes de una nación que al cumplir doscientos años es aún un paño de lágrimas y sangre y un campo en disputa. Un vecino odiado por su altivez de nuevo rico, pero que, sin embargo, sigue siendo aún muy pobre en espíritu. Obras como estas ayudan a enaltecer esa pobreza. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-8947766224135438698?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/8947766224135438698/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/el-nombre-y-la-tinta-del-poder.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8947766224135438698'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8947766224135438698'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/06/el-nombre-y-la-tinta-del-poder.html' title='El nombre y la tinta del poder'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/TAVsTX8vTSI/AAAAAAAAAWk/dV1x1TYlalI/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-6533638338712889539</id><published>2010-05-21T01:34:00.003-04:00</published><updated>2010-05-21T02:51:00.804-04:00</updated><title type='text'>Como en el 70 y el 96</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S_YbeKACzvI/AAAAAAAAAWc/BPtUIzuu9jY/s1600/30024_1465470314696_1171665937_1344074_6227124_n.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 300px; height: 200px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S_YbeKACzvI/AAAAAAAAAWc/BPtUIzuu9jY/s400/30024_1465470314696_1171665937_1344074_6227124_n.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5473592602009980658" /&gt;&lt;/a&gt;Por tercera vez en su historia, por tercera vez en 51 años de Copa, la U alcanza las semifinales de la mítica Libertadores de América, ese trofeo tan preciado. Dejando de lado al último campeón brasileño. Sin un estadio fijo donde jugar. Haciendo de local en Sausalito, en el Monumental y Santa Laura. Jugando a veces con oficio copero. Jugando a veces mal. Con nueve partidos invicto. Con tres empates a última hora. Ganando en Lima. Ganando en Maracaná. Sufriendo. Sobre todo, sufriendo. Sufriendo como solo este club lo sabe hacer. &lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La historia no es nueva, pero esta vez tiene condimentos muy especiales. En el año 70, cuando ya se apagaban los últimos estertores del &lt;i&gt;Ballet azul&lt;/i&gt;, el gran equipo de los años 60 que ganó todo a nivel nacional, pero que nunca pudo validar sus réditos a nivel internacional, se llegó a las semifinales de la Copa en partido de definición con Peñarol en cancha neutral. Los uruguayos habían ganado en el Centenario y la U lo había hecho en el Nacional. Pero en caso de empate, la diferencia favorecía a los carboneros. Dicho y hecho. 2-2 en el conteo final y las crónicas hablan de un rebote que dio Adolfo Nef, que hubo falta de por medio, que gracias a ese gol tránsfuga los uruguayos recibieron los honores propios de una final que luego no ganarían.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La historia del año 96 la puedo contar más vívidamente porque la viví de cerca como hincha. Se trataba de un muy buen equipo que había salido campeón nacional los dos últimos años y tenía jugadores de experiencia y en su mejor momento futbolístico. Dirigidos por el argentino Miguel Ángel Russo, en ese equipo brillaban -puedo recitar casi de memoria- Sergio Vargas, Cristian Castañeda, Cristian Traverso, Ronald Fuentes, Miguel Ponce, Luis Musrri, Patricio Mardones, Esteban Valencia, Leonardo Rodríguez, Rodrigo Goldberg y Marcelo Salas, junto a Víctor Hugo Castañeda, Walter Silvani y algún otro que se me pueda escapar. Ese equipo nunca ganó de visita, pero clasificó en octavos en Montevideo y en cuartos en Guayaquil. En primera ronda, les ganó a la UC, Botafogo y Corinthians. En octavos eliminó por penales a Defensor. En cuartos dejó de lado al Barcelona ecuatoriano y en semifinales se rindió ante un muy buen equipo como el River Plate de Enzo Francescoli, Hernán Crespo, Ariel Ortega y otros, ante la ayuda poco ilustre, vergonzosa, de un pésimo árbitro ecuatoriano de apellido Rodas, que recordaremos por siempre por su descarada hipocresía de no cobrar uno de los penales menos dudosos y más impúdicos a la vez de toda la historia de la Copa: el de Germán Burgos sobre el Huevito Valencia, que pudo haber cambiado la historia. Esa vez el llanto de impotencia y rabia nos sumió a varios en una mudez de semanas, meses, años.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Catorce años después nuevamente un dichoso equipo azul vuelve a restaurar la alegría de estar situado en estas instancia mayores, entre los mejores equipo del continente. Probablemente menos vistoso que el del 96, pero tanto o más copero. Un equipo adiestrado por el uruguayo Gerardo Pelusso, quien justo hace catorce años estaba dirigiendo a Iquique, luego de un mal paso por Everton, y que llega a esta instancia por segunda vez consecutiva, luego de haber llegado hasta acá el año pasado con Nacional. Es que el tipo ha demostrado que algo sabe. Sabe, por sobre todo, armar un equipo bien estructurado, equilibrado y capaz de desnivelar en cualquier cancha. Tiene, además, a un grupo de jugadores hambrientos de gloria, pero que también saben jugar al fútbol. Se trata de la misma base que llegara a octavos el 2009 dirigidos por Sergio Markarián y a cuartos de la Sudamericana del mismo año con José Basualdo. Ese mismo equipo, cuya base está compuesta por Miguel Pinto, José Contreras, Rafael Olarra, José Rojas, Manuel Iturra, Felipe Seymour, Walter Montillo y José Manuel Olivera, más los uruguayos Mauricio Victorino y Fernández, los argentinos Matías Rodríguez y Diego Rivarola y los chilenos Edson Puch y Eduardo Vargas, junto a algún otro que se me pueda escapar. Sus nombres quedarán marcados a fuego, porque ya forman parte de la historia de este querido club chileno, especial por lo atípico (de origen universitario, pero con gran arraigambre popular; un club que nunca ha contado con un estadio propio y que sin embargo semana a semana moviliza a miles de personas en todos las canchas donde se presenta a jugar), siempre aguerrido y con una mística difícil de explicar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La U clasifica una vez más a unas semifinales de Copa Libertadores y la hazaña se vive a full en un Santa Laura que es una caldera. Con síntomas de infarto, de pánico. De no querer seguir gritando más para no gastar aún más la voz, porque podemos guardar algo de garganta para la celebración final, esa tan esperada y liberadora de tensiones. Los campeones brasileños hacen méritos para llevarse algo más que un triunfo, pero basta el golazo de sombrero de Montillo para que la U tenga un respiro. Se clasifica perdiendo el invicto, pero se clasifica. El histórico triunfo en Maracaná ha resuelto más de la mitad de la llave. Era una jornada más con las posibilidades de abrochar una clasificación redonda, con autoridad, pero es como si la U no supiera de comodidades y buenos pasares. Todo los logros de este equipo han sido en base a sacrificio, esfuerzo y fútbol. Pero por sobre todo en base a dramatismo. Un dramatismo loco que a veces emociona hasta las lágrimas.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Terminado el partido varios decidimos descansar un rato. No solo esperando que las siempre estrechas salidas del recinto estén más fluidas, sino que simplemente tratando de reconstituir al menos una parte de una campaña histórica, especial, de cinco triunfos (tres de ellos en el extranjero), cuatro empates (tres de local) y una derrota que, sin embargo, significa el paso a la instancia de los cuatro mejores, con el derecho a seguir soñando por dos meses más cuando se reanude el campeonato, para enfrentar a los mexicanos de las Chivas de Guadalajara. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Terminado el partido sobrevienen los abrazos y las despedidas. Escuchamos de regreso el relato del gol de Montillo y luego la conferencia de prensa. Y tenemos un momento de relajo para dejar decantar algunas de las cosas que aquí se expresan, como también para poder liberar algunas de las tensiones acumuladas durante estos noventa minutos del deporte más hermoso del mundo. Y mañana trataremos de revivir en los diarios la historia de una Copa vivida desde adentro. De goles gritados de manera eufórica. De uñas gastadas. De saltos y cantos. De insultos y rabias. De sueños e ilusiones.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-6533638338712889539?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/6533638338712889539/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/05/como-en-el-70-y-el-96.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6533638338712889539'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6533638338712889539'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/05/como-en-el-70-y-el-96.html' title='Como en el 70 y el 96'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S_YbeKACzvI/AAAAAAAAAWc/BPtUIzuu9jY/s72-c/30024_1465470314696_1171665937_1344074_6227124_n.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-6576692652619735827</id><published>2010-05-18T19:23:00.004-04:00</published><updated>2010-05-18T20:52:29.396-04:00</updated><title type='text'>Salir a pasear, salir a jugar</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S_Mi3I_jdrI/AAAAAAAAAWU/PvWv_JEtCmQ/s1600/Parque+Forestal.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 133px; height: 100px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S_Mi3I_jdrI/AAAAAAAAAWU/PvWv_JEtCmQ/s400/Parque+Forestal.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5472756302887483058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Una mañana de domingo de comienzos de la década del 80, el tío Renato nos llevó a mi y a mis pequeños hermanos (uno, dos años menor; la otra, dos años mayor) a los juegos del Parque Forestal, casi frente al Museo Bellas Artes. Junto a nuestras primas pasamos unas horas columpiándonos y trepando unos largos bloques de acero. Era común jugar con nuestras primas de más o menos la misma edad nuestra; lo que no era común era haber llegado hasta allí: una de las cosas que marcaron nuestra infancia fue el encierro. Por eso, cada vez que salíamos a algún lugar de la ciudad esta quedaba grabada para siempre no tanto por sus propias características llamativas sino que por lo novedoso del asunto. El hecho mismo de salir del hogar. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El niño, por lo general, vive la mayor parte de su tiempo encerrado. Si en los primeros años los motivos se relacionan con la preocupación por posibles enfermedades, el frío o la absoluta dependencia, en los años posteriores se relaciona con la inserción en las instituciones educativas que lo acogen y moldean. Solo quedan las horas muertas de la tarde y las horas muertas del fin de semana. A nosotros nos tocó, además, una simbólica forma de encierro. Tuvimos una madre fallecida muy tempranamente y un padre que a partir de entonces se fue recluyendo cada vez más hasta el más absoluto y asocial de los enclaustramientos, acarreando consigo, en parte, a sus pequeños huérfanos, debidamente educados para conservar el respeto y no hacerlo rabiar, según nos había pedido nuestra madre el día de su despedida en su lecho de moribunda. Dadas esta circunstancias tan poco afortunadas, salir más allá del patio o de la acera del frente o del otro parque que apenas quedaba a dos cuadras de la casa se convirtió, entonces, en todo un suceso precisamente por su escasez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Muy pocos fueron lugares que visitamos junto a nuestro padre. La vida, después, nos regalaría otros momentos de compañía. Pero esto hizo que la ciudad la descubriera mucho más tarde, ya con doce o trece años, cuando recién pudiera valerme con independencia. Por entonces, el clásico paseo dominical consistía en ir al Cementerio General a ver a nuestra madre y a nuestro abuelo y a una prima muerta de diabetes con apenas nueve años, a quien no alcanzamos casi a conocer. Comprábamos flores en Arzobispo Valdivieso al llegar a Avenida Recoleta y caminábamos unos diez minutos a paso lento y en silencio hasta la tumba familiar, en donde cumplíamos el rito de cambiar las flores podridas por las nuevas con agua sacada de unos tambores gigantes. Luego rezábamos algo, probablemente hacíamos algunos pequeños recuerdos y el resto del tiempo lo pasábamos corriendo y saltando sobre montículos de tierras, jugando a las escondidas en medio de las otras tumbas, revisando los nombres, las estatuas y tratando de descubrir algún mausoleo abierto. Desde entonces, supongo, proviene esa extraña fascinación que más tarde sentiría por los cementerios, como si su aire rancio a flor desencajada, su silencio apagado y su inquieta tranquilidad brindara la misma paz que nos daba entonces, un poco menos juguetones, cuando ya volvíamos a casa enfilando por Avenida Perú y luego por Purísima, para encontrarnos con esa casa que tanto nos gustaba, la casa cuya entrada de mosaico era una gran escalera, y un poco más allá pasar por ese Parque Forestal donde nunca bajaríamos porque ya era hora de ir a almorzar.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Hubo muchas ocasiones en que pudimos conocer otros lugares: el Zoológico, por ejemplo, una helada mañana en medio del Cerro San Cristóbal, o el barrio Franklin, cuando buscábamos alguna loza de baño que reemplazara a la que se había roto producto del terremoto del 85. Pero así fueron, sin chistar, nuestros escasos paseos por la ciudad junto a nuestro atribulado padre. El resto del tiempo, la mayor parte del tiempo, lo vivíamos recluidos, inventándonos juegos con los pocos niños que habían en el barrio, viendo en las mañanas los dibujos animados norteamericanos y japoneses y &lt;i&gt;Sábados Gigantes&lt;/i&gt; a la hora de la once, y los domingos el &lt;i&gt;Magnetoscopio musical&lt;/i&gt; y el &lt;i&gt;Jappening con Já&lt;/i&gt;, que eran algunos de los escasos programas que animaban la subdesarrollada oferta televisiva de tres canales. Lo otro era jugar solo, en la más absoluta y hermosa de las soledades, quizás, la mejor forma de entretención del niño, rodeado de sus propias inventivas y reglas, con cuentos que nadie le cuenta, solo él.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;Las otras salidas a jugar corrían por cuenta de nuestros tíos Renato y Nancy, cuando en un arranque de bondad nos sumaban a sus hijas o junto a los padres de los primeros amiguitos. En una ocasión, la tía Nancy nos llevó un día al circo en plena Plaza Baquedano, en el mismo lugar donde hoy se emplaza el celular gigante de la Telefónica. Con la mamá del Figueroa, en cambio, amigo de barrio y de escuela a la vez, pasamos una tarde entera en Fantasilandia, en el Parque O'Higgins, una tarde de esas de sábado, largas, intensa e inolvidables, para volver exhaustos a casa, de noche, a dormir felices.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;El mapa imaginario que por entonces era Santiago se fue completando más tarde, como un puzzle suspendido en el tiempo, a medida que la sociabilidad escolar se acrecentó, pero por entonces salir a pasear, salir a jugar podía considerarse apenas un eufemismo, una gota de risa en medio del panorama desolador de una casa habitada por la muerte y una ciudad custodiada y fisurada por el ruido de las botas militares. Una casa en donde la palabra juego siempre tuvo una pequeña mancha, algo de adultez abrupta, temprana, no invocada sino presencial, fantasmal, como el letargo de un juguete roto. Y una ciudad en donde el caceroleo en medio de la noche oscura era un juego peligroso por los sapos y las balas perdidas. En este contexto, salir a pasear, salir a jugar significaba liberarse de unas paredes altas y oscuras. Un mínimo arresto de felicidad. Los primeros escarceos de una adolescencia callejeada que más tarde vendría a revertir el tiempo agrio del pequeño reo enjaulado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: left;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-6576692652619735827?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/6576692652619735827/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/05/salir-pasear-salir-jugar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6576692652619735827'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6576692652619735827'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/05/salir-pasear-salir-jugar.html' title='Salir a pasear, salir a jugar'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S_Mi3I_jdrI/AAAAAAAAAWU/PvWv_JEtCmQ/s72-c/Parque+Forestal.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-2713532172931060166</id><published>2010-04-13T19:47:00.003-04:00</published><updated>2010-04-13T20:09:51.672-04:00</updated><title type='text'>Algunas cosas sobre la ciencia astronáutica</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S8UHUYQHhfI/AAAAAAAAAVk/5S3wIlEBi4g/s1600/rockets.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 150px; height: 99px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S8UHUYQHhfI/AAAAAAAAAVk/5S3wIlEBi4g/s400/rockets.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5459778169945425394" /&gt;&lt;/a&gt;Está claro que el mejor cine casi nunca llega a las grandes salas y casi nunca es visto por masas de gente haciendo fila, &lt;i&gt;pop corn&lt;/i&gt; en mano, por varios minutos. Salvo, claro, fortuitas excepciones de cine bueno con ganancias.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Algunas de las mejores películas (aquellas capaces de entregarte una verdadera experiencia de cine, es decir, olvidarte, realmente, entre otras cosas, de toda la furia citadina de allá afuera y de toda la furia psicológica de acá adentro, en pos de una historia bien contada) apenas aparecen en algunas salas olvidadas. Aquellas películas que constan de dos requisitos básicos: una &lt;i&gt;buena&lt;/i&gt; historia y &lt;i&gt;bien &lt;/i&gt;contada.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A propósito de una muestra de lo mejor de los últimos cinco años del Festival de Sundance, surge una película como esta: &lt;i&gt;Rocket science&lt;/i&gt;, premiada en 2007. Una película de esas que son entrañables por la mirada sugestiva, sensible, de un director dispuesto a entregarte una historia llena de detalles, puntos de fuga, algunas ideas claras y otras muchas aún por descubrir. La historia de un joven de una típica &lt;i&gt;high school&lt;/i&gt; norteamericana, tartamudo e inhábil socialmente, que por razones anexas a su voluntad termina siendo involucrado en los clásicos torneos de debates por una chica tan exitosa como utilitarista.   &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Una de esas películas que retratan la adolescencia, &lt;i&gt;cierta&lt;/i&gt; adolescencia que todos alguna vez nos tocó vivir. Esa adolescencia absoluta de paveza. Llena de tiempos muertos como de segundos cargados de intensidad. Prodiga en ridiculeces y esperanzada ante el mundo difícil de comprender aún. Cargada de amor y cargada de furia. Esa edad incógnita en donde nada parece resuelto y, sin embargo, cuán parecidos somos después a esa cosa rara que fuimos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Creo que este tipo de películas (recuerdo ahora otra muy entrañable: &lt;i&gt;¿A quién ama Gilbert Grape?&lt;/i&gt;) de pronto alimenta una cierta nostalgia. Ese espejo roto que alguna vez fuimos. Esa cosa irresuelta llena de sueños y anhelos difíciles de alcanzar. Esa guitarra partida en dos con las cuerdas al aire, disonante, absurdo, inútil. Nostalgia de lo absurdo que fuimos y que, sin embargo, a veces quisiéramos volver a ser. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-2713532172931060166?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/2713532172931060166/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/algunas-cosas-sobre-la-ciencia.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2713532172931060166'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2713532172931060166'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/algunas-cosas-sobre-la-ciencia.html' title='Algunas cosas sobre la ciencia astronáutica'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S8UHUYQHhfI/AAAAAAAAAVk/5S3wIlEBi4g/s72-c/rockets.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-4570141346882923196</id><published>2010-04-09T10:56:00.003-04:00</published><updated>2010-04-09T11:42:13.829-04:00</updated><title type='text'>Huacho</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S79KBgO2qGI/AAAAAAAAAVc/xXvcWHzsEUE/s1600/huachos.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 99px; height: 135px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S79KBgO2qGI/AAAAAAAAAVc/xXvcWHzsEUE/s400/huachos.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5458162663088892002" /&gt;&lt;/a&gt;Esta es una película chilena que contó con financiamiento de organizaciones francesas. De lo contrario, difícilmente se podría haber realizado. Fue premiada, además, en Sundance.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;i&gt;Huacho&lt;/i&gt; es una película que retrata la parte olvidada de nuestro país. La de esos protagonistas cotidianos, comunes y corrientes, que día a día hacen frente a la vida en medio de una sociedad cambiante, que bombardea consumo y exije el éxito.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los protagonistas de &lt;i&gt;Huacho&lt;/i&gt; son cuatro y el eje es el niño sin padre. Símbolo de nuestra sociedad de siglos. La del padre ausente. Para profundizar en esto basta revisar el clásico de Sonia Montecinos, &lt;i&gt;Madres y huachos&lt;/i&gt;, o el reciente &lt;i&gt;Ser un niño huacho en Chile&lt;/i&gt;, de Gabriel Salazar. Ambos textos hacen uso de esta voz mapuche para retratar el descalabro social de una nación construida a partir de la fuerza extendida por la madre para sostener al núcleo familiar, ante el desaparecimiento del padre que no asume su responsabilidad, que es alcohólico o trabaja en varias partes como &lt;i&gt;gañán&lt;/i&gt; y tiene varios hijos repartidos por ahí. En esta película que parece documental no se cuestiona para nada esta ausencia. Simplemente el padre no está. Y eso parece asumido. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El escenario es algún lugar campestre cercano a Chillán, en el corazón de nuestro Chile sureño. Como lámpara que rota, la película empieza con todos juntos y luego se disgrega para seguir las actividades de un personaje durante todo el día, para luego volver al punto de partida (que es cuando se apaga la luz a la hora del desayuno) y empezar con otro personaje. Y así terminar todos juntos otra vez, a la hora de la &lt;i&gt;once-cena&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La abuela. Ella hace quesos y los vende en la carretera. La leche que viene de un fundo ha subido unilateralmente y el queso se debe vender más caro. Pero la abuela no es buena vendedora y los compradores se aprovechan. Al final, lo que importa es llegar a la noche con unas luquitas bajo el brazo. La abuela es silenciosa y ordena las cosas de la casa. La abuela mantiene el orden del ranchito. La abuela es la matriarca.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La madre. La hija de la matriarca. Trabaja en un fundo donde se realizan visitas turísticas y se les da comida a los turistas. Su labor es estar en la cocina. Pero también pagar las cuentas de su casa. La luz se ha apagado en su casa porque en vez de pagar la cuenta decidió comprarse un vestido azul en &lt;i&gt;Almacenes París&lt;/i&gt;. Las razones no se explican, pero se pueden deducir. Se ve en su cara la insatisfacción, el deseo de tener más. Su rostro es el rostro de miles de chilenos endeudados subsumidos por el crédito fácil. La madre pide permiso a su jefa para partir a Chillán a pagar la cuenta de luz. Para tal efecto, se pone el vestido azul. A la ciudad, se va elegante. Ya en la tienda, se lo cambia en los probadores y lo puede devolver. Luego, va a pagar la cuenta de luz. El resto del día es un paseo solitario por las tiendas de la ciudad y el brillo de las vitrinas no refleja más que el recuerdo de lo que no se tiene.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El abuelo. El esposo de la matriarca. El padre de la madre. Toda su vida la ha pasado en el campo. Pero ahora está viejo y lento. Es de hablar pausado, parsimonioso, pero su hablar está lleno de historias, muchas de ellas que no interesan para nada al niño. Debe trabajar solitario en un fundo levantando una cerca. Al terminar la jornada, lo mejor es pasar a un barcito campesino, típicamente oscuro, donde todos los hombres de campo se toman sus copas para recomponerse de los daños del sol. Al final hay que ir a buscarlo para que no se quede más tiempo de lo conveniente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El niño. El hijo de la madre. El nieto de los abuelos. El &lt;i&gt;huacho&lt;/i&gt;. Tiene la edad de un estudiante de séptimo u octavo básico y va a un colegio que parece ser particular o particular subvencionado, por la calidad de las instalaciones, por la ropa de los estudiantes y por los compañeros que tiene, los cuales tienen un buen nivel de habla y manejan a diario juegos electrónicos. El niño no quiere ir al colegio. Le cuesta levantarse. Luego, entendemos por qué. Es excluido. No es querido. Sus compañeros rubios le dicen el &lt;i&gt;indio&lt;/i&gt;. Y lo dejan de lado de la &lt;i&gt;pichanga&lt;/i&gt; del recreo y no comparten con él el &lt;i&gt;nintendo&lt;/i&gt;. A la salida del colegio se va a jugar solo a un centro de juegos con las monedas que ha podido recolectar revisando las otras máquinas. Su situación tiene muchos más matices que mejor vale descubrir viendo la película. Pero su caso es también el caso de otro miles de niños chilenos que están siendo educados en nuestro país y no tienen las herramientas necesarias para sobrellevar a las condiciones ambientales amenazantes, poco gratas, de algunos centros educativos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En definitiva, &lt;i&gt;Huacho&lt;/i&gt; es de esas películas que enaltecen nuestro cine. Lástima que su circulación se reduzca a las salas de cine arte y no pueda extenderse a un público más amplio. &lt;i&gt;Huacho&lt;/i&gt; es una película que todo sujeto preocupado de lo social tiene que ver.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-4570141346882923196?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/4570141346882923196/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/huacho.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4570141346882923196'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4570141346882923196'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/huacho.html' title='Huacho'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S79KBgO2qGI/AAAAAAAAAVc/xXvcWHzsEUE/s72-c/huachos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-2816425909889898420</id><published>2010-04-08T17:53:00.003-04:00</published><updated>2010-04-08T22:33:32.078-04:00</updated><title type='text'>No importa el estadio; no importa el marcador</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S76Pol4NfbI/AAAAAAAAAVU/Mua9nTuG-3k/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 120px; height: 120px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S76Pol4NfbI/AAAAAAAAAVU/Mua9nTuG-3k/s400/images.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5457957725945036210" /&gt;&lt;/a&gt;Esta crónica consta de dos actos transcurridos en el lapso de tres semanas. Los protagonistas son prácticamente los mismos, pero en diferentes escenarios. Las emociones son también similares, aunque no es lo mismo estar rodeado de treinta mil personas que solo frente a un computador.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El título tiene que ver con un lienzo que frecuentemente aparece en los estadios adonde va a jugar la U. Desconozco quiénes son sus creadores. Pero sí sé que si alguna vez hubiera tenido el arranque de hacer un lienzo, hubiera puesto una frase como esa, una frase que sin duda debe identificar a varios locos azules más. Hace quince años se hizo frecuente uno que decía "Sentimiento inexplicable". A varios les gustó. Pero luego se me volvió cliché. Este en cambio condensa en una leve yuxtaposición que incluye una anáfora dos de los sentimientos más genuinos de los hinchas azules expresados poéticamente: el ir siempre a todos lados y el volver sin que el resultado sea determinante cuando es más relevante, en verdad, el viaje mismo, el solo hecho de partir junto a la camaradería que suscita todo viaje. El hecho mismo, en suma, de ir a ver a la U.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ambos actos tienen que ver con esta idea. Veamos qué dice el acto 1. Los hechos transcurrieron un 17 de marzo de 2010 en el Estadio Monumental de Colo Colo con la U haciendo de local ante Flamengo por Copa Libertadores con las tribunas llenas hasta los codos, con un ambiente copero de esos que te hacen vivir el partido a concho. Los hinchas acérrimos: Rodrigo, Roberto y quien suscribe. Y en la cancha, algunos protagonistas célebres, sobre todo del lado del Atlántico: Adriano, el emperador, y Wagner Love, el hippie goleador amigo del amor. Adriano es un crack, mete peligro, pero no el suficiente como para establecer un desequilibrio. Wagner Love, en cambio... Bueno, este muchacho tiene algo especial que hace que parezca más merecedor de una portada de revista farandulera que de una de revista deportiva. Aún así, casi echa agua a la fiesta azul con un &lt;i&gt;macé&lt;/i&gt; de izquierda que pasa cerca de uno de los postes custodiados por el uruguayo Conde.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero es por el lado de los azules por donde aparece la figura de la cancha: Felipe Seymour. Venido de un colegio particular de clase alta de la ciudad de Santiago y participante de un reality transmitido años atrás por Fox Sports, pasó casi directamente a la serie juvenil del Chuncho, haciendo un camino poco tradicional para llegar al profesionalismo. A los pocos años debutó en primera y desde hace una temporada más o menos es nombre seguro en las formaciones titulares. El golazo que le convirtió al Fla le valió una convocatoria a la Roja de Bielsa y a este comentarista una profunda herida en una pierna producto de la apasionada celebración de nuestros vecinos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La U ganó con brillo a un poderoso equipo brasileño y eso ya era suficiente para terminar los últimos segundos del cotejo sumido en el canto eufórico para más tarde concretar una buena visita a la Shopería Munich de Vicuña Mackenna y Santa Isabel. En medio del schop que alivia la garganta pastosa y los cuadros futboleros de las paredes, terminamos la noche sumidos en algunos recuerdos de antaño, otras celebraciones, otras grandes noches y un salud por Max, el amigo de viejas andanzas futboleras, que en paz descansa en medio del mar.  &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El segundo acto transcurrió hoy, 8 de febrero de 2010, hace apenas unas horas atrás. En horario diurno, tipo tres de la tarde, rojinegros y azules se vuelven a encontrar, esta vez en el mítico estadio Maracaná. Los protagonistas de la cancha son prácticamente los mismos. Los protagonistas afuera de ella también somos casi los mismos: Roberto y yo. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Concertados en proseguir la racha, convenimos juntarnos en un bar de Pío Nono a la hora del encuentro. Pero extrañamente no lo están dando en ningún bar. Problemas con la señal, nos dicen. Partimos raudamente a la casa de Roberto a verlo por Internet. ¡Pero el computador no funciona! Agotamos el último recurso y encendemos Radio Cooperativa. Y salimos saltando como locos cuando Ernesto Díaz Correa relata el gol de Montillo. Termina el primer tiempo y partimos a la casa de la hermana de Roberto a ver el segundo tiempo, ahora sí, por Internet. Somos testigos de cómo Flamengo lo da vuelta. Quedan pocos minutos y parece que tendremos una tarde de tristeza. Pero de pronto se escucha en el edificio del frente el grito desaforado de una persona que grita gol. Pero cómo. En la pantalla sale que la pelota está en el mediocampo. Entonces, entendemos rápidamente: es posible que la transmisión vía web esté desfasada. Es claro: ha habido un gol de la U. La U lo empató en el último minuto. Pero aún no lo vemos. Y solo cuando treinta segundos después vemos el zurdazo de Rodríguez creemos en los milagros y nos abrazamos y salimos a la terraza del departamento a gritar el gol como si hubiese sido en ese preciso instante. No importa. La U ha empatado en el Maracaná y sigue puntero de su grupo con una UC hundida en el fondo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A veces los partidos se viven de distinta forma. No es lo mismo un estadio que es una caldera que un departamento silencioso acompañados apenas de un perro salchicha. A veces el partido pasa a segundo plano cuando se conversan temas trascendentes de la vida cotidiana. Alguien lo está pasando mal y es bueno poder conversarlo. Un partido de la U puede motivar este tipo de cosas. No importa donde se juegue lo importante es poder estar ahí de alguna manera: en el estadio, por radio, televisión o Internet, pero estar ahí. Casado, soltero, viudo, con hijos, sin hijos, enfermo, trabajando o estudiando, pero estar ahí. El marcador termina siendo una anécdota. Lo importante es poder vivirlo. Luego cada uno retoma su vida y ya habrá tiempo para profundizar en los temas que quedaron pendientes. Ya habrá tiempo, en otro viaje, para retomar esas horas quietas en donde todo se suspende para poder dar paso a la figura del Romántico Viajero, expectante, intenso y solitario en su pasión.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-2816425909889898420?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/2816425909889898420/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/no-importa-el-estadio-no-importa-el.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2816425909889898420'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2816425909889898420'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/no-importa-el-estadio-no-importa-el.html' title='No importa el estadio; no importa el marcador'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S76Pol4NfbI/AAAAAAAAAVU/Mua9nTuG-3k/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-6496932392174498168</id><published>2010-04-05T12:33:00.005-04:00</published><updated>2010-04-05T14:11:45.699-04:00</updated><title type='text'>Niños muertos en el río</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S7om0gfSpEI/AAAAAAAAAVM/m9-iaK_Xzm8/s1600/DSCN6215.JPG"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S7om0gfSpEI/AAAAAAAAAVM/m9-iaK_Xzm8/s400/DSCN6215.JPG" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5456716582029009986" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;1. Dos padres y un bebé deciden ir a visitar a su protectora. El lugar es lejano. Hay que partir de madrugada para alcanzar a llegar de día. La casa de la protectora queda arriba de una montaña que luego habrá que bajar para volver a subir otra, unos cuantos kilómetros más allá. Pero la protectora es buena. La protectora tiene un niño en brazos y les asegura a los padres que todo estará bien. Los padres viajan hasta ella para agradecerle su protección. Llevan velas y un bebé. La protectora debe saber cuánto agradecimiento hay dentro de esos padres, pero estos se comprometieron a hacer el gesto y la quieren visitar. Cuánto antes, mejor. Cuánto antes, más contenta se pondrá ella. Ella, la virgencita.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;2. Cae la primera noche. Hay viento. Un niño llora. Han pasado trece horas de viaje para llegar a una montaña lejana, donde todas las noches, casi sin excepción, el cielo se abre para mostrar su fruto rutilante de perlas. Queda algo de luz. Un auto cae a un hoyo. Piedras. Maderas. Palanca. El ermitaño y el padre empujan. La madre maniobra. El auto sale. Queda algo de luz. Los padres abren la cabaña. Hacen la cama. Los padres ordenan la pieza. Toman sopa. Un niño duerme. Hace frío. Las montañas se cierran y descargan un hálito puro, estrellado, pero hiriente. Un niño duerme en la pieza junto a sus padres. No se vaya a resfriar. Entra viento por las ventanas rotas. Esta no es una casa normal. Es una casa de montaña y tiene las ventanas rotas. Y, sin embargo, por alguna razón inexplicable solo atribuible al cansancio, los padres no prenden la chimenea, los padres no prenden la estufa que han traído exclusivamente desde la capital. No hay derecho. Solo hay un niño envuelto en la noche. Ropas. Frazadas. Gorrito. Chales. Y el frío que se cuela por la ventana. El río que pasa junto a la cabaña suena horriblemente. No deja a los padres escuchar la respiración de su hijo. El padre no lo quiere comentar, pero escucha horribles ruidos en la noche. Horribles ruidos de niños descuartizados. Debe ser el sonido de las piedras, piensa. Pero no lo quiere comentar.&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;2. Cae la segunda noche. Un niño sonríe. Los padres deciden ir al pueblo. Dan ganas de un jugo natural después de haber pasado toda la tarde con los pies en el río. Pero algo pasa con el auto. Hay un neumático pinchado. Hay que cambiarlo. El tornillo está apretado. El padre suda. Un niño llora. Empieza a caer la noche. No hay ermitaño alrededor. Hay que cambiar la rueda como sea. Caen las gotas de sudor. La madre piensa que no podrán ir a ningún lado y que se quedarán en medio de la nada un buen rato. En medio del terrible silencio de la montaña. El padre hace todos los esfuerzos necesarios y luego de absurdos intentos logra cambiar la rueda. Las manos negras. El sudor. Hay que limpiarse con papel. Los padres van al pueblo. Por fin. Toman su jugo. Y vuelven. Ha caído la noche y esta noche, esta vez, se encenderán todos los fuegos. De la chimenea sale la tibieza necesaria para la tranquilidad. El pequeño no se va a resfriar. La madre tapa todos los hoyos de las ventanas y la pieza se vuelve un hogar. Pero allá afuera, junto al sonar del río, hay niños que gritan, hay niños que lloran. Hay pequeños fantasmas migratorios. La sombra de un niño ahogado.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;3. Cae la tercera noche. Los padres toman su sopa. Extrañamente, no hace frío. Como si la virgencita y la luna se concertaran para brindar calorcito. Pero hay que encender la chimenea igual. El padre ha pasado parte de la tarde recolectando leña en el bosque. La madre ha pasado parte de la tarde cantando y cocinando. El niño ha pasado parte de la tarde escuchando el canto del agua. El río ha pasado el día con agua disponible para un baño otoñal de montaña. Cae la noche y los padres toman su sopa. Hay sueño. Dan ganas de dormir. Hay que encender la chimenea con los leños traídos por el padre recolector. Los padres y el niño se duermen abrazados por los brazos cálidos de la chimenea. Pero en medio de la noche ya no son únicamente los niños del río los que anuncian su visita. En medio de la noche, la casa se llena de humo y el humo amenaza la frágil respiración de un niño. Los padres abren las ventanas. Hay que ventilar. Menos mal que estos padres torpes logran controlar la situación. Era solo un leño porfiado que quiso salirse del ducto de ventilación. Pero bastó esa porfiadura para abandonar todo el segundo piso a un respirar leñoso. Entra el frío por las ventanas abiertas. Como perro castigado, el humo poco a poco se disipa y deja a los padres respirar tranquilos. El niño solo ha tosido una vez y se pasa el resto de la noche en su nido especialmente preparado por estos padres locos que poco saben hacer ante este huésped silencioso. Todo vuelve a la calma y llega la madrugada entibiada por una chimenea de montaña y una estufa capitalina concertadas para brindarle a un niño el más dulce de los sueños. Pero afuera hay otros niños. Los niños que no duermen. Los niños que gritan y lloran. Uno de ellos se aparece en sueños y llora. Es pálido como la luna. Y pequeño. Es un pequeño fantasma que viene a contarle a estos padres locos que ese río que suena intenta tapar su desgracia. Pero que él no dejará de llorar.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;4. Es de día. Temprano por la mañana los padres arreglan todo lo necesario para partir. El sol se asoma por la boca de la montaña y les regala un viento cálido de despedida. Junto a la cocina a leña un niño juega con las moscas. A él se le ha asignado un despertar olvidadizo. Nada sabe de neumáticos pinchados y piezas ahumadas. Nada sabe de los niños muertos en el río. Solo mueve sus manitos y ensaya algunos sonidos, divertido en su coche, acompañado de su protectora. Ya más tarde, en medio de una parada del camino, uno de los padres se atreve a comentar los ruidos de la noche. Ambos coinciden en darle un nombre al temor. Algo relacionado con fantasmas que mejor no vale invocar. Mientras, un niño sigue respirando, acercándose a la ciudad, y a veces esboza pequeñas sonrisas. Los padres a veces piensan que es la virgencita que se manifiesta a través de él, contenta por tener a alguien a quien querer y cuidar.  &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-6496932392174498168?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/6496932392174498168/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/ninos-muertos-en-el-rio.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6496932392174498168'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/6496932392174498168'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/04/ninos-muertos-en-el-rio.html' title='Niños muertos en el río'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S7om0gfSpEI/AAAAAAAAAVM/m9-iaK_Xzm8/s72-c/DSCN6215.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-3279566931682112787</id><published>2010-03-01T00:59:00.002-03:00</published><updated>2010-03-01T02:15:12.703-03:00</updated><title type='text'>Vivir en un país catastrófico</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S4s7wxs1xXI/AAAAAAAAAVE/T7iUbdWAUNc/s1600-h/69952670.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 300px; DISPLAY: block; HEIGHT: 400px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5443510283768546674" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S4s7wxs1xXI/AAAAAAAAAVE/T7iUbdWAUNc/s400/69952670.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;Foto: Gentileza de Felipe Guerrero&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es extraño. Ya han pasado casi 48 horas desde que un tremendo terremoto y varios tsunamis han sacudido a nuestro país y recién baja una cierta angustia que hace que a esta hora de la noche, en medio del silencio que se "escucha" en la ciudad, salgan estas palabras algo atontadas e inconexas reviviendo parte de las terribles emociones experimentadas en estas horas. Como si escribir aliviara en parte los nudos apretados de una cuerda demasiado tensa y enredada como madeja de lana. Como si todo sirviera para pensar que esta noche se puede dormir un poco mejor arriba de un suelo en permanente movimiento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi hermano Felipe, el autor de la foto que acompaña esta crónica, esa cruz caída que no cae del todo, me comenta hace poco que ya van más de cien réplicas sobre grado 5 desde el terremoto del sábado 27 de febrero de 2010, a las 3:34 de la madrugada. Cada temblor fuerte hace bailar el edificio donde vivo. Cada temblor fuerte hace que con Alejandra nos movamos y levantemos y saltemos a la cuna a ver a nuestro hijo recién nacido, con los brazos extendidos por si debemos tomarlo y partir a donde el instinto de sobrevivencia nos lleve. Cada temblor fuerte es una pequeña angustia que revive.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Han pasado varias horas desde que nos despertamos una noche más con un sacudón ruidoso, un temblor más, que ya va a pasar. Pero este no pasó, este rugía, este hizo que tomara en brazos a mi hijo de dieciocho días de vida y nos pusieramos bajo un dintel piruja a que pasara todo, mientras mi esposa rogaba para que todo fuera rápido ya, pero nada era rápido, todo era como en cámara lenta, mientras el suelo se movía y se movía, hacía que nos golpéaramos nuestras cabezas, y en tanto escuchábamos cómo todo rugía a nuestro alrededor, tantas cosas que caían, yo tratando de mantener la calma y ella rezando para que todo acabara ya. Luego, un silencio prolongado todo alrededor. El silencio que viene después de toda catástrofe. Luego, moverse rápido. Vestirse. No encontrar mis lentes, ponerse los de repuesto que felizmente estaban a mano. Cortar los tapones de la luz. Ver un montón de cosas en el suelo. Vidrios. Cuadros. Libros. Salir y escuchar golpes. Gente atrapada en sus departamentos. Ayudar a botar las puertas. Todos los vecinos que se reúnen abajo. Frío. No se vaya a resfriar nuestro hijo. Alguien nos presta una frazada y lo tapamos. Subo de nuevo, pero está oscuro. Alguien me presta una linterna. Recojo una frazada y la leche que mi hijo tomará plácidamente media hora después sin enterarse de nada, para luego dormir hasta el alba. Veo un poco mejor cómo están las cosas de mi departamento. El televisor y el computador sobreviven. La biblioteca se vino abajo. El suelo está pegote. Hay restos de jugo y salsa de tomate. Sobre todo, salsa de tomate. Dos días después, el olor de la salsa aún me dan ganas de vomitar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hay mucho movimiento en el edificio. Felizmente vive entre nosotros un ingeniero de prevención de riesgos, quien lidera en materia de todas las precauciones a tomar. Cerramos las llaves de gas, abrimos el portón de salida de vehículos, constatamos de que no haya nadie más atrapado. El edificio ha resistido bien. Estamos todos afuera hasta que esclarezca. Sobrevienen las típicas conversaciones entre vecinos que apenas se conocen. De pronto vienen la Giannina y Cristian en auto junto a su hijo de un año y cuatro meses y pasamos el resto de la noche afuera escuchando la Radio Cooperativa, sintiendo nuevas réplicas, viendo a lo lejos el resplandor de los golpes eléctricos. Vamos a su edificio y ayudo a reincorporar la puerta de su departamento que desmontaron desde los postigos. Volvemos al auto y hace frío. Volvemos a nuestro edificio y vemos en el camino a mucha gente fuera de sus casas, fuera de sus edificios, agrupados, envueltos en frazadas. Siento que la compañía ayuda a pasarlo algo mejor. La compañía ayuda a botar las tensiones. La compañía ayuda a pasar la mañana juntos hasta mediodía en un improvisado campamento en el living con nuestros niños durmiendo el más inocente de los sueños. La compañía se agradece mucho, de verdad. Increíblemente, tenemos luz, agua e Internet. Tenemos, entonces, un margen de cosas prontamente resueltas. Pero vemos las noticias y poco a poco comenzamos a dimensionar a través de Televisión Nacional de Chile todo lo que ha sucedido, todo lo que está sucediendo. Mientras tanto, las conexiones telefónicas están bloqueadas y es difícil saber de familiares y amigos. Pasan varias horas más hasta enterarse que todos están bien, mientras por tevé las cifras de muertos aumentan y aumentan y esto se vuelve cada vez más trágico. Sobre todo cuando vemos edificios como el nuestro botados en el suelo como árboles podridos, pero llenos de gente atrapada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo el fin de semana consiste en llamadas y visitas breves. En ordenar de a poco el caos existente. En coordinar con gente del edificio las acciones a seguir respecto a los daños ocasionados. Converso con algunos vecinos, entro a sus departamentos y tomo registro fotográfico de los daños. De algo servirán. Algún seguro se podrá cobrar. El lunes reunión extraordinaria. Veremos qué pasa. Mientras tanto como que no hay hambre, como que no hay sueño. Hemos dormido unas pocas horas y el fin de semana consiste en ver la televisión y hablar por teléfono, en ordenar y sentir a cada rato un temblor tras otro. En impactarse con las imágenes de saqueos y el frío resplandor de la devastación que hace brillar los escombros de poblados enteros en el suelo.    &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Las cosas de la vida. A nuestro hijo le toca, el día del quinto terremoto más grande de la historia, su primer baño. Aprovechando un momento de tranquilidad, poco antes de anochecer, comenzamos nuestro familiar ritual. Sacamos fotos, grabamos un video, capturamos el momento que luego nuestro pequeño podrá recordar. Luego le damos de comer y todo transcurre como un paréntesis, el chapoteo en el agua, el llanto, el olor a piel limpia, unas sonrisitas que apenas se esbozan o queremos imaginar. Todo esto es un paréntesis. Porque a las nueve queremos estar pegados a las noticias para saber más detalles de este 27 de febrero que jamás olvidaremos, de la misma manera como nunca olvidamos el 5 de marzo de 1985, el día de nuestro último gran terremoto cuando eramos unos niños despreocupados que jugaban en la calle, a eso de las ocho de la tarde, como todo ese verano. Todo esto es un paréntesis. Porque afuera se establece la sombra de la devastación.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Chile y su loca geografía, como dijera Benjamín Subercaseux. Un país tan extraño como imprevisible que nos depara este tipo de cosas. Un país acostumbrado a las catástrofes: desbordes de ríos, anegamientos, aluviones, explosiones de volcanes, tsunamis, terremotos. un país que cada cierto tiempo se inmoviliza y se para, donde todo se vuelve caótico y luego todo vuelve a funcionar de nuevo. Un país trágico en la piel. Un país tan acostumbrado a los golpes que los golpes lo han vuelto duro y resistente. Un país que se cae y se levanta. Tropieza, vuelve a caer y vuelve a levantarse. Un país loco, rodeado de mar y montañas, desiertos y bosques. Un país acostumbrado a vivir bajo el yugo poderoso de la naturaleza. Inclemente. Tirano. Castigador. Este país, esta tierra donde vivimos. Este trueno, este llanto, este silencio; esta ironía, este miedo, este insomnio; este descalabro, este cataclismo; esta fisura, esta herida. Este país.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-3279566931682112787?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/3279566931682112787/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/03/vivir-en-un-pais-catastrofico.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3279566931682112787'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3279566931682112787'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/03/vivir-en-un-pais-catastrofico.html' title='Vivir en un país catastrófico'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S4s7wxs1xXI/AAAAAAAAAVE/T7iUbdWAUNc/s72-c/69952670.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-2425961191593957043</id><published>2010-02-19T15:59:00.013-03:00</published><updated>2010-02-19T22:07:06.614-03:00</updated><title type='text'>Romántico viajero</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38ue8x4JdI/AAAAAAAAAT8/IC1b2SckIgs/s1600-h/DSCN0685.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440117984133129682" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38ue8x4JdI/AAAAAAAAAT8/IC1b2SckIgs/s320/DSCN0685.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Fotos: Gentileza de Roberto Cabrera&lt;/span&gt; &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Copa Libertadores 2010. Nuevamente el sueño de lo imposible. La anhelada copa. La obsesión. El deseo de gloria. De querer ser un grande de Sudamérica. De quedar por siempre en los anales de la historia. Primer desafío internacional del año y la U se enfrenta a Caracas en Viña del Mar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Como dice el viejo himno del club, como "románticos viajeros" nos dirigimos "más allá del horizonte" para ir a ver a la U, como fieles hinchas, una tarde calurosa de febrero junto a Aldo y Roberto (otros ya viejos hinchas azules como yo, de esos que fuimos por primera vez al estadio a mediados de los años 80 acompañados por nuestros padres o hermanos mayores) en dirección a la costa para presenciar en directo el debut copero de nuestra querida institución.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;¿Por qué Viña? Porque el mítico Nacional está siendo remodelado. Porque otros clubes como Unión y Colo Colo no prestan sus recintos a la marea azul. Porque la U no tiene estadio. ¿Por qué la U no tiene estadio? La historia es larga. En al menos tres ocasiones se estuvo relativamente cerca de concretar &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38vHUCzsFI/AAAAAAAAAUE/R1qMyd1Mu-w/s1600-h/DSCN0689.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440118677572923474" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38vHUCzsFI/AAAAAAAAAUE/R1qMyd1Mu-w/s200/DSCN0689.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;algo así, en los años setenta, ochenta y noventa. Alguien algún día debe contar esa historia. Es una cargada de tragedias y dolores, que va desde lo pusilánime y poco ambicioso de los dirigentes antiguos, cuando la U efectivamente representaba a la universidad estatal, hasta el descarado robo y saqueo del club de dirigentes asociados al régimen militar que ni siquiera vale la pena nombrar. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;La U debe ser un caso único en el mundo. Si en los años cuarenta a sesenta representaba a un sector de clase media estudiantil y profesional, a partir del Ballet Azul de la década del sesenta poco a poco logró expandirse en la población hasta obtener a fines de los años ochenta y comienzos de los años noventa un carácter popular tan creciente como &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38vXZBFL7I/AAAAAAAAAUM/GC5dC0Pk--Y/s1600-h/DSCN0693.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440118953785765810" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38vXZBFL7I/AAAAAAAAAUM/GC5dC0Pk--Y/s200/DSCN0693.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;impresionante y difícil de explicar cuando se considera el dato poco triunfalista de que entre 1969 y 1994 pasaron veinticinco años sin obtener títulos nacionales ni logros de ningún tipo. Es decir, la U se fue haciendo más popular a medida que más se hundía a nivel institucional y deportivo hasta el punto de que en 1988 cae, por primera y única vez, a la segunda división profesional. El día del ascenso, un día de enero de 1990 en Curicó, refleja en gran parte ese inexplicable fervor. Roberto estuvo allí ese día en medio del clásico cerro que está detrás del viejo estadio La Granja. Su relato se agrega al de muchos más que tienen historias vividas de esos días de sufrimiento.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38vjh7UHoI/AAAAAAAAAUU/CB1_zTHTxc8/s1600-h/DSCN0698.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440119162335927938" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38vjh7UHoI/AAAAAAAAAUU/CB1_zTHTxc8/s200/DSCN0698.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;Es por esto en parte, esta extraña condición de "no lugar", la que hace del club algo excepcional y a sus hinchas dueños de una mística difícil de replicar. Esa mística tiene su origen en el juego aguerrido que siempre mostraron los diferentes equipos desde que en 1938 debutaron en primera división y se confirma año a año por la multitudinaria hinchada que acompaña cada juego de los azules. Y esa mística vuelve a refrendarse una vez más por la situación actual de no tener un lugar est&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38xu02gCpI/AAAAAAAAAU0/3SYCHVE1G9Y/s1600-h/DSCN0695.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 150px; FLOAT: right; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440121555417827986" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38xu02gCpI/AAAAAAAAAU0/3SYCHVE1G9Y/s200/DSCN0695.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;able donde hacer de local, haciendo que el movimiento de banderas y poleras un día se traslade a Coquimbo, otro a Valparaíso, otro a Rancagua, otro a Viña, sin importar el estadio, sin importar el marcador.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Junto a mis estimados contertulios, como diría Máximo Clavería, enfilamos por la ruta 68 y casi en caravana nos confundimos con decenas de autos y micros repletos de hinchas. La hora y media que separa la ciudad jardín de la capital se hace corta recordando anécdotas y contando todo tipo de historias. Hacemos un alto en un almacén en lo alto de la ciudad para aprovisionarse de unos sandwiches de jamón y queso y de algún refresco para el calor y llegamos directamente a Sausalito, el hermoso estadio mundialista de la ciudad junto a la laguna del mismo nombre, luego de dejar bien estacionado nuestro vehículo frente al Sporting Club. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El estadio se repleta de gente venida de todas partes, no solo de Santiago, sino que tambi&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38yVGZ5chI/AAAAAAAAAU8/zR9RgUU7PE0/s1600-h/DSCN0705.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 150px; FLOAT: right; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440122212964725266" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38yVGZ5chI/AAAAAAAAAU8/zR9RgUU7PE0/s200/DSCN0705.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;én de poblados cercanos como Villa Alemana o Quilpué, de Viña y Valparaíso y quien sabe de dónde más. Un recinto colmado de hinchas aplaude la aparición del equipo con humo de colores rojo y azul, con globos aflautados, banderas de todo tipo, serpentinas y papel picado. Los jugadores levantan las manos para saludar y están concientes de los sueños que toda esa gente viene a buscar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La U golpea desde el principio con un gol de penal de Olivera cuya infracción previa pocos lograron percibir con claridad. Pero el fútbol lo intentan establecer los venezolanos aunque sin mayor profundidad, por lo que el juego se vuelve más bien discreto, errático, escaso en emociones.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el complemento la situación cambia con la actuación de Puch, especialmente, quien le da un nuevo aire al equipo, haciendo coincidir su ingreso con los mejores momentos del partido, con Caracas buscando su opción y con la U intentando liquidar el pleito. Pero todo sigue igual hasta el final. 1 a o ganan los azules en el debut, sin mucho más que comentar que lo importante era ganar, aunque todos nos retiramos de Sausalito sabiendo, internamente, que hay mucho que mejorar y que con este juego no se va a poder llegar muy lejos.&lt;/div&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38wfcBY8VI/AAAAAAAAAUs/xf209QCNnPE/s1600-h/DSCN0709.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5440120191542948178" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38wfcBY8VI/AAAAAAAAAUs/xf209QCNnPE/s200/DSCN0709.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En la vuelta se siente un poco el cansancio del viaje. Paramos en un servicentro para degustar un café y luego proseguimos de vuelta a la ciudad para a la medianoche enfundarse en las cálidas sábanas del sueño, como el "romántico bohemio" del himno institucional que vuelve a casa luego de una larga jornada de jolgorio y brindis junto a los camaradas. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-2425961191593957043?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/2425961191593957043/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/02/romantico-viajero.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2425961191593957043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/2425961191593957043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/02/romantico-viajero.html' title='Romántico viajero'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S38ue8x4JdI/AAAAAAAAAT8/IC1b2SckIgs/s72-c/DSCN0685.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-3062652578021989114</id><published>2010-02-06T20:11:00.004-03:00</published><updated>2010-02-06T22:13:14.682-03:00</updated><title type='text'>Escarbando en la memoria</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S233QYGf9dI/AAAAAAAAAT0/8bjmwe0NQ1E/s1600-h/9819C7FD281FC175576C9DCD6373.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 266px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5435272186025735634" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S233QYGf9dI/AAAAAAAAAT0/8bjmwe0NQ1E/s400/9819C7FD281FC175576C9DCD6373.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Verano en Santiago puede resultar el lugar más agradable del mundo cuando se tiene tiempo para apurar las tediosas tardes calurosas y el cerebro está totalmente desconectado de cualquier situación asociada a trabajo, labor o preocupación. La ciudad se vive a paso lento con las calles semivacías, al atardecer corre una suave brisa cordillerana, la gente sale a la plaza, llena la heladería y pierde el tiempo en una terraza de bar o a la salida de su casa, la cordillera se aprecia nítida y el cielo es puro como promete la canción nacional. Verano en Santiago equivale a que nadie tiene prisa por nada y da lo mismo pasar la noche hasta tarde conversando de todo y de nada, sin mucho afán. Santiago en verano invita al relajo con sus cálidas noches y, sobre todo, a estar dispuesto a recuperar algunas cosas perdidas o a descubrir otras nuevas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de estas cosas perdidas tiene relación con la lectura de libros que tuvieron que hacer cola para ser leídos, la visita a la filmografía olvidada por allá en el invierno o la simple puesta al día con el amigo que vive en provincia. Pero también hay espacio para el descubrimiento que significa, a su vez, una recuperación. Me explico. Ya no me daba el tiempo para ir a los museos, esos espacios artificialmente armados para que uno agregue a su memoria ladrillos especiales de información. Se trata de una acción que debiera ser frecuente, que alguna vez lo fue, pero que por alguna extraña razón había dejado de ser importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Santiago está lleno de museos. Algunos ni siquiera sabía que existían, como el Museo de la Educación Gabriela Mistral en el antiguo y hermoso barrio Matucana. El de Bellas Artes y el MAC siempre se visitan, por eso no cuentan. Pero aparte de estos, en el último año, creo haber ido con suerte al magnífico Centro Cultural Palacio La Moneda una o dos veces y pare de contar. ¿Y los otros? Ahí están en su inanidad estudiantil, inermes como lagartijas a la espera del cerebro asoleado que los alumbre.  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero en Santiago hay un museo nuevo. Y a este sí que había que ir. Se trata del Museo de la Memoria y de los Derechos Humanos, recientemente inaugurado por la presidenta Bachelet en los últimos días de su ejercicio como jefa de estado antes de entregarle el poder, en marzo, al primer presidente de centroderecha electo en más de cincuenta años.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la prensa y por las redes sociales, supe que la afluencia de público había sido alta y frecuente, animada y silenciosa, rencorosa y triste. Sin poder explicarlo muy bien, supe que había que ir antes de marzo. Porque nunca se sabe. Porque algunas cosas pueden cambiar. Porque en Chile se acostumbra borrar con el codo lo que se escribe con la mano, qué gran expresión. Porque la historia nunca es única, siempre una versión, y me interesaba en particular esta versión, la que representa a las víctimas del terror de estado cuando el estado se vuelve irracional y fáctica e ideológicamante atentatorio en contra de los ciudadanos que lo conforman. Este museo es la historia de nuestro país desde 1973 a 1990 contada, especialmente, por las voces que antes fueron silenciadas, ninguneadas y olvidadas. No es menor que su principal impulsora, la presidenta Bachelet, haya sido una víctima más como tantos otros de ese periodo negro de nuestra historia. No es menor que justamente haya sido ella la que abre la puerta de este lugar para todos los ciudadanos de Chile y el mundo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por razones que no cabe aquí explicar, porque tienen relación con la vida privada de los árboles de mi infancia, siempre sentí una particular atracción por el sujeto víctima. Aquel que ha sufrido una injusticia. Aquel que le ha tocado algo no esperado y ha cambiado toda su vida. Aquel que ha sido pisoteado sin misericordia por todo tipo de poder hasta el más ignominiosamente humano. Como sujeto de nacionalidad chilena nacido en dictadura puedo señalar que gran parte de mi infancia tiene que ver, precisamente, con la victimización, el miedo y el dolor. Miedo y dolor del cual costó mucho, realmente mucho, sacudirse. Miedo a la tortura, miedo a la desaparición, miedo al crimen impune, miedo al gran pisotón del castigador. Al visitar este Museo algo de esa infancia perdida volvió a aparecer. No ese miedo aterrador, por supuesto, sino un aire de tristeza por tanto dolor, el renacimiento de una cierta fractura, una herida que se creía sanada, un cierto dolor físico como única expresión de un trauma que creía superado. Dolor de cabeza, dolor estomacal, dolor a secas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Museo está hecho, principalmente, en base a documentos. Documentos de diverso tipo: audiovisuales, imágenes fotográficas, recortes de periódicos y revistas, memorandum oficiales del gobierno como de instituciones públicas, cartas privadas, papeles judiciales, dibujos, extractos del Informe Rettig y todo tipo de objetos personales, entre otras cosas. Todo este conjunto termina siendo una muestra universal de realizaciones privadas de la historia de Chile. Y todos estos fragmentos permiten reconstituir parte de esa gran y terrible historia común. Terminan siendo signos de una herida común, un trauma que no ha sido totalmente cerrado y que, como diría Derrida, al no estar completamente sellado reaparece de modo fantasmal&lt;em&gt;. Aparece.&lt;/em&gt; Y&lt;em&gt; reaperece&lt;/em&gt;, aunque no se le invoque. Como fantasma. De esos a los que no es agradable verles la cara. &lt;em&gt;Aparece.&lt;/em&gt; Y&lt;em&gt; reaparece.&lt;/em&gt; Y al reaparecer causa revuelta, dolor, indigestión. El Museo de la Memoria es lo más parecido a una casa habitada por fantasmas. Ellos están allí porque no tienen sepultura. Ellos están allí porque todavía nos recuerdan y nos piden descanso, paz y justicia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchas de las personas que fueron víctimas del terror deben asociar ese dolor a objetos, lugares, olores, cosas. Mientras veía el video del bombardeo a La Moneda me detuve a observar los rostros de los que estaban allí presentes. Algunos lloraban y evitaban ser vistos. Pensé que esa imagen del misil derrumbando el frontis del palacio de gobierno ya debe ser lo suficientemente fuerte para quienes lo pudieron presenciar en vivo. Gente más joven observaba con consternación para luego partir en silencio. Pensé que ese solo acto puede llegar a ser un acto de pequeña sanación para algunos. Pero hay otros que tienen que ver únicamente con la vida privada. Algunos hablaban, por ejemplo, de la rejilla de desagüadero con forma de caballito de mar que formaba parte de sus celdas de encierro. Todo el dolor se concentra en esa rejilla. Es el recuerdo físico del dolor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el caso de esta infancia reaparecida de modo fantasmal, la parte visible del dolor tiene muchas formas: la clásica música de la cortina informativa de Radio Cooperativa, los apagones, el caceroleo, las protestas. Pero por sobre todo, el montón de revistas que mi padre traía a la casa y que terminaron guardadas en lo que llamábamos "la pieza de los cachureos", una especie de bodega que quedaba en el patio trasero, donde se solía dejar todos los restos de las cosas inservibles o rotas y que no calificaban para ser botadas a la basura. Entre montones de discos, papeles y libros viejos, había un montón grande de revistas &lt;em&gt;Apsi&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Análisis&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Cauce&lt;/em&gt; y &lt;em&gt;Hoy&lt;/em&gt;. Gracias a esas revistas, gracias a mi viejo, construí mucho antes mi propio museo de la memoria y jamás olvidé. Gracias al trabajo valiente de los periodistas de esos medios la infancia marcada por el terror se volvió información, memoria y acción. El Museo de la Memoria recientemente inaugurado hizo reaparecer esas revistas. Y no sin dolor, pero con algo de cariño, la imagen de un niño encerrado en una bodega en la tarde muerta cuando todos descansan aprendiendo sobre la muerte y las fracturas, sobre la justicia, la rabia y el dolor, sobre el miedo y la humillación, sobre la necesidad de escarbar, siempre, en la memoria.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Muchos han criticado los objetivos y los procedimientos, los modos y las decisiones adoptadas en torno a este Museo. Poco me importa lo que se diga sobre él. A mi me parece necesario. Y me basta con que haga recordar y que me ayude a hacerlo con mis hijos cuando puedan empezar a comprender las mecánicas oscuras de la historia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-3062652578021989114?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/3062652578021989114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/02/escarbando-en-la-memoria.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3062652578021989114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3062652578021989114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/02/escarbando-en-la-memoria.html' title='Escarbando en la memoria'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S233QYGf9dI/AAAAAAAAAT0/8bjmwe0NQ1E/s72-c/9819C7FD281FC175576C9DCD6373.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-3790885715387366673</id><published>2010-01-24T06:25:00.004-03:00</published><updated>2010-01-24T08:26:27.705-03:00</updated><title type='text'>El día que ganamos al otro lado de la cordillera</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S1wsxKgYd3I/AAAAAAAAATs/AibyIzeuFRE/s1600-h/images.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 125px; DISPLAY: block; HEIGHT: 90px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5430264473847363442" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S1wsxKgYd3I/AAAAAAAAATs/AibyIzeuFRE/s400/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Hasta 1996 ningún equipo chileno había ganado alguna vez un partido en Argentina. Nosotros fuimos los primeros. Un mes después lo hizo Colo Colo ganando en La Plata 4-2 a Estudiantes por la fenecida Supercopa de ese año. Trece años después lo haría Everton ganando en Buenos Aires 2-1 a Lanús en los 50 años de la Copa Libertadores de América. La historia futbolera chilena allende Los Andes es triste y opaca. Más bien oscura, con mucho olor a camarín derrotado. Pero nosotros rompimos el maleficio antes que nadie.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;No éramos un equipo profesional. Ni tampoco se trataba de un partido oficial. Pero fuimos los primeros. En agosto de ese año cruzamos la cordillera un grupo de treinta estudiantes de literatura con destino a Tucumán. Allí había un congreso. De esos donde se habla mucho y se saca poco en limpio. La universidad era la Nacional San Martín, que apenas conocimos, porque las mesas de ponencias y discusiones se realizaban en un lugar central, en un edificio acotado de salitas pequeñas y no para el lado de ese parque grande, que era donde quedaba la "facultad". &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El viaje duró una semana. De domingo a sábado. Y sacando algunos simples cálculos aritméticos es probable que hallamos sumado más minutos en el boliche del frente de la "concentración" disfrutando una &lt;em&gt;Quilmes&lt;/em&gt; y una milanesa que en el mismísmo templo nacional del saber. Es decir, del Congreso aquel se recuerda poco, quizás algo por ahí de la literatura gauchesca, un guiño a Borges, una repasada al cine de Pasolini. Y pare de contar. Lo demás se trataba de hablar, hablar mucho, de literatura, de fútbol, de cine, de cualquier cosa. Hablar, hablar mucho y pasar el rato. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Como foráneos en una ciudad desconocida, nuestro radio de acción era más bien limitado y repetitivo. No pasábamos del triángulo de las Bermudas conformado por esa sede minúscula de la universidad, las fuentes de soda de los alrededores y nuestro lugar de alojamiento, que era una especie de escuela de la guardia nacional o algo así, o la sede de un club deportivo, en fin, un lugar donde había galpones con literas, una cancha, una piscina y un casino. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Aparte de las horas programadas, no había mucho que hacer por ahí. Una vez hastiado de tanta sociabilidad forzada, decidí caminar solo por las calles tucumanas y casi mágicamente pude llegar al estadio de San Martín, el equipo de las bandas albirrojas, un habitual animador de la B Nacional. El estadio estaba abierto y pude ingresar al sector de la tribuna oficial. Me llamó la atención que a diferencia de los estadios chilenos, donde todo era de madera, los asientos de acá tenían respaldos y coderas de cemento, algo que me sonaba, por extraña asociación de ideas, a civilización romana. Y desde allí, por lo demás, se veía muy bien la cancha. Estuve harto rato pegado. Una media hora. Y nadie me sacó. Me pareció un lugar magnífico tratando de pensar cómo podían caber allí treinta mil personas. Sin duda, el ambiente de los partidos debía ser bien bueno. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De una librería de Tucumán es la edición que tengo de &lt;em&gt;En el camino&lt;/em&gt;, de Jack Kerouac, que por entonces llenaba el gusto literario de algunos de nosotros. Del resto de la ciudad se recuerda poco. Una ciudad olvidada, que queda para el lado de la pampa, lejos de los aires porteños, una ciudad habitada por personajes dignos de Osvaldo Soriano en &lt;em&gt;Una sombra ya pronto serás&lt;/em&gt;. Una ciudad que años después volveríamos a escuchar por el afán de los medios de azotar aún más la pobreza con el espectáculo de las noticias.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;De los veinte a treinta vagonetas que fuimos hasta allá algunos éramos buenos para la pelota. Y uno de ellos, un dichoso ejemplar de la especie humana, tuvo la ocurrencia de llevar un balón de fútbol. Todos los días, como ir a misa, jugamos una pichanguita en la cancha de baldosa que estaba a nuestra entera disposición. Después supimos que esos memorables momentos de fútbol habían sido nuestro "entrenamiento".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Como la noche del viernes era la última antes de volver a Santiago, hicimos que se estirara hasta la madrugada con todo tipo de brebajes. Y ya despuntaba el alba, tipo siete u ocho de la mañana, cuando varios decidimos que ya era hora de dar fin a la juerga. Pero el iluminado dueño de la pelota de pronto la hizo aparecer y casi automáticamente eramos unos seis a siete pelafustanes corriendo tras ella. Al mismo tiempo, como salidos de sus cuevas, comenzaron a llegar un montón de estudiantes que iban a nuestro lugar de concentración a hacer deportes, como seguramente lo hacían todos los sábados. De la nada, surgió el match desafío. Por nuestro acento, los tucumanos pensaron que éramos de por ahí, quizás salteños o cordobeses. Pero no. Éramos chilenos y el partido de futbolito que se venía a continuación, un día sábado a las ocho de la mañana, entre un grupo de lugareños y un grupo de borrachos, era para nosotros un clásico Chile-Argentina, jugando de visita y con hartas ganas de lavar años y años de afrentas dolorosas. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al rato de comenzar el partido se nos fue pasando poco a poco todo vestigio de la noche anterior para jugar el mejor partido de nuestras vidas. Era una oportunidad histórica. Ser los primeros en ganar al otro lado de la cordillera. Como Alonso Quijano, habíamos velado armas toda la noche para al alba convertirnos en caballeros defensores del honor perdido. Y el partido de fútbol era nuestra primera aventura, nuestra primera y última posibilidad de enderezar el mayor entuerto de la historia del fútbol chileno, el mayor trauma, el más grande de todos los complejos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;No sé cómo ni por qué, pero todo salió perfecto. Cada jugada era como sacada del mejor video de fútbol brasileño. Los argentinos, en cambio, tocaban harto como los peruanos, pero eran improductivos frente al arco. Al cabo de una hora, sudando cada gota de etil, ganamos 5-4. Yo hice cuatro goles. Tres con la izquierda. De contragolpe, desbordando, producto de una pared. Mientras todos los demás dormían, nosotros cambiábamos la historia. No hubo testigos. Solo los que esa gloriosa mañana salimos a la cancha: Duque, el diplomático chileno-venezolano, al arco. Atrás jugó Gatica el mono, el último hippie Bruno Polito y Jorge el seco. Al medio, Marcelo Piensa y el loco Papo. Arriba, quien suscribe. Ganamos 5-4. Fuimos los primeros. Antes que nadie. Por la tarde, ya descansados y sin sopesar aún la historia recién escrita, partimos a Santiago, a recibir la copa del olvido.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-3790885715387366673?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/3790885715387366673/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/01/el-dia-que-ganamos-al-otro-lado-de-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3790885715387366673'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3790885715387366673'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/01/el-dia-que-ganamos-al-otro-lado-de-la.html' title='El día que ganamos al otro lado de la cordillera'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S1wsxKgYd3I/AAAAAAAAATs/AibyIzeuFRE/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-5188812814847753860</id><published>2010-01-14T16:51:00.007-03:00</published><updated>2010-01-14T17:39:06.462-03:00</updated><title type='text'>Secretos, pérdidas y silencios</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S09_m2bjtLI/AAAAAAAAATk/NDOxmCRj1TE/s1600-h/missing.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 79px; FLOAT: left; HEIGHT: 129px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5426696381427594418" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S09_m2bjtLI/AAAAAAAAATk/NDOxmCRj1TE/s400/missing.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S09_acgis-I/AAAAAAAAATc/VEYb9N5CnZw/s1600-h/esdso.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 98px; FLOAT: right; HEIGHT: 140px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5426696168310748130" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S09_acgis-I/AAAAAAAAATc/VEYb9N5CnZw/s400/esdso.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S09_L7a4nCI/AAAAAAAAATM/ne3J4XKyFsc/s1600-h/missing.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Hay historias que tal vez nunca deban ser contadas. Porque hay gente viva que se puede ver afectada o porque resulta demasiado dolorosa como para hacerla pública. Pero también hay historias que, pese a todo, es bueno que sean contadas para que otros saquen conclusión y ejemplo de ellas. Alberto Fuguet, con su novela &lt;em&gt;Missing&lt;/em&gt; (2009)&lt;em&gt; &lt;/em&gt;juzgó que la historia de su tío perdido, pese a lo cercano, pese a lo familiar, debía ser contada. Mucha gente cercana al autor queda expuesta; sin embargo, es una historia que por sus peculiaridades, recovecos y matices, resulta atractiva porque es una gran historia. Al estar conectada con la realidad, con seres reales, con situaciones reales, es una historia de la cual pueden derivarse algunas conclusiones interesantes para la vida cotidiana. La más punzante, a mi modo de ver, es la que escarba en la idea de perderse. ¿Por qué, en determinado momento de la vida, alguien decide tomar sus cosas y partri? Con perderse, entiéndase tomar una decisión abrupta y de pronto dejar atrás una vida para comenzar otra. Aunque esa otra vida signifique alejarse de seres queridos. Aunque esa otra vida, implique siempre, el lamento de la pérdida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Supongo que todo tiene que ver con vidas a medias. Aún sin definir o en proceso de definición. Vidas insatisfechas. En lo familiar, en lo social, en lo intelectual, en lo amoroso. Pero vidas fracturadas. Algo que se calla. Algo que se vuelve mudo. En esa ranura que indica que algo se quebró puede estar la huella de una decisión humana, tal vez inexplicable para los demás, pero probablemente llena de silenciosa justificación para quienes, apurados o concientes, han decidido &lt;em&gt;perderse&lt;/em&gt;. Es fuerte la palabra, no me parece completamente negativa, sino más bien rodeada de cierta tragicidad, de una relativa aunque fuerte humanidad. Pero que no merece ni un castigo. Quien alguna vez se ha perdido es porque ha sentido la necesidad de componer algo que está mal, una necesidad de arreglar algo que no funciona y cuya piedra de tope es, justamente, el tipo de vida que le rodea. Un anhelo que no se puede cumplir con lo que ha tocado vivir, sino que hay que ir a buscarla a otra parte. Mientras más fuerte es ese anhelo, más lejos es la ida. Mientras más grande la huida, más abismal es la pérdida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En la película argentina &lt;em&gt;El secreto de sus ojos&lt;/em&gt; (2009) también hay gente que, por un motivo u otro, se pierde, desea perderse. Porque han matado a su joven y bella esposa, porque es más cómodo vivir una vida ordenada, porque es peligroso indagar en la justicia cuando se trata de dinosaurios monstruosos y poderosos, porque existe una pasión descontrolada, injustificada o difícil de explicar. Pero lo que mueve en todos estos casos es un deseo a veces múltiple y equívoco, aunque ese deseo signifique la propia destrucción. Bajo este punto de vista, esta excelente película que mezcla amor, tragedia, humor, injusticia, amistad y diferencias de clase, de manera redonda y emotiva (partiendo por su gran musicalización), es una película cuyos personajes, sin excepción, toman, en algún momento, la decisión de perderse. Para un lado u otro, por un motivo u otro, pero todos se hunden en el fango de una decisión de vida que hace girar la rueda en varios grados hacia otra dirección. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Es mucho más de lo que se puede decir de estas dos obras recientes. Algo que llenaría páginas y páginas. Sin embargo, parece suficiente este silencio enorme que rodea toda pérdida, ese silencio a veces trágico que involucra todo secreto. Y que cuando sale a flote, a veces provoca heridas que finalmente terminan por ser lavadas. Estas dos obras son buenas porque tienen esa capacidad de lavar esas heridas. De lograr cierta sanación a partir del dolor de la pérdida. Aunque esta, sepamos, tal vez no repare nunca la inscripción marcada a fuego. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-5188812814847753860?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/5188812814847753860/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/01/secretos-perdidas-y-silencios.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5188812814847753860'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/5188812814847753860'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/01/secretos-perdidas-y-silencios.html' title='Secretos, pérdidas y silencios'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/S09_m2bjtLI/AAAAAAAAATk/NDOxmCRj1TE/s72-c/missing.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-4785209970782344708</id><published>2010-01-01T13:34:00.004-03:00</published><updated>2010-01-01T14:58:47.086-03:00</updated><title type='text'>Las cinco mejores canciones de las barras chilenas</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sz42zt5s5UI/AAAAAAAAATE/2sBiDlvVpyA/s1600-h/imagesCA193688.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 131px; DISPLAY: block; HEIGHT: 85px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421831263523497282" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sz42zt5s5UI/AAAAAAAAATE/2sBiDlvVpyA/s400/imagesCA193688.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Este es un ranking antojadizo y absolutamente lidiado por el gusto personal. En años de vida futbolera creo haber ido a ver al menos una vez a todos los equipos del fútbol profesional chileno, tanto de primera como de segunda división. Por lo tanto, no solo he mantenido un contacto cercano con sus camisetas, estadios y formas particulares de ser de cada club, sino que también con sus hinchadas. Algunas extremadamente numerosas y otras más familiares. Algunas muy originales y otras más bien reproductivas de gestos y cantos.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Hay hinchadas, por cierto, muy particulares. Conocida es la popularidad de Colo Colo, el fanatismo de los hinchas de la U, el paladar exquisito de los de la UC, la exigencia de los hinchas de Cobreloa, por nombrar solo a los cuatro grandes. Pero también hay equipos como Wanderers, Everton, O´Higgins y Rangers que históricamente han contado con una hinchada seguidora. Hace décadas Audax Italiano era muy popular, Unión Española también tuvo más seguidores en la década del '70 que ahora. Alguna vez Santiago Morning contó con una base de simpatizantes bastante amplia, ligados al gremio autobusero. En fin, la lista puede ser mucho más larga dentro del paisaje futbolístico de nuestro país. Lo cierto es que cada club siempre se diferenció no solo por su procedencia y el color de sus camisetas, sino que también por la particularidad de sus seguidores. La bandita de Magallanes sigue siendo, en ese sentido, el fiel reflejo de un modo particular de vivir el fútbol.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero desde que en las década de los ochenta la organización de las barras modificó el modo de ver el fútbol en nuestros estadios se ha vuelto especialmente necesario recurrir a la originalidad como otra manera de diferenciación. Si alguna vez las hinchadas de los equipos chilenos se vieron altamente influenciadas por las de Argentina y Brasil, especialmente, existe desde hace ya varios años la tendencia de marcar caminos propios como una manera de expresar de modo genuino parte de la ideosincracia nacional. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por eso, estas cinco canciones que he escogido tienen como distinción el hecho de no haberlas escuchado nunca en otra parte más que desde su fuente de origen. Por lo tanto, creo que se trata de canciones totalmente originales, que además no han sido replicadas por otras hinchadas, por lo que son cantadas solo por ellos. Para mi paladar de hincha, creo que son las mejores, aunque es probable que me equivoque con alguna como también queda la posibilidad de que haya olvidado alguna otra interesante.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Sin querer establecer una jerarquía señalando cuál es la mejor, estas canciones provienen de las cinco hinchadas más populares de nuestro país: Colo Colo, la U, la UC, Wanderers y Everton.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La gente de la Garra Blanca hace años que canta una canción que no he podido rastrear su origen, y que se llama "Saben" y dice así: "Saben que el Albo es el más popular / Saben que el Albo siempre va a campeonar / Saben que siempre te alentamos y que nunca te fallamos, campeón / Eso saben". Se trata de una canción pegajosa, agradable, para cantar a estadio lleno, alegremente.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los de Abajo, por su parte, adaptaron una canción mítica de los '80 del programa de Televisión Nacional, el Japening con Ja, que daban todos los domingos a la tarde-noche, en una época donde no había mucho que hacer tampoco. Esa canción que marcó a toda una generación se llamaba "Canta cuando todos esten tristes" y que ahora en la versión futbolera se llama "Salta cuando todos esten tristes" y dice así: "Lo más importante en la vida es / alentar al Bulla con optimismo y fe / Salta cuando todos estén tristes / Salta solamente por la U / Si un mal paso das no me importará / porque soy de abajo y te vengo a alentar". La canción sigue con un coro hiriente y lesivo, poco académico, que se ha ido blanqueando con el tiempo hacia una versión "soft". Pese a esto, se trata de una canción catártica, para saltar frenéticamente y cantarla al final de los partidos como expresión de máxima alegría.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La gente de Los Cruzados sacó, en época de playoff, un cantito simple, pero efectivo, para herir aún más en la derrota al rival. Desconozco su origen, pero sin duda "saca pica" a la hinchada rival, cuando la UC ha dejado en el camino a otro equipo. La letra dice, simplemente, así: "E-liminado / E-liminado...", poniendo énfasis en la primera sílaba para luego dejar caer el resto de la palabra. Cuando se ha ganado una llave importante, sobre todo ante un clásico rival, es la mejor forma de terminar un partido.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los Panzers, la numerosa barra de Valparaíso, tiene un canto que si bien no es original-original, la cantan de modo distinto, como nadie más lo hace. Se trata de la típica canción "Vamos leones", que cantaba la barra de la U a principios de los noventa y que para las clasificatorias de Francia '98 se convirtió en el himno oficial de la Roja, llámandose ahora "Vamos chilenos". Esta canción alguna vez se la escuché a la barra de Independiente de Avellaneda, pero después de haberla escuchado entre la gente de la U. No sé realmente quién fu su inventor. Pero lo que quiero destacar aquí es que los hinchas de Wanderers la adaptaron para su propia realidad, con una letra que realza su identidad: "Quiero / quiero a mi puerto / y lo quiero / con Wanderers campeón".&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los del Cerro, por último, la barra de Everton hicieron una buena adaptación de una canción de Ángel Parra Trío, "Te quiero mucho", que a su vez es una versión españolizada de una tradicional norteamericana, "I love you, baby". Entre los hinchas ruleteros, la canción suena así: "Vamos Oro y Cielo / hay que poner un poco más de huevos...". Se trata de una canción que incita al jugador a esforzarse por el triunfo, por lo que se trata de una canción absoluta de aliento. Bonus track: "Ever for ever / en el corazón", otra canción muy antigua y original.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En resumen, son solo cinco canciones de muchas más que se escuchan semana a semana en los estadios. Son cinco canciones que me gustan, forman parte del folklore futbolero y hacen más entretenida la tarde de fútbol. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-4785209970782344708?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/4785209970782344708/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/01/las-cinco-mejores-canciones-de-las.html#comment-form' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4785209970782344708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4785209970782344708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2010/01/las-cinco-mejores-canciones-de-las.html' title='Las cinco mejores canciones de las barras chilenas'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sz42zt5s5UI/AAAAAAAAATE/2sBiDlvVpyA/s72-c/imagesCA193688.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7784617768884603520</id><published>2009-12-30T11:52:00.009-03:00</published><updated>2009-12-30T16:00:55.171-03:00</updated><title type='text'>Trenes arrumbados</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuTJejkxVI/AAAAAAAAASc/HvIVKoDhlk4/s1600-h/DSCN5674.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421088367500903762" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuTJejkxVI/AAAAAAAAASc/HvIVKoDhlk4/s400/DSCN5674.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;El estadio San Eugenio es uno de los más antiguos de Santiago. Ubicado en el límite entre las comunas de Santiago Centro y Estación Central, muy cerca del Club Hípico y del Parque O´Higgins, pertenece a uno de los clubes fundadores del fútbol profesional chileno: Ferroviarios.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El club, actualmente en Tercera B (Cuarta División), debutó en primera en 1934, una sola temporada, y no volvió sino hasta 1950 tras la fusión con otro histórico como Badminton, pasándose a llamar Ferrobádminton, manteniéndose en la división de honor de manera ininterrumpida hasta 1964, año en que descendió para volver el 66 y nuevamente bajar para nunca más volver. Después de su último descenso volvió a retomar su nombre original y así se ha mantenido hasta ahora, más bien en las penumbras. Pero algo no menor en un fútbol históricamente pobre como el nuestro fue el hecho de ser uno de los pocos clubes en tener estadio propio gracias a sus dueños, EFE, la Empresa de Ferrocarriles del Estado. Según la página web &lt;a href="http://www.3division.cl/"&gt;http://www.3division.cl/&lt;/a&gt;, este tuvo capacidad para treinta mil personas, cosa que pongo en duda, aunque revisand&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuTcvZWVdI/AAAAAAAAASk/Z3cLhFZiGQw/s1600-h/DSCN5672.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421088698438931922" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuTcvZWVdI/AAAAAAAAASk/Z3cLhFZiGQw/s200/DSCN5672.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;o algunas antiguas revistas &lt;em&gt;Estadio &lt;/em&gt;se nota que por las fotos albergaba al menos a quince mil. Así también me lo dijo alguna vez mi padre.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;     En sus mejores épocas el club tuvo una gran base social en los trabajadores de las maestranzas, los conductores de trenes y la gente del barrio cercana a la estación, quienes no solo disfrutaban de las instalaciones deportivas que incluían una piscina, sino que también formaban parte de otras ramas deportivas como el básquetbol. Pero como un viejo enfermo, el club fundado en 1916 lleva una larga agonía sin poder resucitar viejas glorias. Hoy son apenas unos pocos los que sobrellevan a un equipo tildado, junto a Magallanes, como el "último romántico" del querido fútbol chileno, con un estadio que producto de un incendio hoy solo puede albergar a mil doscientas personas en muy precarias condiciones, con un armazón de madera que apenas se sostiene.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pensar en un club como este es dar cuenta de la realidad de muchos otros que apenas sobreviven el día a día. Es hablar de pobreza, orgullo y pasión. Pero Ferroviarios siempre fue algo especial. Alguna vez representó la modernidad de los trenes que bordeaban la zona urbana de un Santiago más provinciano. Alguna vez representó la promesa de una empresa estatal pujante que le proporcionaba a sus trabajadores espacios de encuentro y &lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuUDJLUngI/AAAAAAAAAS0/YDz7XfRPfa8/s1600-h/DSCN5673.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421089358194449922" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuUDJLUngI/AAAAAAAAAS0/YDz7XfRPfa8/s200/DSCN5673.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;esparcimiento. Pero por sobre todo siempre estuvo rodeado de un halo romántico, de ese que solo los trenes con sus vagones cansados pueden dar. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;El CDF, el Canal del Fútbol dueña de los derechos de transmisión del fútbol chileno y cuyos propietarios -en un alto porcentaje- son los propios clubes profesionales (un modelo de negocios único en el mundo, según la revista &lt;em&gt;Qué pasa&lt;/em&gt; y que ha sido muy exitoso por las altas rentabilidades, producto del medio millón de abonados con que cuenta hasta la fecha), hace algunos años puso en el aire un programa llamado &lt;em&gt;Con Ferro en el corazón&lt;/em&gt;, muy en el estilo de &lt;em&gt;Atlas, la otra pasión&lt;/em&gt; de Fox Sports. Gracias a este, muchos se acordaron que Ferro todavía existe y que aún representa a un sector social de la ciudad de Santiago, acotado y silencioso, rodeado de rieles y eternamente en crisis como la empresa de ferrocarriles. Gracias a este programa que bordea la nostalgia muchos recuerdan que alguna vez la camiseta amarilla y negra fue protagonista de grandes jornadas. De lo contrario, en un mundo competitivo como el de hoy, donde solo sobreviven los ganadores y los perdedores desaparecen, el club estarí&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuTvOUG4bI/AAAAAAAAASs/tCoAmA9pw0Q/s1600-h/DSCN5676.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421089015976092082" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuTvOUG4bI/AAAAAAAAASs/tCoAmA9pw0Q/s200/DSCN5676.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;a en el más absoluto de los olvidos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Mi padre decía que San Eugenio era el estadio más helado de Santiago. Lo corroboré un día de agosto de 1999 cuando en una tarde muerta decidí ir por primera vez al mítico recinto para advertir en terreno el verdadero romanticismo futbolero. El recuerdo lo tengo fresco. Sentado en uno de los viejos tablones doblados por el tiempo presencié junto a quinientas personas un partido de Ferro con Deportes Copiapó (en ese entonces la primera SAD, Sociedad Anónima Deportiva) por el campeonato de tercera división. Recuerdo haber pagado 500 pesos por la entrada y haber presenciado un gran partido de fútbol amateur, lleno de las ganas y el coraje que muchas veces le faltaba a los jugadores de las divisiones mayores. Todo ese entusiasmo y amor por el fútbol que trasmitían los jugadores alcanzaba para levantar la pasión de los viejos hinchas, y algunas mujeres y niños. Las banderas, mantas, termos, cigarros y algunas cajas de vino alcanzaban para alegrar la tarde dominguera de un Santiago aún con la resaca de la crisis asiática. Al caer la tarde, el viento que provenía del sur y que se colaba por la Maestranza, efectivamente hacía remolinos en los pies y generaba una humedad en las narices similar a la que se produce en los perros.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;     Por estos días decidí volver para dejar registro fotográfico de una ruina. La presidenta Bachelet ha anunciado la construcción de la línea 6 del Metro y San Eugenio será una de sus estaciones. &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuUUlrNuNI/AAAAAAAAAS8/5nR8-7iKqSk/s1600-h/DSCN5678.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421089657902184658" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuUUlrNuNI/AAAAAAAAAS8/5nR8-7iKqSk/s200/DSCN5678.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;Quizás las retroexcavadoras modifiquen el mapa urbano. Se hacía necesario, entonces, una vuelta antes de todo cambio para fijar en la memoria los últimos vestigios de un pulmón futbolero. El estadio estaba cerrado y las viejas tribunas parecían trenes arrumbados, desnudos y raquíticos. El barrio parece ser el mismo de hace diez años. De hace cincuenta años. Viejos almacenes y hermosas casas de un Santiago antiguo. A lo lejos se ven las vías férreas que van al Sur. Pese a todo, San Eugenio sigue vivo, en pie, apenas sostenido por la pasión de unos pocos. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7784617768884603520?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7784617768884603520/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/12/trenes-arrumbados.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7784617768884603520'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7784617768884603520'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/12/trenes-arrumbados.html' title='Trenes arrumbados'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzuTJejkxVI/AAAAAAAAASc/HvIVKoDhlk4/s72-c/DSCN5674.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-109180034558271965</id><published>2009-12-21T20:22:00.019-03:00</published><updated>2009-12-22T16:08:39.313-03:00</updated><title type='text'>La revista Golazo</title><content type='html'>&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A los futboleros de antaño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A los que están lejos. A los que están cerca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAME_XouPI/AAAAAAAAASQ/UIVUVW4odc8/s1600-h/DOC040316+-+4.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 246px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417843631596288242" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAME_XouPI/AAAAAAAAASQ/UIVUVW4odc8/s320/DOC040316+-+4.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Salía todos los martes. Durante la semana adelantaba reportajes y el lunes sellaba los últimos detalles con los resultados de la fecha futbolera aún frescos. Se trataba de un ejemplar único que el Sapo - a cambio de su lectura gratuita- arrendaba por 30 pesos el primer año y 40 -por la inflación- el segundo, a los compañeros de curso y profesores. Así ganaba unas pocas monedas que servían para comprar algunos diarios distintos a los tres que papá acostumbraba comprar día a día. Así también reunía material suficiente, especialmente fotográfico, para ilustrar las notas y comentarios.&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzALnAUxZ_I/AAAAAAAAASI/Ltu_VgZFCkQ/s1600-h/DOC040316+-+8.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 154px; FLOAT: right; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417843116456634354" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzALnAUxZ_I/AAAAAAAAASI/Ltu_VgZFCkQ/s200/DOC040316+-+8.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La revista tuvo dos antecedentes previos antes salir a luz de manera madura: una era la &lt;em&gt;Deporte espectacular&lt;/em&gt;, que era mensual y la hacía a máquina. De esta solo tengo dos números, de junio-julio de 1988. La otra fue &lt;em&gt;Fútbol Grande,&lt;/em&gt; que salía de manera quincenal y que duró solo tres números hasta que de una semana a otra, sin explicación, surgió la &lt;em&gt;Golazo&lt;/em&gt;. Esta duró casi un año en su faceta semanal. Desde el 11 de octubre de 1988 (foto de más arriba) hasta el 20 de junio de 1989 (foto de más abajo). 37 números que aún conservo en muy buen estado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después saldría en formato de anuario fotográfico con pequeñas notas, rescatando lo mejor del año, ¡hasta 1995!, ya bastante crecidito. Estas ediciones ya no las arrendaba, sino que simplemente las hacía circular a unos pocas personas, más privadamente. También hubo ediciones especiales: la U 88-89 con la historia del descenso y el inmediato ascenso, una de Francisco Ugarte y Osvaldo Hurtado en Bélgica como muestra de los escasos jugadores chilenos que por entonces jugaban en el extranjero, otra edición especial con motivo del Día del Trabajador, porque efectivamente me sentía un trabajador, una de la Copa América del 89, otra del Mundial de Italia '90 y una muy completa sobre la Copa Libertadores del 91.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio la hacía solo. Pero prontamente aparecieron colaboradores entusiasmados por formar parte de la revista. El Champion fue uno de ellos. Era el subdirector. Él había hecho una revista que le hacía competencia a la &lt;em&gt;Golazo. &lt;/em&gt;Se llamaba &lt;em&gt;Fu-Tenis, &lt;/em&gt;agregando otro deporte masivo como plus. Pero pronto abandonó su proyecto y se sumó al mío. El otro gran colaborador fue el River. Ambos aportaban con reportajes y notas "exclusivas&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAJaXND0HI/AAAAAAAAARo/vClJPB6j2YE/s1600-h/DOC040316+-+6.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 154px; FLOAT: right; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417840700236746866" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAJaXND0HI/AAAAAAAAARo/vClJPB6j2YE/s200/DOC040316+-+6.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;". Pero también hu&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAKUeQWkUI/AAAAAAAAAR4/t3LrlnoUsfo/s1600-h/DOC040316+-+14.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 154px; FLOAT: right; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417841698562019650" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAKUeQWkUI/AAAAAAAAAR4/t3LrlnoUsfo/s200/DOC040316+-+14.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;bo otros que, sin ser amigos, también se sumaron al proyecto, universalizando una revista que solo comenzó como un hobbie muy, pero muy personal. Reviso algunos números y me encuentro con una nota del Chumi, por ejemplo. Toda una rareza. Con el River y el Champion, en cambio, íbamos muy seguido al estadio y después que se acabó la revista, porque demandaba mucho tiempo y ya era hora de dedicarse a estudiar, hacíamos los comentarios deportivos de los lunes, en la primera hora de la mañana, en los breves quince minutos que, educativamente, nos proporcionaba &lt;em&gt;don Rola&lt;/em&gt;, nuestro profesor jefe, para que pudiéramos seguir expresando nuestra pasión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La &lt;em&gt;Golazo&lt;/em&gt; se nutría especialmente de las ávidas lecturas que realizaba semana a semana de las revistas &lt;em&gt;Minuto &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAH3jizxzI/AAAAAAAAARY/wStytBVMsIY/s1600-h/DOC040316+-+11.jpg"&gt;&lt;span style="font-family:lucida grande;font-size:85%;"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 154px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417839002742146866" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAH3jizxzI/AAAAAAAAARY/wStytBVMsIY/s200/DOC040316+-+11.jpg" /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/a&gt;90, &lt;/em&gt;que me compraba mi abuelita&lt;em&gt;, Deporte Total &lt;/em&gt;y&lt;em&gt; Triunfo,&lt;/em&gt; que compraba esporádicamente&lt;em&gt;,&lt;/em&gt; además de las secciones deportivas y los suplementos de&lt;em&gt; El Mercurio, La Tercera&lt;/em&gt; y&lt;em&gt; La Época, &lt;/em&gt;que eran los diarios que llegaban a mi casa. En muchas ocasiones, se trataba de meros resúmenes de reportajes aparecidos en esos medios, en una época en que la información deportiva no estaba tan desarrollada como ahora e Internet era apenas un elemento de ciencia ficción. El resto era toda invención nuestra, con especial énfasis en lo que veíamos directamente en los estadios o lo que escuchábamos por radio. Así, los lectores tenían un comentario actualizado de la fecha que resultaba un complemento a todo lo que ocurría el fin de semana y a lo que decían los maestros periodistas por TV como Julio Martínez o Alberto Fouillioux.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAIvXajuZI/AAAAAAAAARg/dhzunzRAzMs/s1600-h/DOC040316+-+1.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 154px; FLOAT: right; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417839961558989202" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAIvXajuZI/AAAAAAAAARg/dhzunzRAzMs/s200/DOC040316+-+1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Pero también había otras curiosidades. Como por ejemplo la realización de concursos que posibilitaban la lectura gratuita. O la inclusión de publicidad tan extraña como diversa: &lt;em&gt;Eno&lt;/em&gt;, Revista &lt;em&gt;Análisis&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La Tercera&lt;/em&gt;, Radio &lt;em&gt;Cien&lt;/em&gt;, etc. El mejoramiento del diseño con inclusión de colores, etc. Si uno compara los primeros números con los últimos, se constata toda una evolución en su presentación, haciendo de la revista algo ameno de leer en aproximadamente 30 páginas a todo color. Eran tantas páginas que los cuadernos escolares de 100 hojas muchas veces quedaban reducidas a 40 o 50 fácilmente. Y tenía que comprar varios al año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Supongo que estaban dadas las condiciones materiales para su surgimiento. La &lt;em&gt;Golazo &lt;/em&gt;respondía a una necesidad. No solo de expresión personal. Porque surgió en el contex&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAGs49jm1I/AAAAAAAAARI/VtNN0pZxeAk/s1600-h/DOC040316+-+5.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 154px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417837720001289042" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAGs49jm1I/AAAAAAAAARI/VtNN0pZxeAk/s200/DOC040316+-+5.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;to de un curso de hombres donde el 90% era bueno para la pelota y un tercio éramos fanáticos-fan&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAFh-p7p5I/AAAAAAAAARA/nqpBsHzwJpM/s1600-h/DOC040316+-+12.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 154px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417836433039402898" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAFh-p7p5I/AAAAAAAAARA/nqpBsHzwJpM/s200/DOC040316+-+12.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;áticos: jugábamos todos los días, hacíamos campeonatos internos, participábamos de los campeonatos del colegio, íbamos al estadio, nos probamos en algunos clubes. En fin, aparte del estudio, casi todo lo demás era el fútbol. En muchos de nosotros, hasta el día de hoy. La &lt;em&gt;Golazo&lt;/em&gt; marcó una época y por eso muchos me la recuerdan. Esta nota, en cierto modo, no solo es su recuerdo, sino que también el homenaje que le debía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La revista&lt;em&gt; &lt;/em&gt;terminó justo la semana anterior al inicio del Campeonato Nacional 89, tan abruptamente como empezó, con una nota anunciando el debut de la U en Segunda División a la semana siguiente. Sin saberlo, se trataba de una despedida. Pese a que anunciaba nuevas secciones para las futuras ediciones, fue lo último que se escribió. El último respiro de una hermosa época que transpira todo el fanatismo y amor por un deporte único. Un deporte que, como entonces, sigue motivando la escritura. Como dice una canción de ese tiempo: a pesar de los años, los momentos vividos.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAK022NwuI/AAAAAAAAASA/tYzzIjWFYjw/s1600-h/DOC040316+-+13.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 246px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5417835696924720594" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAE3Iag_dI/AAAAAAAAAQ4/W24p2MJ3eSs/s320/DOC040316+-+15.jpg" /&gt; &lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-109180034558271965?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/109180034558271965/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/12/la-revista-golazo.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/109180034558271965'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/109180034558271965'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/12/la-revista-golazo.html' title='La revista Golazo'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SzAME_XouPI/AAAAAAAAASQ/UIVUVW4odc8/s72-c/DOC040316+-+4.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-9004430468831142898</id><published>2009-12-09T20:45:00.006-03:00</published><updated>2009-12-10T15:18:18.355-03:00</updated><title type='text'>En una final de fútbol</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SyBEqIhFDLI/AAAAAAAAAQo/3mJteJcVQyc/s1600-h/FOTO_0120091209200742.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 350px; DISPLAY: block; HEIGHT: 197px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5413402242730757298" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SyBEqIhFDLI/AAAAAAAAAQo/3mJteJcVQyc/s400/FOTO_0120091209200742.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;A veces es bueno tener tanto inútil conocimiento futbolero. Escuchando el programa deportivo de la tarde de Radio Cooperativa, me enteré que estaban regalando entradas para la final entre Católica y Colo Colo por el Clausura 2009. A diferencia de otras ocasiones, no daban la pregunta al aire (así gané una vez entradas para un amistoso Chile-Perú, cuando preguntaron quién era el goleador chileno ante los del Rímac: Carlos Caszely, 4 goles), sino que esta vez había que contestar lo que directamente te preguntaban por el otro lado de la línea telefónica. Tambaleé un poco, pero acerté: ¿Qué jugadores de los actuales planteles finalistas había salido campeón en otra ocasión y con otra camiseta? Nombre tres. Y, poco a poco, nombré tres, en este orden: Ormeño con Wanderers, Meléndez con Cobreloa, Henríquez con Colo Colo. Mis espureos conocimientos futboleros permitieron que fuera a Santa Laura a presenciar un gran partido. Quedaba una sola cosa por resolver. Se trataba de una sola entrada. ¿Ir solo o verlo por TV con amigos? Felizmente, siempre hay un feligrés que va a la cancha. Rodrigo Mora, su padre y un amigo, habían comprado el lunes por la mañana -muy temprano- para el mismo sector al cual me habían asignado: Andes. Un angelito me dio el dato y así nos pusimos de acuerdo para ir. Definitivamente, había que dejar botado esta vez a los amigos e ir al estadio. El partido prometía. Y así fue.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Llegué temprano para ubicar asientos para todos. En el camino serpenteo la larga caminata de la hinchada cruzada por la Costanera Andrés Bello hasta Independencia. Dejo el auto cerca de un motel muy próximo a la comisaría del sector (extraña combinación de espacio), me como un pan de jamón y queso en un almacén cercano y hablo amenamente con su dueño y con el acomodador. Este me cuenta que era amigo del Kramer, ex líder de Los de Abajo, hoy en cana y me muestra su casa, ahí en la esquina. Y me pide una luca para cuidar el auto y me asegura que a la vuelta ahí va estar. Después de haber saboreado mi sandwich, me dirijo al estadio e ingreso expeditamente. El problema viene después. El problema era que las comunicaciones estaban cortadas. Mora llegaba sobre la hora desde la pega y supuestamente nos juntaríamos con su amigo incógnito, que también iba solo. No hubo caso. Una hora antes del inicio, ya estaba instalado, pero fue imposible ponerse de acuerdo con el resto. Resultado: el primer tiempo lo vi en la más absoluta de las soledades, rodeado de cabezas rubias. Milagrosamente, eso sí, nos comunicamos con Rodrigo y reparamos el entuerto viendo el segundo tiempo juntos, desde la última fila de Andes, desde donde se ve todo el poniente del Valle de Santiago, el cerro Renca, las montañas del norte y parte de los edificios céntricos de la ciudad. Todo esto, ante un implacable sol de veintitantos grados. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Por primera vez, desde que tengo memoria, la parcialidad alba es minoría ante los cruzados (excepto una vez, en verdad, pero con juveniles: la única vez que Colo Colo visitó San Carlos hace como diez años): tres cuartos de Santa Laura se tiñe celeste y blanco. Pero la parcialidad alba igual se hace sentir y canta fuerte.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El partido no puede tener mejor comienzo: 20 segundos y gol de Católica: rebotes en el área y la pesca Valenzuela. Pero un gol tan temprano no dice nada. Colo Colo ni se inmuta y hace su juego. Muchos cruzados, extrañamente, no juegan ni la mitad de lo que venían haciendo hasta entonces. Así, no extraña que bordeando los quince minutos empataran los albos con un cabezazo de Aránguiz y que poco después lo diera vuelta con un golazo de Paredes, tras vistosa jugada personal por el medio de la zaga cruzada -caño incluido-. Sí, por el medio de la zaga cruzada. El primer tiempo termina con un travesaño de Damián Díaz, el único que hizo algo decente en la UC. Los albos, en cambio, demuestran oficio y mejor juego, como en el partido de ida.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el segundo tiempo los cruzados salieron obligados a jugarse su opción. Y lo hicieron. Pero sin mucho fútbol. Más bien a los ollazos. El empate dos a dos es producto del enésimo centro sobre el área que milagrosamente capta Gutiérrez para -desde mi posición en perfecta línea sobre la jugada- anotar de cabeza levemente adelantado. Pero Colo Colo no cambia en nada en su libreto y nuevamente va a la carga. Y rápidamente se hace del tercero con un cabezazo de Paredes -para mi, la figura- con un centro desde un tiro de esquina. Sí, desde un tiro de esquina. 2x3 y parece todo sentenciado. La UC debe hacer dos goles y no se ve por dónde. El equipo que mejor jugaba en el segundo semestre era doblegado por otro equipo que terminó jugando la segunda mitad del año de menos a más, pero con más oficio. Esa fue, al final, la diferencia. La que permitió a Bogado, a pocos minutos del final, cerrar la llave con un tiro violento cuando aún quedaban ilusos hinchas cruzados pensando en la hazaña.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Colo Colo resultó ser un justo campeón porque fue superior en los dos partidos. Y porque demostró tener jerarquía. La misma que le faltó a Católica. Mientras los jugadores albos demostraron toda su capacidad, jugando a un nivel apto para una final, como Miralles, Millar, Torres, Paredes, los cruzados se vieron apagados, sin brillo y sin ese fútbol asociado y dinámico que habían mostrado antes. Como tantas veces, los albos mostraron esa cosa diferente para quedarse con el título, mientras los cruzados fueron fríos, algo nerviosos y sin ideas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Más allá de que no sea hincha de uno u otro equipo, igualmente fue bueno haber ido a Santa Laura. Porque fue un buen partido. Uno digno de una final. Eso sí, una pregunta para los dirigentes cruzados: ¿Cuántos títulos no habrán perdido cediendo su condición de local? Lo puedo firmar: sin duda, más de uno. Es extraña esta manera de ser estos dirigentes. Si este partido se hubiera jugado en San Carlos -como tantos otros contra la U y Colo Colo- tal vez la historia hubiera sido distinta. Es extraño que estos partidos sí puedan disputarse en Independencia, pero no en Las Condes. Una situación como esta, todavía nos habla de un país segregado, mientras las hinchadas locales siguen demostrando, poco a poco, que algunos hechos de violencia parecen ser más del pasado. A la salida, todo tranquilo. El acomodador de auto no está. Pero saludo amablemente al dueño del almacén, quien afuera de su negocio ve a la gente pasar. Culpable, regreso a casa y llamo a mis amigos olvidados en un bar. Y pienso, finalmente, que a veces es bueno saber de fútbol, porque permite disfrutar tardes como esta.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-9004430468831142898?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/9004430468831142898/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/12/en-una-final-de-futbol.html#comment-form' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/9004430468831142898'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/9004430468831142898'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/12/en-una-final-de-futbol.html' title='En una final de fútbol'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SyBEqIhFDLI/AAAAAAAAAQo/3mJteJcVQyc/s72-c/FOTO_0120091209200742.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-8530562384747067869</id><published>2009-11-28T08:56:00.016-03:00</published><updated>2009-11-28T10:59:31.786-03:00</updated><title type='text'>Fe en la palabra</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SxEmiCgxAUI/AAAAAAAAAQQ/vFuHODqn6rw/s1600/ppdlp.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 135px; DISPLAY: block; HEIGHT: 101px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409146993680384322" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SxEmiCgxAUI/AAAAAAAAAQQ/vFuHODqn6rw/s400/ppdlp.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Santiago es una ciudad que ha cambiado notablemente en los últimos veinte años. Algunas modernizaciones viales, sin dejar de ser impactantes para ciertos grupos de vecinos, permiten, por ejemplo, atravesar la ciudad -en auto- de poniente a oriente o viceversa en veinte minutos cuando hace unos años la odisea podía significar fácil dos horas. Edificios de gran altura, tan violentos como grotescos, han reemplazado las viejas casas de grandes patios de barrios tradicionales de Ñuñoa y San Miguel, por ejemplo. Los grandes grupos económicos construyen inmensas torres corporativas intentando batir récord de altura a nivel sudamericano y haciendo muestra de que todo su poder es, verdaderamente, insaciable. Uno de esos edificios altos, tan extraño y simbólico como un celular, en un país como este donde hay más teléfonos celulares que personas, se construyó sobre un terreno que durante muchos años estuvo baldío y en donde tuve la posibilidad de ir por primera y única vez a un circo, siendo niño, acompañado de mi tía Nancy.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Pero perdón por esta regresión. Si los años de dictadura fueron los ideales para cultivar un modelo económico infranqueable, tan férreo como infalible, los años concertacionistas posteriores fueron los mejores para administrar ese modelo como el mejor de los empleados, bajo la supervisión atenta del patrón, quien desde las sombras solo vigilibaba, levantaba la mano de vez en cuando para hacer alguna indicación o alzaba la voz firme para dar la orden precisa, cuando correspondía, porque había que cuidar el fundo. A veces, muy pocas veces, y solo porque las ganancias fueron exorbitantes, los patrones premiaban a su capataz con grandes aplausos y declaraciones, premios y distinciones, editoriales y columnas de opinión. Así fueron los últimos días del mejor capataz de todos, Ricardo Lagos. &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Chile es un gran fundo, dice Jorge González, no el cantante, sino el personaje que encarna al cantante en la buena obra del poeta Pablo Paredes&lt;em&gt;, Jorge González murió&lt;/em&gt;. Es cierto, las estructuras relacionales de nuestra sociedad son tan antiguas y enraizadas que se terminan reproduciendo, siempre, de distintas maneras, pero con el mismo fondo. Tal como lo ha sido el esclavismo encubierto que ha exisitido en nuestro país desde la colonia, cuya máxima muestra fueron el sistema de inquilinaje, los trabajos en las minas del salitre y el carbón, y el sistema de nanas puerta adentro, situación esta última que tanto ha llamado la atención, a raíz, justamente de la película &lt;em&gt;La nana&lt;/em&gt;, dentro de las culturas liberales europeas. Algo de todo esto, por cierto, lo ha tratado de mostrar y explicar nuestro querido historiador de lo social, el profesor Gabriel Salazar, todavía ninguneado dentro de ciertos círculos oficiales.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Pero estas notas pseudosociológicas solo quieren llamar la atención sobre una cosa no menor dentro del contexto cultural de nuestro país, hoy, en sus doscientos años: que el sistema que nos fue impuesto desde hace ya treinta a cuarenta años, tan seductoramente perverso con sus invitaciones a la fiesta del consumo, tan mentiroso y desigual, te deja muy pocas posibilidades de acción: o te sumas a él sin asco, o te sumas con descontento, pero te tienes que sumar. El reverso, significa la exclusión. Y la exclusión se castiga con severidad. Hay muchos que intentamos resistir desde trincheras precarias, pero con la dignidad de la resistencia: desde la docencia, desde la práctica social, desde el sindicalismo, desde el anarquismo, desde la creación artísitca, desde la escritura. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El documental de Francisco Hervé, &lt;em&gt;El poder de la palabra&lt;/em&gt;, nos habla de esta derrota que se asume con resistencia, orgullo y dignidad. Nos muestra cómo, producto de la implementación del Transantiago, los vendedores ambulantes asociados al SINTRALOC, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Locomoción Colectiva, se vieron amenazados en sus fuentes de ingreso al anunciarse que con el nuevo sistema de transpor&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SxEm1nGslbI/AAAAAAAAAQY/uHrX6ZOl4-w/s1600/imagesCA6XRVVQ.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 124px; FLOAT: right; HEIGHT: 124px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5409147329920669106" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SxEm1nGslbI/AAAAAAAAAQY/uHrX6ZOl4-w/s400/imagesCA6XRVVQ.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;te ya no iban a poder subirse a las micros a realizar su trabajo. Liderados por un grupo admirable de personas, se organizaron, lograron agrupar a sus compañeros, hacerse oír y entender y llegar con sus reclamos ante las autoridades para defender sus intereses y poder seguir trabajando. Obligados a movilizarse para no ser arrastrados por la aplanadora de los nuevos buses articulados, estos trabajadores se vieron en la necesidad de mostrar una cara seria, organizada, como lo exige el sistema que extiende sus brazos y acoge a quien quiera acogerse, aunque quedes en un rincón, pero lo hicieron por ellos mismos, porque eran lo que sabían hacer y lo que les gustaba hacer, como esos payasos que se ríen de uno de los integrantes de la comisión seleccionadora de artistas para que puedan subirse a la locomoción colectiva. Obligados a nadar en medio del mar, tomaron clases de oratoria, eliminaron a los malos elementos de sus filas y proyectaron una imagen grupal coherente. Solo así pudieron sobrevivir y hoy pueden seguir trabajando como cuando lo hacían con las micros amarillas.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Hay otros como el Bucanero quienes fueron obligados a resignificarse. Ya no podía tener su habitáculo de chofer de micro lleno de adornos, espejos, banderines y calcomanías. El nuevo sistema no lo consideraba. Pero debía seguir trabajando, ahora con su "Raspesantiago", su micro amarilla enchulada. Así, como ya no podía tener su nombre gigantescamente puesto en el vidrio trasero de su micro, se lo tatuaba en la espalda para no olvidar, para no olvidarse de ese otro tiempo en donde en donde su vida cotidiana transcurría rodeada de pequeños afectos. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La película de Hervé nos muestra a un Chile en transformación, permanentemente en construcción, un país donde pasan muchas cosas. Resulta interesante, pese a todo, esa intensidad. Como también son interesantes, en la película, los momentos dedicados a mostrarnos las capacitaciones a los nuevos choferes del Transantiago, los discursos que allí se dan, las situaciones que se construyen y las expectivas nuevas que recaerán sobre los nuevos "operadores". Los momentos relacionados con su caótica puesta en marcha. Gestos, diálogos, miradas de cámara como de reojo, utilizando una excelente gráfica micrera y un ritmo de narración tan rápido como los cambios que se suscitan en este periodo de nuestra vida nacional, ávido de sumarse a los países más ricos de nuestro planeta a costa, aún, de mantener una de las sociedades más desiguales en términos de ingresos.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando era estudiante universitario propiciaba un extraño anhelo por la ficción. Es extraño, pero ahora que estoy un poco más viejo, me parece mucho más interesante la no ficción. En esa categoría entran los documentales. Y será porque Chile es y ha sido, siempre, un país de documentalistas, que es impresionante la gran cantidad de estos que se producen en nuestro país. Su circuito, sin embargo, es reducid y su propaganda, escasa. Un canal de cable y la televisión nacional dedican, con cierta regularidad, espacios para su difusión, aunque en horarios generalmente nocturnos, cuando la mayoría de la gente duerme. Aún así, gracias a esta programación he podido ver últimamente buenas películas. Algunas dedicadas a escritores como Stella Díaz Varín o José Donoso, otros dedicados a personajes extremos de nuestra ciudad, como el Divino Anticristo, y uno de un soldado chileno que participó como mercenario en la Guerra de las Malvinas que me provocó gran impacto. Cuando uno va al cine a ver estas películas, en tanto, como la de&lt;em&gt; Un diplomático francés en Santiago&lt;/em&gt;, o&lt;em&gt;, La ciudad de los fotógrafos&lt;/em&gt;, o, &lt;em&gt;El diario de Agustín&lt;/em&gt;, tres de las que he visto últimamente en pantalla grande, generalmente uno está acompañado de no más de tres o cinco personas, y la sensación de qué pena que esto no sea más público resulta terrible. Se anhela mayor difusión y el deseo de propiciar una discusión con estos excelentes trabajos de nuestros realizadores. Este texto, en parte, quiere incitar a eso, colaborar con eso. Porque estos documentales nos muestran una parte de nosotros mismos que tal vez no entendemos o queremos ocultar, porque nos hablan de un Chile diverso y complejo, en donde suceden tantas cosas que es bueno detenerse a contemplarlas y pensarlas. Un país acostumbrado a obedecer. Un país que requiere de más acción. Un país que no acostumbra a verse al espejo y hablar. Hay que tener más fe en la palabra. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-8530562384747067869?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/8530562384747067869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/fe-en-la-palabra.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8530562384747067869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8530562384747067869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/fe-en-la-palabra.html' title='Fe en la palabra'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SxEmiCgxAUI/AAAAAAAAAQQ/vFuHODqn6rw/s72-c/ppdlp.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-8211745871709348933</id><published>2009-11-25T15:04:00.004-03:00</published><updated>2009-11-25T17:47:20.597-03:00</updated><title type='text'>Fútbol cota mil</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sw1zsgG4oII/AAAAAAAAAQI/hTPNmE6LL6w/s1600/643028326_estadio_san_carlos.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5408105935912083586" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sw1zsgG4oII/AAAAAAAAAQI/hTPNmE6LL6w/s400/643028326_estadio_san_carlos.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;He ido pocas veces a San Carlos de Apoquindo. Es un estadio que queda lejos, en los faldeos precordilleranos de la ciudad de Santiago. Allí suele hacer frío en la noche y a veces cae nieve en invierno, como se aprecia en la foto. Ahora que uno es grande y anda movilizado resulta más fácil ir. Pero antes, la escasa locomoción y el largo trayecto siempre fueron una dificultad. La primera vez fue -reviso mis archivos- el 12 de marzo de 1989, una mañana de domingo a la hora de misa. El Sapo y el River fueron testigos de ese partido entre la UC y Audax por la Copa Coca Cola-Digeder. Con dos goles de Olmos y uno de Estay, los cruzados ganaron 3-0. La verdad es que poco recuerdo de ese día. Solo sé que por entonces la institución dueña de casa acostumbraba jugar en ese horario, atrayendo siempre mucha gente a su pequeño, pero hermoso estadio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recuerdo con mayor nitidez, sin embargo, la segunda vez que llegué a este estadio cota mil, porque es algo histórico e insuperado hasta ahora y porque muy pocos pueden contar la gracia. Se trata del único clásico universitario que se ha disputado alguna vez en el recinto. Fue el 24 de febrero de 1991 por la Copa Ladeco-El Mercurio o, mejor dicho, un partido amistoso. Disputado a la agradable hora del crepúsculo, con el Boban hicimos el largo viaje en micro desde Plaza Egaña para ser los únicos testigos de un partido que no se ha vuelto a repetir, porque la UC no disputa sus partidos de local frente a los otros dos grandes. Para el anecdotario, las formaciones de los equipos: La UC alineó a Toledo; Romero, Del Solar, Contreras y Ovalle; Lepe, Parraguez, Estay, Reinoso; Percudani y Barrera. La U, en tanto, jugó con Mella (Fournier); Eladio Rojas, Reyes, Pedro Soto y Reynero; Bello, Cisternas, Juan Soto (Galindo) y Puyol (Goldberg); José Manuel Pérez (Hugo Vilches) y Cristián Torres. Ganaron los locales 2-0 con goles de Percudani y Lepe y la barra de la U tiró piedras y lanzó unos tablones a la cancha. Los azules nunca han disputado un partido oficial aquí desde que fuera inaugurado en septiembre de 1988.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer volví otra vez. Con Gastón queríamos ver fútbol. Disfrutar una noche primaveral de fútbol, relajados y dispuestos ante la promesa de un buen partido: play-off, cuartos de final, la UC del Fantasma Figueroa versus el Everton de Nelson Bonifacio Acosta. La UC había ganado 2-0 en Viña y con Gastón pensamos ilusamente que los ruleteros se vendrían a jugar su opción. Lo hizo, pero tarde, sin mucho fútbol. La UC dominó ampliamente y pese a que el marcador no se quebró, debió haber ganado. La UC del Fantasma, sin ser una maravilla de equipo, practica el mejor fútbol del campeonato, el más consistente y vistoso, pero ayer solo se limitó a administrar el balón, crearse un par de oportunidades, sin alcanzar a deleitar a la parcialidad local que llenó la aposentadurías.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Son tan pocas las veces que uno va hasta San Carlos que, en verdad, son muchas las cosas que llaman la atención. Primero, un tipo de público -en las galerías- que no se ve en otros estadios de la ciudad sino escasamente: o sea, un público&lt;em&gt; pirulo&lt;/em&gt;, siguiendo a un excelente e ilustrador término chileno para referirse a determinada gente de clases más acomodadas, bien alimentadas y mejor aspectuadas que el común de los mortales. Pero resulta curioso cómo esta predominancia se mezcla armónicamente con gente de otra ascendencia, pero igualmente fanática de &lt;em&gt;los caballeros cruzados, &lt;/em&gt;formando una variopinta mezcla que hace pensar, cada vez más, que el público cruzado, hace tiempo, dejó de ser privativo de una clase social. Eso sí, una cosa es cierta: cada estadio tiene su público cautivo. No se explica, de otra forma, que cuando la UC visita el Monumental o el Nacional, el número de su hinchada se reduce notablemente, quizás también por razones asociadas a la "seguridad". Este público, finalmente, forma parte de ese gran número de hinchas que a partir de los años 90, aproximadamente, dejó de asistir de modo paulatino a los estadios. San Carlos se convierte, entonces, en un refugio, un espacio de encuentro sano, lleno de mujeres jóvenes y niños y que remite a un público de antaño: respetuoso, ni tan fanático, que disfruta sentado un lindo espectáculo sobre una bella alfombra, allá arriba de la ciudad, lejos de los centros, de los focos de delincuencia y pobreza, lejos de toda violencia cotidiana. Con buena vista, aire puro, rodeado de montaña y el fútbol elegante que siempre caracterizó a este club de exigentes hinchas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En San Carlos la gente fuma mucho, alienta a sus jugadores y de vez en cuando se suma a los cánticos de su barra organizada. También son múltiples los vendedores de maní, bebidas y churros, muchos más de los que habitualmente se ve en los estadios ciudad abajo. Algunos difrutan los sandwiches del Lomitón y otros, en la tribuna preferencial, se sirven un whisky, según las crónicas de algunos periodistas deportivos de hace unos años. No sé si esto último se dé actualmente, pero de que alguna vez fue así, fue así. Es lindo ver fútbol en San Carlos: si no fuera porque las aposentadurías aún son de tablón y porque los estacionamientos son de tierra, parecería una postal sacada de un estadio de algún país miembro de la OCDE. Sin embargo, en su coquetería, remite a la simpleza austera de sus dueños, la misma que ha impedido que este club sea mucho más grande de lo que puede ser en el concierto chileno y latinoamericano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dice Luis Ortega en "De pasión de multitudes a rito privado" (&lt;em&gt;Historia de la vida privada en Chile&lt;/em&gt;, Tomo 3) que el fútbol chileno está en crisis desde hace unos treinta años y que esta se ha ido agudizando profundamente. Escrito en la época inmediatamente posterior al fracaso de las eliminatorias de 2006 -es decir, sin saber nada aún del esperanzador cambio que han liderado, cada uno desde su posición, Michelle Bachelet con la construcción de estadios y su apoyo al deporte, Harold Mayne Nicholls con una dirección seria y Marcelo Bielsa con su ultra profesionalismo-, Ortega señala que una de las crisis de nuestro fútbol tiene relación con que hoy la gente ya no va al estadio a vivir una fiesta multitudinaria como sí lo fue en una época no tan lejana, que el estadio ya no es un lugar de encuentro público, ameno, civilizador y de sana diversión, sino que es un deporte que se ha privatizado. Dice: "Se ha transformado en una actividad esencialmente personal; en ocasiones en una nueva instancia de sociabilidad familiar con sus características, formas y maneras. Un verdadero rito casero que en muchas ocasiones implica preparación de comidas especiales, pero que la mayor parte de las veces se vive, se disfruta o se padece individualmente frente al televisor, en la intimidad del hogar, ajeno a las miradas de los otros, sin la efervesencia que provoca la multitud reunida, lejos del ambiente de un estadio, sujeto a lo que la pantalla y el sonido puedan proporcionar a un hincha cada vez más despojado de pasión y cada vez más domesticado por el rito de&lt;em&gt; ver un partido&lt;/em&gt;."&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Porque existe una resistencia, justamente, a esta privatización del fútbol es que nace la imperiosa posibilidad de asistir un martes a la noche tras la jornada laboral, a ver un partido de fútbol bien acompañado por el simple hecho de poder disfrutarlo. No importa que el estadio quede lejos, no importa que no seamos hinchas ni de Católica ni de Everton. Simplemente vamos al estadio en parte por la multitud, en parte por el juego mismo, pero por sobre todo porque existe la convicción de que el fútbol sigue siendo el deporte más lindo de todos, el más efusivo, el más socializante, el más ético e instructor, el que posibilita el encuentro e intercambio social, anula las diferencias y produce un sueño de convivencia social totalmente opuesto al cada más vez enajenante y solitario mundo de lo privado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-8211745871709348933?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/8211745871709348933/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/futbol-cota-mil.html#comment-form' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8211745871709348933'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/8211745871709348933'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/futbol-cota-mil.html' title='Fútbol cota mil'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sw1zsgG4oII/AAAAAAAAAQI/hTPNmE6LL6w/s72-c/643028326_estadio_san_carlos.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-4539465007494416871</id><published>2009-11-24T15:04:00.006-03:00</published><updated>2009-11-26T14:37:17.387-03:00</updated><title type='text'>El club de los perdedores</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SwwyBbSwtxI/AAAAAAAAAQA/Bo5N5v0pGOQ/s1600/DSCN4392.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 400px; DISPLAY: block; HEIGHT: 300px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5407752252652828434" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SwwyBbSwtxI/AAAAAAAAAQA/Bo5N5v0pGOQ/s400/DSCN4392.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;Hace unos años nos juntábamos un grupo de familiares, cuñados y amigos cercanos a jugar fútbol en las multicanchas del viejo Estadio Nacional. Éramos seis a ocho entusiastas de cancha dura, pelota desinflada, camisetas de distintos colores, sin canilleras, sin hacer calentamiento y que únicamente nos reuníamos para divertirnos unas dos horas cada mañana de domingo, aburrida, de poco aliento, sin mucho más que hacer que dormir hasta la hora de almuerzo o sacudirse del peso del trabajo semanal moviendo un poco el cuerpo.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Todos teníamos un cierto pasado glorioso con el fútbol. Me refiero, por cierto, a lo que puede ser memorable a nivel amateur: participación en selecciones escolares o universitarias y en ligas de fútbol, de esas que abundan en los sectores altos de la capital. Todos teníamos alguna historia sabrosa con un ex futbolista profesional contra el que nos había tocado jugar alguna vez, alguna pelea con un árbitro, un gol inolvidable y muchos horas de tercer tiempo en algún bar. Eran historias que afloraban de repente, en el peloteo previo, en el sucio camarín, bajo el chorro de agua caliente que relajaba los músculos, o, en los asados familiares. Y ese pasado afloraba a chispazos, cada domingo, con alguna buena jugada, un buen pase, una pared fulminante o una finta quebradora. Éramos todos buenos para la pelota y lo pasábamos muy bien, haciendo jugadas notables y convirtiendo muchos goles. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nuestro rival era siempre el mismo. Un grupo de gorditos más o menos de la misma edad nuestra, la que oscilaba entre los dieciocho y los cuarenta años, que un día aparecieron por ahí y no tenían rival. Jugamos una vez y quedamos de volver a juntarnos la próxima semana. Y así fue que ya casi no había que ponerse de acuerdo, porque sabíamos que el siguiente domingo nos volveríamos a enfrentar. Ellos venían siempre preparados con una pelota mejor que la nuestra, vestían camisetas de diferentes equipos del mundo y usaban zapatillas adecuadas para la superficie. Algunos elongaban un poco y daban unas vueltas alrededor de la cancha. Pero nosotros siempre les ganábamos. Y a veces por goleada. Con el Pablo al arco, el Julio moviendo la pelota por el medio, el Jaime siendo un patrón atrás, y con Rodrigo y el Salva jugando de punteros. Otras veces aparecían el Sergio y el Jorge. Todos podían hacer algo con la pelota. Pero nuestros rivales, no. A veces nos daban pelea, luchábamos hasta el final, pero siempre ganábamos, divirtiéndonos, y pensando que esta, ahora sí, sería la última victoria, porque ellos ya no volverían. Pero al domingo siguiente ahí estaban, dispuestos a ser vapuleados de nuevo. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Alcanzamos a jugar unos tres años en esas ripiosas canchas del Estadio Nacional, donde cada caída te dejaba algo de tierra entre medio de la piel y debía ser limpiado más tarde por una mano femenina y su Povidona Yodada. Nuestros rivales habrán ganado unas tres veces. No más. Se abrazaban efusivos y se iban felices, radiantes, a sus casas, mientras nosotros pasábamos la rabia de una semana agria, sin sentido, por no haber jugado bien y esperando con ansia el otro domingo para desquitarse con hartos goles esta afrenta. Nuestros rivales, pese a todo, eran buenos tipos. Celebraban nuestras buenas jugadas, no hacían fouls violentos y si lo hacían, perdían perdón. Siempre tiraban tallas y la vida parecía en ellos una ligera hoja, despreocupada, amena, sin mayores complejidades. Me caían bien. Todo se hacía en un ambiente de antigua cordialidad, aunque ni siquiera supiéramos sus nombres. Y porque además siempre les podía hacer el mismo desborde de la semana pasada como si fuera algo realmente nuevo. Eso sí, nunca entendí porque iban todos los domingos si siempre perdían. Creo que tal vez tiene que ver con el simple hecho de jugar y vestirse de corto. Nada más que vivir la ilusión de estar en un campo deportivo poniendo en suspenso toda conexión con la realidad, liberar algo de endorfinas y reír. Esto lo digo porque quizás ahora me toca a mí formar parte del club de los perdedores, porque en la liga donde yo juego ahora, cada domingo, un triunfo es más bien algo esquivo y evanescente, una verdadera ilusión. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los domingos en el Nacional poco a poco se fueron haciendo rutinarios. Ya costaba alcanzar a hacer el equipo. Uno comenzó a faltar seguido. Había que buscarle un reemplazo. Otro llegaba de vez en cuando. Y el equipo al que le ganábamos siempre también empezó a faltar. Como si se hubieran dado cuenta de que no tenía ningún sentido ir a jugar cada domingo para ir a perder. Como si de pronto el mundo hubiera cambiado y surgieran cosas más interesantes que hacer. Todo fue muriendo de manera natural. Ante la nueva situación, jugábamos entre nosotros, tres contra tres, o contra algún equipo que de pronto apareciera. Pero ya no era lo mismo. Ya no nos divertíamos. Los rivales nuevos no eran tan respetuosos como los anteriores. Algunos eran agresivos y mala leche. A ellos no les daba lo mismo perder como a los anteriores. Una vez se armó una pelea. Hubo combos, insultos y narices rotas. A la semana siguiente nadie fue. Y a la subsiguiente tampoco. Ya nunca más volvimos a ir. Había sido la justificación perfecta para dar fin a algo que había terminado hace tiempo, cuando los perdedores dejaron de ir. Necesitábamos de ellos, pero ellos nos habían dejado por otras preocupaciones. Algo más importante que el fútbol. Algo que cambiara el repetido panorama de un domingo saliendo de la cancha cabizbajos, enojados, y, sin embargo, alegres. Habíamos perdido la esencia del juego, la pura diversión. Habíamos perdido su lección y nuestro alimento. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-4539465007494416871?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/4539465007494416871/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/el-club-de-los-perdedores.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4539465007494416871'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4539465007494416871'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/el-club-de-los-perdedores.html' title='El club de los perdedores'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SwwyBbSwtxI/AAAAAAAAAQA/Bo5N5v0pGOQ/s72-c/DSCN4392.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-4689889394943854841</id><published>2009-11-19T16:39:00.005-03:00</published><updated>2009-11-19T17:03:15.992-03:00</updated><title type='text'>La representación de la infancia en la poesía de Enrique Lihn</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SwWgrBAeYPI/AAAAAAAAAP4/fgnbxfLy3iY/s1600/images.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 109px; DISPLAY: block; HEIGHT: 140px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5405903588593393906" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SwWgrBAeYPI/AAAAAAAAAP4/fgnbxfLy3iY/s400/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;span style="font-size:85%;"&gt;Este texto fue leído a comienzos de noviembre de 2009 en el XXX Congreso Internacional de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios (SOCHEL) en Valdivia. Aunque me piden que no haga público este estudio, este es solo un extracto de algo mucho mayor. Espero no se enojen.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;El presente trabajo se inserta dentro de una investigación aún en desarrollo en relación a las representaciones de infancia en la poesía chilena de segunda mitad del s. XX hasta nuestros días. Su presentación más sistemática y formalizada será publicada, según me han prometido desde una revista especializada del sur de Chile, durante el primer semestre del próximo año. Es por esto que aquí intentaré apuntar tan solo a unas pocas ideas centrales respecto a lo que creo se desprende tanto de la propia obra de Lihn como de sus disquisiciones ensayísticas en relación al tema de la infancia. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Este tema, sin duda, ocupa un lugar central dentro de muchos de los poetas que comenzaron a publicar en los años 50. Casi como actitud generacional, encontramos que su presencia se inscribe de manera especial en poetas como Efraín Barquero, Jorge Teillier, Alberto Rubio y Sergio Hernández, por nombrar solo a algunos. Existe, por tanto, una problemática en relación a qué se dice de la infancia y por qué se escribe sobre ella dentro de las poéticas de estos autores y que hoy parece importante poner en cuestión cuando constatamos que muchos de los poetas que comenzaron a publicar en los primeros años del tercer milenio también, casi generacionalmente, han vuelto a situar la infancia en un espacio relevante de sus trabajos poéticos. Con esto último, me refiero a autores como Pablo Paredes o Diego Ramírez, por nombrar a solo dos poéticas aún en construcción. Por esto mismo, cabe preguntarse por qué la infancia no ha sido lo suficientemente estudiada por la crítica especializada, como si se tratase de un tema poco relevante o sobre el cual poco se puede decir. Es por esto que un trabajo como este espera aportar al enorme caudal crítico existente respecto a la obra de Lihn, específicamente, en especial a partir de la obra que, creemos, inaugura su potencia escritural. Me refiero a &lt;em&gt;La pieza oscura. &lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;En esta obra y en otras producciones inmediatamente posteriores, nos encontramos con dos movimientos relacionados con las representaciones de infancia. En primer lugar, como regresión y en segundo lugar, como oposición al mundo de los adultos. Ambas, para saldar una deuda con un presente que se vive de modo traumático. Este hablante se configura como un adulto que vive un presente en ruinas, caracterizado por la angustia, el fracaso matrimonial y la imposibilidad de atenerse a las normas que rigen la vida social. Esto hace que el sujeto de estos poemas vuelva hacia una infancia que se le presenta de modo fantasmal y se sitúe en ella para encontrar una causa explicativa, pero también para situarla como un tiempo y un espacio posterior al de la creación poética a través de la figura de un niño anciano, un &lt;em&gt;puer senex&lt;/em&gt; medieval, pero remasterizado en el contexto de una modernidad en disolución, en palabras de Naín Nómez, una modernidad que se vive críticamente en la urbe desde la marginalidad, la orfandad, la degradación, lo oscuro y ajeno, y que termina por mostrarnos un “Narciso grandilocuente, ampuloso e impositivo”, como diría Carmen Foxley, que no tiene fe en el mundo vacío que le ha tocado vivir, un Narciso subyugado en su cápsula de cristal.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Señalaba el propio Lihn que, cito,&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Infancia y poesía están asociadas por el principio de la casualidad y la lógica de la indeterminación. La segunda debiera ser el efecto de la primera, pero está la ley de las excepciones. Según esta, como la infancia es una consecuencia de la poesía, habría una ancianidad previa al acto poético.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Creemos que esta premisa la intenta desarrollar Lihn de modo programático especialmente en &lt;em&gt;La pieza oscura&lt;/em&gt; (1963), al hablarnos de la infancia desde una cierta ancianidad, una “situación” previa al acto poético que comienza a manifestarse con la evidencia de un presente temporal que envuelve y encoje al hablante y lo hace sentirse como Jonás: en el vientre de la ballena, protegido, pero frágil e inestable. Cito: “Asísteme señor en tu abandono”; “soy un náufrago de la carne en la carne”; “solo sé que seremos destruidos”. De acuerdo a Gastón Bachelard, “el complejo de Jonás” es la necesidad del sujeto de refugiarse en un espacio que otorga las seguridades primarias de la vida en tanto imagen de una intimidad tranquilizadora en contraposición a una exterioridad amenazante. En este sentido, el refugio circular equivale al vientre materno. Podríamos entender esta regresión infantil como una metáfora de un desacomodo como poeta en el mundo, que busca un lugar donde instalarse dentro del campo literario. Recordemos que por entonces, como revelaran cercanos al propio poeta, Lihn no se sentía seguro aún respecto a su producción poética y de hecho, tras el éxito de recepción de &lt;em&gt;La pieza oscura&lt;/em&gt;, termina por desechar casi por completo sus dos primeras obras. Se sentía, entonces, como Jonás en la historia bíblica: frustrado por la nulidad de su discurso.&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Esta intuición de que todo intento con la poesía está destinada a una pérdida irremediable –quizás el gran tema de la poesía de Lihn- se evidencia con mayor fuerza aún en sus famosos “Monólogos”, en donde la regresión a la infancia se realiza desde la voz de un sujeto que utiliza la ironía como mecanismo para acentuar precisamente esta fatalidad. En “Monólogo del padre con su hijo de meses” el hablante señala: “Nada se pierde con vivir, ensaya; aquí tienes un cuerpo a tu medida”, como si en la vida no hubiera ya novedad, todo se hubiera experienciado tempranamente o estuviera predeterminado dentro de límites reconocibles: por esto, el padre no cree que el niño podrá ser feliz cuando sea adulto, presentándolo como una proyección de sí mismo, hablándole desde un presente anciano. El niño, a su vez, no puede responderle. O, como señala en el “Monólogo del viejo con la muerte”: “Y bien, eso era todo”, como diciendo esto era la vida, ni tan gran cosa. Frente al espejo (Narciso), el sujeto se ve a sí mismo en diferentes etapas: desde niño a anciano, configurándose como un sujeto que ha sido golpeado por la existencia (se señala en dos ocasiones en el poema la frase “le han pegado en la cara”). En este poema, como en el anterior, el sujeto se da espacio para pensar la existencia y en esa reflexión, la infancia aparece como parte fundamental de un ciclo vital amenazado, desde su origen, por la muerte, por el vacío y la incapacidad de comprender el mundo. Pero estos dos poemas no pueden entenderse sin un tercero, que lo completa y lo cierra: se trata del “Monólogo del poeta con su muerte” presente en el libro &lt;em&gt;Poesía de paso&lt;/em&gt;, inmediatamente posterior a &lt;em&gt;La pieza oscura&lt;/em&gt;, y en donde el hablante de varios textos retoma el tema de la infancia. En este poema, el sujeto regresa a la niñez a través de la figura del Narciso que se ve a sí mismo cada siete años (aludiendo con esto a otro tópico de origen medieval: las etapas de la vida) en un espejo sangriento:&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Cuánta inocencia ahora&lt;br /&gt;que la muerte prepara tu bautismo&lt;br /&gt;en las aguas servidas de la sangre&lt;br /&gt;una y mil veces transformadas en vino&lt;br /&gt;quieres que tú te mires en ellas sollozando,&lt;br /&gt;como si todo tu pasado fuera&lt;br /&gt;algo por verse allí&lt;br /&gt;en ese triste espejo que volvía a trizarse&lt;br /&gt;cada siete años, con tu cara adentro.&lt;br /&gt;Todo lo tuyo fue –dicen las trizaduras-&lt;br /&gt;altos y bajos de la mala suerte.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Este Poeta-Anciano-Narciso, del cual el hablante señala “te miras el ombligo del mundo”, termina, como en reversa, en su infancia, en donde, cito, “no más / juega tu corazón, como en un viejo patio / casi vacío”. Entonces ahora el Poeta-Niño-Narciso, infante “con las orejas y las manos sucias”, vuelve junto a su madre “para aventar del patio los recuerdos / turbulentos”. Esa madre, como señala Kristeva (1996) es la madre de quién el sujeto se está recién separando para configurar su identidad, puesto que el Narciso freudiano “no sabe en absoluto quién es”: su imagen es inestable, fronteriza, aún demasiado dependiente del “otro”. Pero es, también, en cierto sentido, una suerte de madre-poesía que lo cobija, como a Jonás, y lo salva de la crisis. Este poema resulta clave para entender la concepción que Lihn tiene de la infancia y cómo la relaciona con la poesía: como un espacio de configuración de la identidad del hablante que intenta construirse, encontrar su espacio y crecer, de modo que después, ya adulto, pueda reírse de ella bufonescamente en su cara. Es ahí, entonces, cuando se puede ver a un espejo, ya no trizado: cuando reconoce la imagen del yo, separada de la imagen de la madre (Kristeva). &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Pero también la infancia se tematiza en la poesía de Enrique Lihn a partir de la distinción entre mundo de los niños y mundo de los adultos, y, dentro de esta oposición, el fin abrupto de la infancia a partir de una inquietante precosidad que deviene en la figura de un niño envejecido. En el poema “La pieza oscura” (23-25) la niñez es descrita de “ojos brillantes”, en cambio la adultez es de “ojos opacos”; la rueda, en tanto, gira para una generación para adelante y para la otra para atrás (“en el sentido de las manecillas del reloj y en su contrasentido”), lo que hace que el juego de los niños que giran entre sí por el suelo también sea, de manera extrapolada, el juego de dos adultos. Por entonces, “el tiempo volaba en la buena dirección” y avanzaba “más rápido que el reloj del comedor”, es decir, era un tiempo cargado de intensidad y sentido: “volaba como para arrollarnos con un ruido de aguas espumosas”, más rápido que “la rueda del molino y con alas de gorriones”, ambos “símbolos del salvaje orden libre”. Ahora, en cambio, el hablante (revestido en niño), tras el impulsivo juego en donde él ha mordido el cuello de su prima, cae de rodillas “como si hubiera envejecido de golpe”, preso “de empalagoso pánico / como si hubiera conocido, más allá del amor en la flor de su edad, la / crueldad del corazón en el fruto del amor, la corrupción del fruto y / luego… el carozo sangriento, afiebrado y seco”, como si hubiera conocido temprano, de manera absoluta, el amor y cuán rápidamente se corrompe. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Es este niño-adulto del poema el que da cuenta del fin de su infancia de manera precoz, es un niño envejecido que nos habla desde una cierta ancianidad: un &lt;em&gt;puer senex&lt;/em&gt; tempranamente experimentador y conciente de que ya no hay vuelta atrás. Por eso este presente es un tiempo náufrago cargado de nostalgia que lo hace preguntarse: “¿Qué será de los niños que fuimos?” y constatar que cuando se entra en el tiempo “nos dispersamos para siempre, al igual que los restos de un mismo naufragio”. En este juego de máscaras vemos que el hablante termina por declarar, al final del poema “La pieza oscura”, que una parte suya se ha negado a girar al compás de la rueda y que es “en parte ese niño que cae de / rodillas”, por lo que no ha cumplido aún toda su edad ni llegará a cumplirla como ese niño “de una sola vez y para siempre”. Así, el hablante lírico intenta desmarcarse, no reconocerse en esa niñez que rápidamente se clausuró, antes de tiempo, aunque sea esencialmente él mismo el que se configura en el presente como un “fantasma”, como un “náufrago”, como un ser fracturado en esa parte de las etapas de la vida que da cuenta del paso de la niñez a la adultez. Como señalara Lihn en las &lt;em&gt;Conversaciones &lt;/em&gt;con Pedro Lastra, este momento “comprende la disponibilidad plena del niño para ser un adulto antes de que eso ocurra y empiece con ello un proceso de constante degradación”, una filosofía negativa de la existencia que concibe la vida como una cuenta regresiva que termina en la muerte, como lo expresa en sus “monólogos”. Esta negatividad de la existencia se completa a través de su oposición “positiva”, es decir, que es posible neutralizarla, como dice Lastra, “con la creencia en la creación poética como un modo de enmendar la existencia, produciéndola en otro plano, en el lenguaje”, esto es, en un espacio otro, como aparece en el “Monólogo del poeta con su muerte”: “un salvaje orden libre”, junto a la madre-poesía que lo cobija en su regresión pero que lo fortalece y lo blinda ante lo exterior. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Existe, por cierto, en la obra de Lihn una serie de otras implicancias en relación al tema de la infancia y que pueden resultar mucho más profundas que las que aquí se han expuesto. Queda esto para la promesa de una futura publicación. Quisiera detenerme, sin embargo, en un último punto en relación a la oposición entre mundo de los niños y mundo de los adultos, y que revela una cierta tiranía y represión que se vive de modo traumático. Llanos recuerda en una conferencia titulada “Hacia Enrique Lihn” que “antiguamente, cuando los niños se portaban mal, se los castigaba encerrándolos un rato en una pieza oscura, que solía ser el espacio más ingrato de la casa” (Llanos 51). En efecto, en el poema “La pieza oscura” el espacio que se describe parece más un lugar de castigo que una pieza de juegos, con frazadas que se confunden “unas con otras a modo de nidos como celdas, de celdas como / abrazos, de abrazos como grillos en los pies y en las manos”. Aquí, todos son “villanos, pero igualmente dulces”; los adultos, en cambio, son “sempiternos cazadores de niños”. Sin embargo, cuando los adultos entran a la pieza, los niños ojean revistas ilustradas, ellos en un extremo, ellas en el otro, “en un orden perfecto, anterior a la sangre”. Aquí, los niños están marcados por una precocidad iniciática que hace que hayan cumplido toda su edad “de una sola vez y para siempre”, interiorizando la represión que los adultos ya no necesitan ejercer: su infancia se rompe abruptamente haciendo de estos niños unos “fantasmas perdidos” que buscan infructuosamente “una calle en el desierto”, como señala el hablante en “Invernadero”. Estos huéspedes silenciosos de un hogar que no les pertenece, como señalara Benjamin (1969), son los niños obligados a someterse a este espacio ajeno, haciendo de él “un huésped errante e inseguro” (Benjamin 98). De esta manera, los niños en el poema de Lihn son “los ausentes”, son “una especie de fantasmas / pero de esos que nadie invocaría”, son los “pequeños salvajes” migratorios que terminan siendo apartados por los adultos, quienes imponen las condiciones y normas de vida, relegándolos a la subalternidad. La infancia, por tanto, es revivida mediante su conjura, como una invocación de esos huéspedes: los fantasmas, dice en el poema “El bosque en el jardín”, “siempre están allí, en su lugar / esperando el momento de aparecer en escena, solo por un momento que / nadie les disputa / y que nadie quisiera disputarles” (39). La infancia, de esta manera, es vista desde el punto de vista de un duelo, por lo que se hace necesario identificar los despojos y localizar a sus muertos. En esta tarea de identificación de los restos, se comienza a vivir, verdaderamente, una nueva etapa. Sin embargo, si no es posible cerrar el ciclo, estos restos aparecen como “espectros”. Estos nos hablan, entonces, de una niñez inacabada. Como afirma Derrida (1995): “un espectro es siempre un (re)aparecido” (27), un fantasma que asedia, que siempre está por aparecer y reaparecer, que no muere jamás, que hace mover los signos (146). Su &lt;em&gt;venida&lt;/em&gt;, su &lt;em&gt;visita&lt;/em&gt;, provoca que el sujeto deba desarrollar una rearticulación del tiempo presente en cuanto se vivencia como experiencia de algo inacabado, un desajuste, un trauma y que se manifiesta como revuelta: crisis que necesita ser rearticulada a partir de la ruptura o dislocación, un situarse en otro lugar; un lugar oponible a &lt;em&gt;desierto&lt;/em&gt;, a &lt;em&gt;matrimonio&lt;/em&gt;, a la &lt;em&gt;vida normal&lt;/em&gt;, un lugar que bien puede ser el&lt;em&gt; vientre de la ballena&lt;/em&gt;, la &lt;em&gt;infancia&lt;/em&gt;, la &lt;em&gt;creación poética&lt;/em&gt;. &lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;En conclusión, aludiendo al concepto lihneano de “poesía situada”, la infancia en esta poesía se &lt;em&gt;sitúa&lt;/em&gt; entre dos mundos: los niños son representados como los invitados, los ausentes, los fantasmas, los pequeños salvajes, los precoces. Los adultos, en cambio, son los cazadores de niños y ejercen coerción sobre ellos. Estos niños, además, se mueven en espacios asfixiantes y amenazantes: piezas, pozos, muros, cardos, desiertos; en definitiva, son pequeños y ajenos reos en un mundo cargado de una grave adultez. Recurriendo a tópicos de origen medieval, la presencia de estos niños-fantasmas terminan siendo consecuencia y signo de un asedio, por lo que se los invoca para “hacerles justicia” (Derrida, 251); su conjura, en consecuencia, es una posibilidad de vivir, &lt;em&gt;de otra manera, en un nuevo ciclo&lt;/em&gt;, para cerrar un presente en deuda. Ese nuevo vivir es la decisión de intentar hacer poesía a partir de &lt;em&gt;La pieza oscura&lt;/em&gt; con aquello que el lenguaje no nombra sino “viciadamente”, como refuerza en todo su trabajo posterior hasta &lt;em&gt;Diario de muerte&lt;/em&gt;, por lo que esta posibilidad es el consuelo y aparataje para reparar una experiencia traumática de la vida moderna que va a acompañar al hablante de los poemas de Lihn a lo largo de toda su obra con diferentes máscaras (Narciso, mendigo, Pompier, etc.), pero siempre en su “celda de vidrio” posmoderna: rodeado de la nada. Es así como el Poeta-Niño-Narciso de estos poemas, el &lt;em&gt;puer senex&lt;/em&gt; enmascarado que nos habla desde una cierta &lt;em&gt;ancianidad&lt;/em&gt; anterior a la poesía, vuelve a aparecer en la última obra linheana, publicada poco después de su muerte, como el bebé “mezcla de sapo y ángel” (65) que se posa sobre el pecho de “la mujer reemplazada en Klinger por una estatua yacente” (65), para mirarnos burlonamente a nosotros, los lectores, con su rostro de niño-adulto “como en un teatro / donde se representa una obra congelada” (65). Esa obra congelada, muda, fantasmal, es el abismo final de una poética que se aferra, hasta el último instante, autorreferente, especular, burlesco y dramático, a su pequeño espacio de creación en un mundo como el de hoy que valora muy poco la poesía como producción cultural y que extrema a los poetas insistentes y obsesivos como Lihn a contemplarse delante del terrible espectáculo de la muerte. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-4689889394943854841?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/4689889394943854841/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/la-representacion-de-la-infancia-en-la.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4689889394943854841'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4689889394943854841'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/la-representacion-de-la-infancia-en-la.html' title='La representación de la infancia en la poesía de Enrique Lihn'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SwWgrBAeYPI/AAAAAAAAAP4/fgnbxfLy3iY/s72-c/images.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7301187374443384324</id><published>2009-11-10T15:43:00.002-03:00</published><updated>2009-11-10T15:48:57.032-03:00</updated><title type='text'>Sobre el sentido de tres días en Valdivia</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Svm1e6k4zxI/AAAAAAAAAPY/3H4SDUQCuIE/s1600-h/imagesCARJWJT5.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 124px; DISPLAY: block; HEIGHT: 93px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5402548770732298002" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Svm1e6k4zxI/AAAAAAAAAPY/3H4SDUQCuIE/s400/imagesCARJWJT5.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; La semana pasada estuve en Valdivia en el aniversario número treinta de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios. Fueron tres días de intensos debates y exposiciones, escuchando, por supuesto, a algunos buenos exponentes de los estudios literarios en Hispanoamérica como Naín Nómez, por ejemplo; yo mismo también hablando de las relaciones entre poesía e infancia en la poética de Enrique Lihn, y de modo menos formal, estableciendo diálogos en los pasillos y en algunos bares también, por supuesto, degustando la mejor cerveza alemana de la región de los ríos. Todo esto, acompañado de buenos amigos interesados en la literatura como fenómeno intelectual que está siempre relacionado tensamente con la cultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En medio de lluvias intermitentes, fríos matutinos y nocturnos, las casas alemanas, los ríos Calle Calle, Valdivia y Cruces, los bosques nativos de la Isla Teja, los paseos en lancha y a pie, los lobos marinos, el submarino inglés, los rumores de una charla dada por Marcelo Bielsa, los museos históricos y la hermosa Universidad Austral de Chile (UACH), terminamos por reafirmar una serie de premisas respecto al rol que deben cumplir ciertos intelectuales hoy, sobre todo si estos están insertos en instituciones educativas como las universidades, cuyo deber esencial es, primeramente, hacer pensar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la línea de Edward Said en su libro &lt;em&gt;Representaciones del intelectual &lt;/em&gt;confirmamos la idea de que muy poco sirven aquellos discursos que no se construyen sobre la base de una dimensión política, que no traten de explicar el mundo actual en base a las producciones artísticas que se generan dentro de ella, que no intenten tensionar esos discursos frente a los campos de fuerzas predominantes en la cultura. Este tipo de discursos -frecuentes, lamentablemente, en muchas de las exposiciones de este tipo de encuentros, revelando sin saberlo una completa y absoluta organicidad con el poder- terminan siendo, por sus limitaciones tautalógicas, para no ser más expresivo, estériles. Para que este tipo de reuniones científicas tengan algún valor que vaya más allá de la Academia debieran contar, entonces, con exponentes cuyas construcciones discursivas intenten iluminarnos sobre aquellos insterticios o vacíos que por un motivo u otro se silencian o se callan: hacer visible las acciones del poder y ejercer su crítica.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Felizmente, un sector de la masa crítica del campo de las humanidades tiene las cosas bien claras y provoca pensamiento crítico, genera cuestionamientos, abre preguntas e instala el diálogo y la discusión. No pierden su verdadero norte, el que les da un sentido. Nos dicen, en cierto modo, que mientras existan sensibilidades, miradas y juicios, podremos pensar y cuestionar algunas de las cosas que vemos a nuestro alrededor y no entendemos o las consideramos injustas. En este sentido, es una linda tarea el poder difundir esas ideas más allá del ámbito universitario. En ese sentido, también, este blog -desde su hibridez intrínseca, tan latinoamericana, desde un lugar siempre incierto- se abre a esa posibilidad que advierte que el mundo de las ideas no están tan lejos, allá en el cielo, sino que deben estar imbrincadas, de todas maneras, con la realidad, la cotidianeidad, en una pregunta constante, permanente, por el sentido de las cosas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7301187374443384324?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7301187374443384324/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/sobre-el-sentido-de-tres-dias-en.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7301187374443384324'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7301187374443384324'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/11/sobre-el-sentido-de-tres-dias-en.html' title='Sobre el sentido de tres días en Valdivia'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Svm1e6k4zxI/AAAAAAAAAPY/3H4SDUQCuIE/s72-c/imagesCARJWJT5.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-4368211493148467114</id><published>2009-10-15T16:00:00.006-03:00</published><updated>2009-10-15T17:25:30.790-03:00</updated><title type='text'>Vidas en crisis</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SteC2hZcK7I/AAAAAAAAAOw/5emHwBsaXao/s1600-h/thumbs_57.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 125px; DISPLAY: block; HEIGHT: 71px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392922951989078962" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SteC2hZcK7I/AAAAAAAAAOw/5emHwBsaXao/s400/thumbs_57.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; Creo que una de las mejores formas de ir al cine es simplemente yendo sin saber nada de la película a la cual vas a entrar. La apuesta es arriesgada, es cierto. Pero a la larga, los beneficios superan con creces a las desilusiones. Todo tiene que ver no tanto con las cualidades de la película misma, sino con la actitud del espectador que se deja llevar como un niño por un parque de imágenes. De este modo, estas vienen sin apuro, plácidamente, a los ojos de un receptor que no tiene ningún horizonte de expectativas. Me explico: a un receptor que se configura como puramente receptor. Así, todo llega limpio, sin contaminación, sin prejuicios: el sueño de los fenomenólogos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Este criterio lo he intentado defender ante diversos oponentes usando un argumento que creo infalible: nadie olvida con facilidad una película que se empezó a ver porque sí, como si nada, casi aburrido y que terminaste de ver incluso a veces sin saber su nombre ni el nombre de los actores. Por un solo motivo: porque por alguna oscura razón te magnetiza y te hace concentrarte en ella. Quedas tan enganchado que debes terminar de verla y, sobre todo, la quieres comentar con los demás. La primera vez que me pasó esto era un estudiante secundario. Y sucedió que un día de semana me pilló por Megavisión una película sobre la vida de unos niños de un pueblo italiano que iban a una escuela en donde se burlaban de los profesores, se masturbaban en grupo, acechaban a una loca, las familias se peleaban a gritos y un tío loco se subía a un árbol gritando a todo el mundo que quería una mujer. Uno de los chicos, en tanto, se enfermaba después de haber sido acosado por la dueña de una tabaquería por culpa de sus senos gigantes. Al final de la película supe que esta se llamaba &lt;em&gt;Amarcord &lt;/em&gt;y que el director era Federico Fellini. Al día siguiente no jugué la tradicional pichanga del primer recreo, sino que se la conté emocionado a un compañero mientras caminábamos alrededor de la pista atlética. Tiempo después decubriría que &lt;em&gt;amarcord &lt;/em&gt;en dialecto italiano significa "Yo recuerdo". A partir de entonces se convirtió en una palabra que me acompañaría por siempre, casi intuitivamente. Luego, vería muchas películas más de Fellini y escribiría mi primer ensayo (literalmente, un intento) sobre su obra. Así resultó mi primer descubrimiento cinéfilo y la fórmula volvió a repetirse muchas veces, entregando, casi siempre, impecables regalos frente a la pantalla.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con este método fui al cine a ver una película chilena: &lt;em&gt;Turistas&lt;/em&gt;. Mis únicos conocimientos eran: que actuaba Aline Kuppenheim, una mujer que me parece una buena actriz y que había visto en la última película de Andrés Wood; que actuaba un joven de apellido Noguera, lo que me hacía suponer que era hijo del connotado actor ya geriátrico y, por lo tanto, cierta garantía de buena actuación; que la directora era una mujer y que esta era su segunda película después de haber hecho &lt;em&gt;Play&lt;/em&gt;, película que no he visto y que, después de esta, por cierto me gustaría ver. Después de la película descubrí varias cosas, algunas de las cuales comentaré acá. Una, quizás menos relevante y más anecdótica que nada, tiene que ver con la canción que la protagonista intenta recordar todo el tiempo y que hablaba de la vanidad y que resultó ser un tema de la banda &lt;em&gt;Los muebles&lt;/em&gt;, del desaparecido poeta-niño-encanecido Santiago Barcaza.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los personajes de esta película son sujetos que viven en crisis. Como que la vida los sobrepasa y los hace huérfanos. Me llama la atención esta situación. Últimamente, varias películas chilenas contemporáneas nos están presentando a personas que viven vidas fragmentadas, parciales, algo líquidas. Están medios perdidos en la ciudad, ahora en el campo. Algunos fingen llevar una buena vida, se inventan nombres y una historia como el noruego de esta película. Otros no soportan el fracaso, la pérdida. Me parecen películas -pienso en &lt;em&gt;La buena vida, &lt;/em&gt;en&lt;em&gt; Toni Manero, &lt;/em&gt;en&lt;em&gt; La nana, &lt;/em&gt;por ejemplo- que hablan desde cierta desesperación ahogada y nos presentan un Chile en donde el esplendor parece solo de superficie. Los dramas personales tienen que ver con la soledad, con la incapacidad de comunicarse y darse a entender al otro, con vidas mentirosas, insatisfechas a veces por razones difíciles de entender, pero también con el humor ácido tan propio de nuestra ideosincracia. Se trata de vidas -y aquí funciona la metáfora- que andan de paseo, como turistas, pero sin asentamiento fijo, sin domicilio ni morada habitable. Su mundo, en cambio, el exterior, es a veces amenazante, a veces complejo y en otros momentos extremadamente simple, tan simple que no se alcanza a disfrutar por su invisibilidad. Estas películas que tienen algo de sociológicas terminan por gustarme porque nos muestran un corte, un punto de vista, en relación a cosas que vemos y vivimos a diario en un país como este, tan poco dado a mirarse al espejo.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Quisiera destacar de esta película, por último, lo bien que está hecha, su ritmo de narración que entrega a veces pequeños guiños al cine de Antonioni o al de Sofía Coppola, una banda s&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SteC_zyLqzI/AAAAAAAAAO4/C4ULV56SVKw/s1600-h/thumbs_110.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 125px; FLOAT: right; HEIGHT: 71px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392923111543515954" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SteC_zyLqzI/AAAAAAAAAO4/C4ULV56SVKw/s400/thumbs_110.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;onora muy sugestiva, cierto grado de interactividad dada por el uso de lo digital dentro del marco de la pantalla y pequeñas escenas que van configurando un correlato, una vía paralela de narrar. En este caso, las imágenes asociadas a la naturaleza, las que sirven como &lt;em&gt;ecorrelato&lt;/em&gt; como señalando que la experiencia de la modernidad y las modernizaciones también hacen &lt;em&gt;ruidos amenazantes&lt;/em&gt; no solo en la propia vida de las personas sino que también en los pequeños santuarios naturales que sirven para vender al exterior una imagen-país llena de belleza y esplendor. Pero, volcando la mirada hacia adentro, ¿qué pasa con los habitantes de este espacio? ¿Son ellos capaces de crear sus propios santuarios? ¿Cómo está siendo la vida cotidiana de las personas cuyos rostros parecen impermeables? Creo que esta película entrega algo de eso, una pequeña ayuda para tratar de responder estas preguntas. Sin duda, tiene muchos otros elementos que son dignos de comentar, incluso algo más técnicos y profundos que este somero texto. Pero una cosa es cierta: esta película me gustó porque hizo que la quisiera comentar en este pequeño recreo y porque ayuda a mirar(se) en un espejo rodeado de los otros, los que están al lado y a veces no queremos ver ni oír. Como en las fotos que se sacan los personajes (una de ellas encabeza este texto), esta película logra reunir distintas miradas dentro de un mismo marco. En la cohabitación de ese espacio, aunque temporal y precario, se nos va algo de la vida que a veces es bueno intentar(se) explicar. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-4368211493148467114?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/4368211493148467114/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/vidas-en-crisis.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4368211493148467114'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/4368211493148467114'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/vidas-en-crisis.html' title='Vidas en crisis'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SteC2hZcK7I/AAAAAAAAAOw/5emHwBsaXao/s72-c/thumbs_57.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-3635092797535261407</id><published>2009-10-14T14:58:00.009-03:00</published><updated>2009-10-16T16:04:54.970-03:00</updated><title type='text'>Anoche, horas después de haber ido al estadio</title><content type='html'>&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/StYfIHNJFOI/AAAAAAAAAN8/a_YLiX_dtrc/s1600-h/imagees.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 93px; DISPLAY: block; HEIGHT: 124px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392531828056331490" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/StYfIHNJFOI/AAAAAAAAAN8/a_YLiX_dtrc/s400/imagees.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;Terminé de escribir esta historia. Al fin. Tengo 30 años y ya me siento capaz de decir, con toda seguridad, que he podido dar un punto final.&lt;br /&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/StYcDu0m81I/AAAAAAAAANs/ChqmW8P6W1w/s1600-h/imagees.jpg"&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Fue anoche. Pero antes, debo decirlo, fui al estadio. En la tarde. Sí. Allí me sacudí de algunas bajas pasiones y a la salida encontré una revista del año 62 que andaba buscando hace muchos años y que me la vendió un tipo que tenía un visible tajo en la cara. Me dio su tarjeta y me dijo que tenía muchas más en su casa. Le pregunté por una del año 40 con la formación de la U campeón que necesitaba con urgencia y me dijo que también la tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No me aguanté. Lo esperé a la salida, hasta que se fuera el último hincha y lo acompañé a su casa. Hacía calor y tenía sed. Bebí muchas cervezas. De todo tipo y sabores. El tipo de la cara cortada resultó ser un gran bebedor y conversador. No me moví de mi asiento, sino que apenas para ir al baño en unas cuatro o cinco ocasiones. Lo recuerdo muy bien. Estábamos en una mesa bebiendo cerveza y fumando, fumando mucho, pues el humo también es importante a la hora de hablar. Pudo haber sido café, también, pero esta vez bebí cerveza, muchas cervezas, pues no hay nada mejor en verano que una cerveza bien helada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero todo esto es quizás anecdótico. El cuento es que anoche terminé de escribir esta historia. Fue llegando de Puente Alto muy avanzada la noche. Llegó un punto en que el tipo de las revistas me pareció insoportable y decidí partir. Recorrí gran parte de la ciudad en colectivos, pues ninguno me llevaba directamente hasta mi casa. Por lo tanto, abrí y cerré tres puertas en tres esquinas distintas. Lo curioso –y esto, para comprobar que dentro de acciones aparentemente sin importancia y sin mayor conexión, es posible encontrar alguna relació&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/StYcD6swZ4I/AAAAAAAAAN0/E5vV4ioiNko/s1600-h/images.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 98px; FLOAT: right; HEIGHT: 130px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5392528457444910978" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/StYcD6swZ4I/AAAAAAAAAN0/E5vV4ioiNko/s200/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;n-, lo curioso, decía, es que siempre me tocó ir en el asiento del medio. De esta manera, involuntariamente, varias veces me vi cruzándome con los ojos del conductor a través del espejo retrovisor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pero esto tampoco tiene mayor importancia. Lo rigurosamente cierto es que no encontré ninguna verdad relevante en los ojos del conductor de cualquiera de los tres colectivos que tomé. En cambio, lo que sí verdaderamente me ayudó fue la sopa que me sirvió mi esposa una vez que llegué a la casa y luego de haber caminado una media cuadra. Porqué digo esto último, algo que aparentemente no tiene mayor importancia. Pero la verdad es que sí. Sí tiene importancia. El hecho de que haya caminado media cuadra antes de llegar a mi casa dio pie a que mi esposa me sirviera una rica sopa de pollo, aún cuando ella me esperaba en bata y eso, a veces, suele ser irresistible.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;Hacía frío. Ese es el punto. Y no otro. Se comprenderá, por consiguiente, que habiendo estado en la casa de un desconocido bebiendo muchas cervezas hasta el punto de no recordar cuántas, habiendo recorrido la mitad de la ciudad en tres colectivos distintos –siempre en el asiento del medio- y habiendo tenido contacto directo con un frío aire de verano, todo esto únicamente por el afán de apropiarse de una revista del año 40, resultara el hecho de que mi querida esposa –llevamos pocos años de casados- tomara la decisión de servirme una sopa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El ejercicio del matrimonio ha llegado hasta tal punto que, sin hablarnos, ella sabía que era extremadamente importante –en ese minuto- tomarse una sopa. Esta, en todo caso, ya estaba hecha. Solo había que calentarla. Pero esto último pareciera que tampoco reviste mayor importancia. Es más, cualquiera podría apuntar que este hecho carece, en toda su dimensión, de total relevancia dentro de esta historia. Y creo, en efecto, que no dudaría en señalarle a este eventual crítico, que verdaderamente tiene toda la razón. El hecho de que la sopa ya estaba hecha y solo había que calentarla, &lt;em&gt;de verdad&lt;/em&gt;, no tiene mayor importancia. He decidido nombrarlo aquí, en este punto de la historia, para que no se creyera que este poco perfilado personaje –mi joven esposa- rayara en la bondad y perfección extrema. Si lo dije, fue para que se advirtiera un dato no menor: si la sopa no hubiera estado hecha, mi esposa en bata no me hubiera dado nada y yo, sencillamente, hubiera ido a parar &lt;em&gt;en seco&lt;/em&gt; a la cama y no hubiera terminado de escribir, anoche, mi historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así que tanto la sopa como mi esposa en bata tienen un rol fundamental dentro de todo lo que sucedió anoche, aunque después me haya olvidado de la bata. Por qué. Porque esperando la sopa fue, sin ir más lejos, que prendí el televisor y justo –créanme, no miento, aunque parezca cuento-, justo estaba comenzando una película. Se trataba de &lt;em&gt;Scarface&lt;/em&gt;. Con Al Pacino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;(¿Será necesario hacer esta nota? Ah, bueno, por si alguien no sabe: &lt;em&gt;Scarface&lt;/em&gt; es la historia de un cubano anticastrista refugiado en Miami que, empezando de cero, se arma su propia vida en medio del oscuro ambiente de las bandas de narcotraficantes. Se podría decir que se trata de una apología del manoseado tema del sueño americano, del suelo de las mil oportunidades, del hazlo tú mismo, solo depende de ti. Claro que, como se trata de la mafia, con un final catastrófico).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pues bien, a estas alturas más de alguien se estará preguntando qué tiene que ver Al Pacino con todo esto. Y la verdad es que este hipotético lector tiene, sin duda, toda la razón. Creo que yo me haría la misma pregunta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con toda confianza puedo señalar que anoche terminé de escribir una historia que rondaba hace mucho tiempo por mi cabeza, algo realmente relevante para mi vida de 30 años con olor a cerveza –sobre todo si me pongo a pensar en cuáles han sido los aportes que he hecho a la sociedad a lo largo de estas tres décadas de vida- y que no hubiera podido concluir si anoche, por casualidad, no hubiera visto esa película.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Qué puedo decir. Quiéralo o no, uno establece relaciones afectivas con ciertas cosas y yo, en lo que nos compete, me encariñé con la historia de Tony Montana, el mafioso de origen cubano. A veces, los nexos llegan a ser ridículos. Tony –me permito llamarlo por su nombre- tenía una cicatriz en la cara igual que el tipo de las revistas a la salida del estadio; yo, tengo una en el estómago y otra en un brazo. Tony estaba empezando &lt;em&gt;algo grande&lt;/em&gt;, como ellos dicen; yo estaba terminando algo grande. Por lo tanto, no podía dejar de sentirme cercano a este personaje. Sin dejar lugar a dudas, puedo señalar que haber visto anoche &lt;em&gt;Scarface&lt;/em&gt; tomando una sopa de pollo servida por mi esposa resultó vital para poder concluir mi historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Fue anoche. Al fin. Tengo 30 años y ya me siento capaz, qué duda cabe, de dar un punto final a mi historia. La historia de un hombre de 30 años que colecciona revistas &lt;em&gt;Estadio&lt;/em&gt; de hace 30 o más años y que busca por todas partes aquellas tapas donde salen las formaciones de los equipos de la Universidad de Chile los años que salió campeón. La historia de un hombre que compra una revista del año 62 a la salida del estadio, se hace amigo del librero que vive en Puente Alto y tiene en su casa una &lt;em&gt;Estadio &lt;/em&gt;del año 40 con la formación del primer equipo de la U que salió campeón. La historia de un hombre que logra completar su colección después de años de búsqueda, que tiene un tajo en la cara del estómago, le gusta fumar, conversar y tomar cerveza al mismo tiempo que se da el lujo de escribir una historia. Pero, en fin, esto, definitivamente, es otra cosa. Ya no tiene &lt;em&gt;mayor&lt;/em&gt; importancia. Tal vez lo importante radique en la sopa de pollo.&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-3635092797535261407?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/3635092797535261407/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/anoche-horas-despues-de-haber-ido-al.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3635092797535261407'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3635092797535261407'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/anoche-horas-despues-de-haber-ido-al.html' title='Anoche, horas después de haber ido al estadio'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/StYfIHNJFOI/AAAAAAAAAN8/a_YLiX_dtrc/s72-c/imagees.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-1366354283202083214</id><published>2009-10-06T20:45:00.013-04:00</published><updated>2009-10-06T23:13:26.004-04:00</updated><title type='text'>Santa Laura: santuario futbolero</title><content type='html'>&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389676459902083538" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Ssv6Lz6_odI/AAAAAAAAAME/H6WclkWn-nE/s320/IMG_2541.JPG" /&gt; &lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;"Amo a Santa Laura, no lo comparo con ningún otro del mundo, aunque los otros sean suntuosos, grandiosos y eso. Y lo amo porque es acogedor y querendón, porque allí el fútbol se paladea mejor y resulta más sabroso. Y lo amo por su tradición y por todo lo que ha hecho y sigue haciendo por el aporreado fútbol de mi tierra".&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;                                                                                                                            Renato González, Mr. Huifa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;"Tarde o temprano, Santa Laura irá engrosando los recuerdos y las añoranzas de un pretérito imborrable. Todavía quedan vestigios del antiguo frontón y la pelota vasca, de la bolera para goce de los asturianos, de las canchas de tenis por el ingreso a la galería norte. La piscina, en cambio, dio lugar a un amplio estacionamiento para automóviles. La metamorfosis grafica el cambio de épocas y por ende el cuadro costumbrista".&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="right"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;                                                                                                                                                  Julio Martínez. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="center"&gt;&lt;span style="font-family:times new roman;"&gt;El jueves 1 de octubre visitamos Santa Laura el Sapo, Enzo, Mauro y yo para presenciar el part&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswAg6eI1dI/AAAAAAAAAMk/B0ZW8HOLV2Y/s1600-h/IMG_2532.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389683419507119570" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswAg6eI1dI/AAAAAAAAAMk/B0ZW8HOLV2Y/s200/IMG_2532.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;ido entre Unión Española y Vélez Sarsfield. El Sapo, viejo amigo de infancia, alguna vez me regaló una pelota de fútbol; con Enzo, un querido amigo argentino hincha de Boca, a veces ensayamos ridículamente algo de tenis; Mauricio Márquez, en cambio, es el autor de las fotografías que acompañan esta crónica y se animó a ilustrar esta página aportando desde su propio punto de vista: desde el lente de la cámara. Sin embargo, como fanáticos del fútbol que somos, de alguna forma los cuatro escribimos esta pequeña historia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Las calles del barrio, sumergidas en una semipenumbra de barco apenas iluminado por la luna, descansan bajo los ancianos faroles de la misma forma que lo hace un señor apoyado en una pared -formalmente vestido, sesenta años, impecable chaqueta, chaleco y camisa, más un sombrero café de otra época- con la mirada algo perdida y apagada, no sabemos si está ebrio o es un fantasma que viene del Cementerio General a saludarnos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Algunas personas van a comprar a la botillería algo para calentar la noche, mientras algunas mujeres solitarias en las puertas de sus casas miran para afuera aquella nebulosa que no forma parte ni tiene que ver con lo que, suponemos, está adentro: la casa ordenada a la hora del té previo a la telenovela, antes de cerrar los postigos, antes de dejar colgado en la cocina el paño que seca la loza y deja descansar por una noche más a la vieja cocina, compañera de silencios.&lt;/div&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Ssv1cqLNgWI/AAAAAAAAALE/q-CCwuGnDfM/s1600-h/IMG_2529.JPG"&gt;&lt;/a&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En los alrededores del estadio la gente camina sin apuro. Se trata de un partido por los octavos de final de la Copa Sudamericana, pero el hincha de Unión es, por naturaleza, doméstico, apacible, sin aspavientos. Les muestro a los muchachos la casa de mis sueños: aquella cuyo patio trasero da a la cancha dos de Santa Laura, donde alguna vez siendo adolescente jugué un partido de prueba pensando ilusamente que podría llegar a ser futbolista. Esa casa donde tal vez muchos de nosotros&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswBvp4OLqI/AAAAAAAAANE/l_dJG5DX8C4/s1600-h/IMG_2531.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 150px; FLOAT: left; HEIGHT: 200px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389684772262784674" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswBvp4OLqI/AAAAAAAAANE/l_dJG5DX8C4/s200/IMG_2531.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; debimos haber nacido, esa casa en donde pasaron su infancia y juventud los amigos italianos de uno de mis hermanos. Alguna vez viví cerca de un estadio, muy cerca, a solo cinco minutos a pie y puedo señalar con certeza, pese a lo que dicen algunos vecinos asustados de otros estadios santiaguinos, que es el mejor barrio posible para vivir: el lugar donde cada cierto tiempo la gente se junta solo por pasión, gusto y amor por el deporte. Algo difícil de explicar, es verdad, pero que tiene relación con la nobleza y la fraternidad. En los barrios que circundan los estadios se esconden miles de historias y ruidos lejanos de gente que ha ido a una cancha de fútbol a vivir un simple, pero apasionado momento de distracción o, quizás, la gloria que no se vive de modo cotidiano. En estos lugares, un aire a experiencia de la temporalidad deja su huella en las paredes y fija en la memoria un recuerdo indeleble.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los árboles, la gente y las casas que circundan Santa Laura parecieran hablarnos de otra época: de un barrio tradicio&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswBvITIiLI/AAAAAAAAAM8/O3xCTwPxs6c/s1600-h/IMG_2529.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389684763248855218" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswBvITIiLI/AAAAAAAAAM8/O3xCTwPxs6c/s200/IMG_2529.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;nal de Santiago de Chile que ha logrado sobrevivir a la retroexcavadora animalesca de las modernizaciones urbanas, un barrio que nació y creció en torno a la hípica y el fútbol y que se define a sí misma por esa condición (antiguamente, por estas calles estuvieron también las canchas propias de la UC y de Audax y viven en ellas muchos ex futbolistas). Por eso, aquí todo parece eterno y es el mismo de hace ochenta años el grito del vendedor de banderas como el de la vendedora de maní. La manera de jugar al fútbol ha cambiado, la manera de ver el fútbol ha cambiado, algunos hinchas son particularmente molestos por su excesiva agresividad, pero el de Unión parece el mismo de siempre, el que nos habla de cierta civilidad, pero al mismo tiempo de una cierta negativa quietud, que no transmite la pasión necesaria para que su equipo ponga en la cancha la mística que a veces se necesita para ganar los partidos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ubicados en algún sector de la Galería Honorino Landa, donde se ubica la parcialidad local&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswAgfY6qOI/AAAAAAAAAMc/9GT7OPuKnbk/s1600-h/IMG_2534.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389683412237461730" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswAgfY6qOI/AAAAAAAAAMc/9GT7OPuKnbk/s200/IMG_2534.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;, algunos cumplen con uno de los ritos santalaurescos: golpear con los talones el latón que cubre el espacio entre el asiento y los pies, simulando algo así como un temblor, en la expresión más genuina e infantil que puede haber en el hincha del fútbol chileno. En el sector del frente, en cambio, un respetable grupo de seguidores de Vélez llenan de lienzos los espacios vacíos y hacen sentir su presencia con el caractaerístico cantito trasandino, aquel de acento lento y afinado, pero que se escucha con fuerza en algunas ocasiones.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Nuestro fotógrafo, en tanto, se pasea por diversos lugares tratando de captar algo propio del ambien&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswFU_dMFlI/AAAAAAAAANc/gVduRc0nim8/s1600-h/IMG_2536.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 200px; FLOAT: left; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389688712245024338" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswFU_dMFlI/AAAAAAAAANc/gVduRc0nim8/s200/IMG_2536.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;te: generaciones de hinchas hispanos (abuelo-padre-nieto), las vendedoras de sandwichs de carne mechada, las banderas rojas y amarillas, la salida del equipo. Pronto va a comenzar el partido y ya hay cierto ambiente copero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;En el primer tiempo, la Unión sorprende con buen fútbol y dos aciertos que lo dejan al borde de la clasificación. Pero Vélez nunca renuncia a la paciencia y ayudado por el tempranero descuento comenzando el segundo tiempo, se vuelca con toque hacia el arco de Limenza hasta encontrar, en los minutos finales, el gol que les permite pasar a la siguiente ronda. Recién entonces el elenco hispano logra despertar de su largo letargo, que hizo que pasaran todo el segundo tiempo en su propio campo, muy lejos de lo mejor que saben h&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswAhRktbJI/AAAAAAAAAMs/RDSL3-DEShc/s1600-h/IMG_2542.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389683425708698770" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswAhRktbJI/AAAAAAAAAMs/RDSL3-DEShc/s200/IMG_2542.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;acer: tener la pelota y hacerla rotar, como hace siete días en el Amalfitani, como en todo el Apertura 09 que valió un subcampeonato. La Unión termina pagando su adormecimiento con una eliminación tan justa como inesperada. Esta aparente contradicción tiene una única explicación: los errores defensivos y las desconcentraciones en los últimos minutos de juego, algo que en estas instancias se paga demasiado caro. La Unión hizo ver por momentos muy mal al último campeón argentino, pero fue incapaz de abrochar una clasificación por su inexperiencia y su falta de jerarquía necesaria para estos partidos. Vélez, de la mano de Caruso, el banquero que dio vuelta la tortilla, vuelve al otro lado de la cordillera junto a su bullanguera hinchada, como sobrevivientes de un duro duelo de 180 minutos del cual se levantaron estando en el suelo.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Con el fatal destino encarnado en el pito del árbitro, los hinchas rojos poco a poco se retiran del recinto cabizbajos, decepcionados, profiriendo insultos hacia su entrenador, aún no cr&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswFhVelB7I/AAAAAAAAANk/HXTXVf6OnuU/s1600-h/IMG_2540.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 200px; FLOAT: right; HEIGHT: 150px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5389688924314863538" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SswFhVelB7I/AAAAAAAAANk/HXTXVf6OnuU/s200/IMG_2540.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;eyendo cómo su equipo regaló los dos partidos. Nosotros, en tanto, también nos retiramos tratando de encontrar una explicación futbolística para este resultado y apreciamos cómo la noche de primavera santiaguina de pronto parece más oscura y el barrio algo más melancólico. Santa Laura queda bajo una penumbra triste y solo los hinchas velezanos disfrutan. Nosotros, en cambio, nos contagiamos con el pesar general y parecemos un hincha derrotado más, silenciosos, tímidos, avergonzados. &lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-1366354283202083214?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/1366354283202083214/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/santa-laura-santuario-futbolero.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1366354283202083214'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/1366354283202083214'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/santa-laura-santuario-futbolero.html' title='Santa Laura: santuario futbolero'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Ssv6Lz6_odI/AAAAAAAAAME/H6WclkWn-nE/s72-c/IMG_2541.JPG' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-9012783673104848265</id><published>2009-10-01T00:00:00.004-04:00</published><updated>2009-10-01T00:32:11.267-04:00</updated><title type='text'>Aún es tiempo de soñar</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SsQvB8cKh4I/AAAAAAAAAK8/n-PDOa0DNcU/s1600-h/FOTO_0220090930225728.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 180px; DISPLAY: block; HEIGHT: 210px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5387482764692588418" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SsQvB8cKh4I/AAAAAAAAAK8/n-PDOa0DNcU/s320/FOTO_0220090930225728.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;La U gana al Inter de Porto Alegre por la Copa Sudamericana. Repito: al Inter, el campeón de la última edición, el equipo que ganó en la final del 2008 a Estudiantes de La Plata, que después sería el campeón de la Libertadores 2009. Y gana con autoridad. 1-0. Con gol del uruguayo Olivera. ¿De qué manera? Como siempre: centro de Montilla, gol de cabeza, esquinado, abajo, donde la estirada de los arqueros siempre resultan inútiles.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;La U pasa a cuartos de final de la Sudamericana 2009 eliminando a un equipo brasileño. 1-1 en Porto Alegre. 1-0 en Santa Laura. Antes, había sido el turno de los colombianos de Deportivo Cali: 2-1 en el Nacional; 1-0 en el mítico Pascual Guerrero. La U cumple su tercera mejor campaña internacional en su historia y se mete entre los ocho mejores de América. Y lo hace jugando bien. Lo hace con autoridad. Con un fútbol que da para soñar.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Ya en la Libertadores 2009 se habían realizado buenos partidos: triunfos ante Pachuca, Boyacá Chicó y Aurora de Bolivia dos veces, empate y derrota ante Gremio, y pérdidas consecutivas ante Cruzeiro, a la postre subcampeón, por los octavos de final. La impresión había sido buena y permitió que los hinchas azules se ilusionaran con conseguir, al fin, un título internacional. El primer semestre se ganó el Apertura chileno -con gol de Olivera- después de cinco años y, ahora, nuevamente la ilusión se apodera en el ruedo internacional.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;La U gana al Inter de Porto Alegre con un primer tiempo brillante, adueñándose de la pelota, haciéndola circular, creando peligro y convirtiendo en el arco contrario. Haciendo ver mal al último campeón. El segundo tiempo es más para sufrir, al estilo de este club, pero aún así por largos pasajes la U vuelve a tener la pelota y vuelve a crear peligro. Inter presiona hasta el final, pero no alcanza. En los descuentos, sabiendo que ya está todo cocinado, el público estalla en un cántico alegre y con el pitazo final agradece con aplausos por una noche más de ilusión. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Copa Sudamericana, copa internacional. La U pone en lo alto su nombre y espera seguir luchando, seguramente ante otro brasileño, Fluminense, el subcampeón de la Libertadores 2008. Otra copa internacional. La U juega bien e ilusiona. Porque hay equipo, porque hay hambre de gloria, porque su tremenda hinchada se lo merece, aún es tiempo de soñar en este lindo 2009, donde el azul ha vuelto a reverdecer laureles olvidados. Como en 1970. Como en 1996. Jugando un fútbol convincente. Haciendo soñar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-9012783673104848265?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/9012783673104848265/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/aun-es-tiempo-de-sonar.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/9012783673104848265'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/9012783673104848265'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/10/aun-es-tiempo-de-sonar.html' title='Aún es tiempo de soñar'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SsQvB8cKh4I/AAAAAAAAAK8/n-PDOa0DNcU/s72-c/FOTO_0220090930225728.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7327563766087664381</id><published>2009-09-26T19:17:00.015-04:00</published><updated>2009-09-26T20:45:26.115-04:00</updated><title type='text'>La galería de los baisanos</title><content type='html'>&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sr6wmzwkPUI/AAAAAAAAAKs/Hbw-LX8D5IY/s1600-h/images+1.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 130px; DISPLAY: block; HEIGHT: 85px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5385936385157119298" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sr6wmzwkPUI/AAAAAAAAAKs/Hbw-LX8D5IY/s320/images+1.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;Tarde de sábado. Fútbol en Santa Laura. Palestino saliendo del inhóspito recinto de La Cisterna para recibir al puntero invicto del fútbol chileno, Universidad Católica. Tarde ideal para seguir la racha positiva de los tricolores tras la llegada del Mortero Aravena a la banca y para analizar el fútbol que propone el Fantasma Figueroa en los cruzados. También, como diría Eduardo Galeano, para ir de mendigo buscando una jugada exultante de talento.&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Tras haber llegado con tiempo, me ubico tranquilamente en la galería local, todavía desierta, salvo cuatro o cinco fanáticos que comienzan a desplegar lienzos verdes, blancos y rojos. Hago lo que todo hincha que visita Santa Laura debe hacer: subo hasta el último peldaño y miro el norte de la ciudad que se me entrega hasta su último confín, verde, ventolero, nítido y montañesco. La tarde está helada, con nubosidad total, pero el día es hermoso: como pocas veces en el año, el Valle de Santiago está barrido y reluce de cordillera a cordillera.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Cuando los equipos comienzan a hacer su trabajo precompetitivo, hago lo que todo hincha que visita Santa Laura debe hacer: acercarse a la reja y ver de cerca los gestos, las palabras que se intercambian, las instrucciones de los preparadores físicos. Mientras la galería del frente poco a &lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sr6wamUMxEI/AAAAAAAAAKk/JAa27EnvmSI/s1600-h/images.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 85px; FLOAT: left; HEIGHT: 124px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5385936175390049346" border="0" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sr6wamUMxEI/AAAAAAAAAKk/JAa27EnvmSI/s320/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;poco se va tiñendo de azul y blanco, en la galería de los baisanos los personajes son más solitarios y silenciosos, pero no menos apasionados. Llegan a ser unos doscientos a trescientos, algunos con paraguas tricolores, otros con la polera del equipo, algunos con los típicos pañuelos blancos que se ponen los árabes al cuello o en la cabeza y otros con banderas de un país inexistente físicamente, pero muy presente, siempre, en la memoria: Palestina, el país pisoteado por el gigante monstruo israelí. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Muchos de estos hinchas tienen el tradicional rostro del árabe que alguna vez llegó a nuestro país en busca de un lugar donde desarrolarse. Otros parecen más chilenizados, quizás fieles vestigios de otra época, donde los triunfos eran más abundantes que las derrotas. Bajando las escalinatas veo a un señor de edad avanzada que tiene en su mano una especie de pudú o cervatillo de madera, de unos cincuenta a sesenta centímetros de largo, que francamente no sé qué significa y en cuyo cuello cuelga un viejo banderín tricolor con las únicas dos estrellas que tiene a su haber el club, la última de ellas conseguida hace ya más de treinta años. Y un poco más allá un joven papá junto a su hijo de no más de diez años, a quien inicialmente le había comprado una bandera de la UC, pero que al darse cuenta de que estaba en el lugar equivocado, la fue a cambiar por una de la parcialidad local. Mientras tanto, por los parlantes suena música tradicional del medio oriente y, de pronto, uno de los himnos futboleros de Los Miserables, cuyo vocalista es reconocido hincha palestinista. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;A la hora en que comienza el partido, termino por hacer lo que todo hincha que visita alguna vez Santa Laura debe hacer: ver el partido pegado a la reja. Palestino tiene una de las camisetas más lindas del fútbol chileno, sin embargo, juegan con una de color negro. La UC conserva su &lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sr6x6TxTaeI/AAAAAAAAAK0/Z50jqayxr0k/s1600-h/images+2.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 89px; FLOAT: right; HEIGHT: 118px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5385937819679287778" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sr6x6TxTaeI/AAAAAAAAAK0/Z50jqayxr0k/s320/images+2.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;tradicional diseño y despliega un equipo lleno de figuras, que prometen este campeonato quedarse con el título. Así, resulta un gusto ver el juego de Mirosevic y de Damián Díaz. Por el lado de Palestino, el talentoso es Luis Nuñez, pero su prominente estómago explica por qué ya no figura en las páginas estelares. El partido es estudiado, de mucho toque; con un equipo que propone, porque es el puntero, pero que no manifiesta profundidad y otro que también pretende adueñarse del balón, hacerlo rotar y crear peligro. 0-0 el primer tiempo con la sensación de que Palestino ha neutralizado muy bien al rival, incluso con oportunidades claras de gol. El segundo tiempo comienza marcado por un acierto palestinista: centro por la derecha, Garcés no llega al balón y Olea cabecea con todo el arco a su disposición. 1-0 y locura árabe en la galería de los baisanos. Con este resultado, el juego transcurre la mayor parte del tiempo en el arco defendido por Rogel, con esporádicos contragolpes del rival. Y, sin embargo, pasa el tiempo y los cambios que estipula Figueroa no sirven, la UC no lo logra empatar, pese a su empuje y al aliento de sus hinchas. Llegan los descuentos y en la galería de los baisanos se respira la ansiedad porque termine pronto el encuentro. Pero la fatalidad forma parte de la manera de ser de algunos clubes. Minuto 94, uno más de los tres que se habían agregado, el juez Chandía se lleva el pito a la boca (yo no lo vi, esto me lo dijo un señor gordo vestido entero de blanco, a la salida), pero inexplicablemente no pita el final del encuentro, deja seguir una jugada de ataque cruzado, alguien tira un centro y aparece una cabeza salvadora (Gutiérrez) para sellar el empate. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Algarabía total en la galería sur: la UC sigue puntera e invicta. Desazón en la galería norte: Palestino sigue luchando por zafarse del descenso. La galería de los baisanos poco a poco se empieza a desocupar, mientras nuevamente por los parlantes comienza a sonar la música de una cultura tradicional que tanto ha influido en nuestro país y que es la misma música de un país inexistente.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7327563766087664381?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7327563766087664381/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/09/la-galeria-de-los-baisanos.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7327563766087664381'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7327563766087664381'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/09/la-galeria-de-los-baisanos.html' title='La galería de los baisanos'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/Sr6wmzwkPUI/AAAAAAAAAKs/Hbw-LX8D5IY/s72-c/images+1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-7542898254346846733</id><published>2009-09-23T13:40:00.004-04:00</published><updated>2009-09-23T15:15:17.551-04:00</updated><title type='text'>Andar en tren</title><content type='html'>&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrpxwGrYA8I/AAAAAAAAAKE/7G6cmL7Z2M4/s1600-h/Lautaro.jpg"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; DISPLAY: block; HEIGHT: 215px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384741375715050434" border="0" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrpxwGrYA8I/AAAAAAAAAKE/7G6cmL7Z2M4/s320/Lautaro.jpg" /&gt;&lt;/a&gt; La Estación Central reluce temprano por la mañana por gente apurada deseosa de tomar un asiento. Busco algún vagón semivacío y descubro que están todos llenos. Faltan quince minutos para que parta el Metrotrén de las 10:00 con dirección a Rancagua. Encuentro afortunadamente un asiento en el último vagón; no deseo realizar un viaje de hora y veinte de pie, como sí deben hacerlo un montón de otras personas, la mayoría simpatizantes de la U.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Había leído hace poco &lt;em&gt;Los trenes de la noche&lt;/em&gt;, de Jorge Teillier. Lectura frugal, experiencial y nutritiva, por cierto, que me había hecho revivir el anhelo de días, semanas de andar en tren. El libro me había hecho recordar un montón de otros viajes: campamentos, veraneos, visitas intempestivas, encuentros poéticos. Se había vuelto una necesidad espiritual. &lt;em&gt;Necesitaba &lt;/em&gt;andar en tren. Volver a sentir el lento movimiento inicial sobre los rieles, la alegría iniciática de todo viaje, el saludo de los niños a su paso, el trajín sustancioso y apurado sobre los barrios del sur de Santiago, las ciudades vecinas, Angostura, el Valle de Rancagua. &lt;em&gt;Necesitaba &lt;/em&gt;volver a respirar el aire moribundo de los andenes y observar a los vagabundos que rondan las estaciones. Subir rápido casi por la ventana cargado de bolsos para un largo viaje a Puerto Montt con apenas el pasaje de vuelta en los bolsillos. Acordarse de las hawaianas quemadas por el fierro caliente de las ruedas un verano en la estación de Rengo. Volver a conversar en el oscuro bar cercano a la estación de Graneros. Bajarse en Lautaro una madrugada de bruma, humo y hielo en busca del Hotel de France. Hablar de poesía las cinco horas de viaje en el rápido a Chillán. Compartir algún vicio en el descanso de los vagones.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Es mediodía en Rancagua la víspera de un 18 de septiembre. Se sienten a lo lejos los bailes nacionales en los liceos, las niñas andan vestidas como chinitas y los niños de traje huaso. Olor a empanadas, a carne asada. La cueca estridente y repetitiva que sale de un nervioso parlante. Hace frío, está nublado. Poco a poco el centro de la ciudad se va despoblando. Queda mucho rato para el partido con O'Higgins. Soy el único hincha que en la víspera de un partido va a un museo. Hago hora en el Museo Regional de Rancagua. Van a cerrar, pero me permiten entrar igual. Revivo la Batalla de Rancagua en una maqueta que apenas reproduce las cuatro entradas a la plaza principal, las cuatro entradas de las trincheras independentistas. Por enésima vez veo recreado un salón de hace doscientos años con una niña que me habla de las tertulias y de los cuadros colgados en la pared, de Onofre Jarpa, de Pedro Lira, de Valenzuela Puelma. Una pequeña sala da espacio al arte moderno, en donde relucen decenas de patas de maniquíes pintadas a la moda ochentera. En veinte minutos termina mi espacio cultural. Es el único museo de la ciudad y me parece pobre para estar enclavado en la "histórica ciudad", como decía siempre el corresponsal de Radio Cooperativa, cuyo nombre siempre recordé junto a una sonrisa y hoy no recuerdo. &lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrpzRevKonI/AAAAAAAAAKU/oF9AYq9Ce1Q/s1600-h/images.jpg"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 133px; FLOAT: right; HEIGHT: 91px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5384743048620712562" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrpzRevKonI/AAAAAAAAAKU/oF9AYq9Ce1Q/s320/images.jpg" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;Ubicado en la tribuna Andes del Estadio El Teniente pienso en cómo es posible que este estadio haya sido sede de un Campeonato Mundial de Fútbol, sobre todo si comparamos con los tremendos estadios que existen en otras latitudes. Este recinto, en un 75% de madera y una galería de cemento -donde se ubica la parcialidad local, pretenciosamente autodenominada "Capo de Provincia"-, es esencialmente el mismo de hace cuarenta y siete años, cuando pertenecía a la Braden Company, hoy Codelco. Me ubico bajo las míticas casetas de esta tribuna que siempre me llamaron la atención, pensando en quiénes serían los personajes extraños que las habitarían, sobre todo si los periodistas y transmisores radiales acostumbran situarse en la tribuna del frente, y descubro con asombro que entre las vigas del techo las palomas suelen reunirse a cantar y relajar sus esfínteres. Imposible sentirse amenazado todo el tiempo por la posibilidad de una lluvia ácida, así que termino ubicándome en quizás la mejor posición: de pie, en la última fila, con medio cuerpo hacia la cancha y medio cuerpo hacia la calle, en donde se ve a todos los que corren para entrar a la hora como a los que no tuvieron plata y se quedan vagando por los alrededores. A la hora del partido se siente una agradable brisa primaveral y de pronto el sol promete entibiar la tarde, aunque con reparos. La galería del Romántico Viajero, como siempre, rebosa de entusiasmo y alegría, no cabe un alma más en ese sector.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;El partido es de ida y vuelta, con posibilidades en ambos lados, aunque con la sensación de que los celestes son justos ganadores de la primera facción. En la segunda parte, los azules son superiores, logran equiparar el juego y casi lo terminan ganando. El lance finaliza empatado y creo que nadie se va conforme con el resultado. Pese a todo, ha sido un partido que ha cumplido con cierta expectativa, aunque cuando se trata de andar en tren, esto da un poco lo mismo. No alcanzo a tomar el tren de las cinco y debo esperar el de las seis, llenando los pulmones del aire apaciguado de los andenes. El anden se repleta de hinchas que quieren volver a la capital. Cuando el tren aparece con veinte minutos de retraso, la subida se vuelve algo caótica y algunos carabineros intentan poner algo de orden. Algunos truhanes saltan una pandereta y se cuelan en un vagón. Todo trascurre en calma, solo que tendremos que viajar de pie, un poco apretados. Mejor esperar el tren de las seis y media, lo que resulta una gran decisión, porque este se va vacío, lo que asegura un tranquilo regreso pegado a una ventana mientras la luz poco a poco se vuelve difusa dejando pasar la noche. &lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Al llegar a la Estación Central, hay mucha más gente que en la mañana, muchos quieren volver rápidamente a sus casas, hay filas para adquirir un boleto hacia el Sur y filas en la entrada del Metro. Es víspera de 18 y también hay los que quieren inaugurar una fonda. En mi caso, algo cansado por el viaje de todo un día, me siento satisfecho de haber vuelto a tomar un tren. Y aunque todavía están las ganas de un largo viaje hacia el sur, pienso en los niños que ya no cantan ni juegan en las calles, nosotros, los que siempre quisimos andar en tren, que de algún modo siempre tuvimos la razón, cuando sin saberlo, cantábamos: "Andar en tren / es de lo mejor..." &lt;/div&gt;&lt;div&gt; &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-7542898254346846733?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/7542898254346846733/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/09/andar-en-tren.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7542898254346846733'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/7542898254346846733'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/09/andar-en-tren.html' title='Andar en tren'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749803557084</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrpxwGrYA8I/AAAAAAAAAKE/7G6cmL7Z2M4/s72-c/Lautaro.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-3731966864969261749.post-3196449439730086259</id><published>2009-09-07T10:33:00.006-04:00</published><updated>2009-09-15T20:46:27.311-04:00</updated><title type='text'>Ordenando la biblioteca</title><content type='html'>&lt;div&gt;&lt;div&gt;&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrAzChLBHwI/AAAAAAAAAJs/lP5vVGRmbXY/s1600-h/DSCN0010.JPG"&gt;&lt;img style="TEXT-ALIGN: center; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 240px; DISPLAY: block; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381857673065078530" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrAzChLBHwI/AAAAAAAAAJs/lP5vVGRmbXY/s320/DSCN0010.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div&gt;Hay un texto de Walter Benjamin que siempre quise leer, porque el título me parecía extremadamente atrayente, que se llama &lt;em&gt;Desempolvando mi biblioteca&lt;/em&gt; o algo así. Creo alguna vez, muy difusamente, haberlo tenido en mis manos, pero no recuerdo haberlo leído. Por estos días lo he buscado, pero no lo he encontrado, a raíz del "huésped errante e inseguro" que anuncia llegada al hogar, lo que ha significado estar en labores de ese tipo, reordenando y, sobre todo, botando papel, archivos sin sentido que solo se explican por cierta neurosis, desocupando un closet completo de papeles, papeles y más papeles.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Busco en Internet la referencia al texto y descubro que en verdad se llama &lt;em&gt;Desembalando mi biblioteca: discurso sobre la bibliomanía. &lt;/em&gt;Y me encuentro con una cita de Hannah Arendt sobre el texto, que me hace cierto sentido: "La verdadera, y en gran parte incomprendida, pasión del coleccionista siempre es anárquica, destructiva". Guau, nunca lo hubiera pensado así, sino todo lo contrario. ¿Qué más dice Arendt? "Pues su dialéctica es la siguiente: combinar con la lealtad a un objeto, con elementos específicos, con cosas amparadas a su cuidado, una obstinada protesta subversiva contra lo típico, contra lo clasificable". Diantres, qué diablos; todo un descubrimiento: ¿una obstinada protesta subversiva? Bueno...sí, tal vez...nunca lo pensé así... Pero Arendt termina de argumentar: "El coleccionista destruye el contexto en el que su objeto fue anteriormente parte de una entidad mayor y, como únicamente aceptará aquello que sea auténticamente genuino, debe depurar el objeto elegido de todo aquello que tenga de típico". Depurar el objeto elegido de todo aquello que tenga de típico: está bien, puede ser, nunca lo había visto de esa manera. Simplemente he sido, toda mi vida, un gran coleccionista de cosas, incluso, demasiado absurdas sin saber, es verdad, que detrás de algo así hay un silencioso trabajo de depuración.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Lo cierto es que tuve que deshacerme, no con poco dolor, de archivos de prensa de hace diez o veinte años, que en total equivalían a un archivador antiguo, de esos gordos y pesados. Los temas: cine, arte, historia, filosofía y literatura, preferentemente, de los supleme&lt;a href="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrAzSAdfXVI/AAAAAAAAAJ0/tRk7FbD3BFw/s1600-h/DSCN0015.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 0px 10px 10px; WIDTH: 320px; FLOAT: right; HEIGHT: 240px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381857939162094930" border="0" alt="" src="http://2.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrAzSAdfXVI/AAAAAAAAAJ0/tRk7FbD3BFw/s320/DSCN0015.JPG" /&gt;&lt;/a&gt;ntos culturales de &lt;em&gt;La época &lt;/em&gt;y de &lt;em&gt;El Mercurio&lt;/em&gt;. Como la mayoría de esas cosas están digitalizadas o microfilmadas, decidí botar casi todo. En la era actual, donde Pan es Internet, ese gran sueño de Borges: la Biblioteca de Babel, ya no es necesario recortar nada de los diarios ni menos guardar y clasificar esos recortes. Solo conservé algunas cosas, algunas notas, algunos artículos que me parecieron debieran ir insertados en un libro: una crítica de &lt;em&gt;La enfermedad del dolor&lt;/em&gt;, de Alejandra González, una entrevista a Álvaro Ruiz, el desaparecido poeta de &lt;em&gt;Casa de Barro&lt;/em&gt;, una entrevista a la fallecida Musa Stella Díaz Varín y así, pequeños recortes de prensa con valor afectivo más que científico y porque algo debía quedar de tantos años de recortar y recortar, de ese afán enciclopédico tan propio de una cultura libresca anterior a la era digital.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;Los libros y papeles proliferan como ratones. Y siguen llegando más, compulsivamente, incluso libros que no leeré en años. De modo inverso, aún no sé qué hacer con la colección de suplementos deportivos de 1987 a la fecha y que ocupan un rincón arañesco de la bodega. Lo único cierto es que boté cuentas de hace cinco o más años. Boletas de luz, gas, televisión por cable de cuando vivía en otro lugar de la ciudad. Cuentas bancarias de hace diez años, con el detalle preciso de cada transacción comercial. Es saludable hacer algo así y no quedarse con el dato de que el 13 de septiembre de 1999, un día como hoy, gasté $10.545 en Supermercados Almac.&lt;/div&gt;&lt;br /&gt;&lt;div&gt;&lt;/div&gt;&lt;p&gt;No sé si todo esto sea producto de una pasión anárquica y una protesta contra lo típico. Tal vez tenga relación con una desenfrenada y obstinada tensión de aferrarse a materialidades de la realidad. Como si guardar la revista donde dice, por ejemplo, que el 13 de octubre de 1985, 35.576.- personas presenciaron la despedida de Carlos Caszely por la selección nacional frente a Brasil fuera algo más relevante que el hecho mismo de tener memoria de ese partido presenciado por televisión, una tarde cualquiera a la hora de once junto a una inesperada visita del tío Mario, quien, a todo esto, desconocía por qué había una torta sobre la mesa. Chile 2 - Brasil 1 y la revista que aún conserva las imágenes de ese partido de modo distinto a como lo recuerda mi memoria.&lt;/p&gt;&lt;a href="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrAzmPM5LvI/AAAAAAAAAJ8/oDphDH6YQI0/s1600-h/DSCN0016.JPG"&gt;&lt;img style="MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 240px; FLOAT: left; HEIGHT: 320px; CURSOR: hand" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5381858286716399346" border="0" alt="" src="http://4.bp.blogspot.com/_WVJa0FOCGIQ/SrAzmPM5LvI/AAAAAAAAAJ8/oDphDH6YQI0/s320/DSCN0016.JPG" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;p&gt;Aún así, pienso que a veces es bueno liberarse de recuerdos. A veces los papeles no dicen nada. Las fotografías son solo una imagen gastada que poco a poco se esfuma cada vez más. Y el afán de atesorar cualquier pedazo de vida, no más que un desesperado intento de aferrarse a una materialidad absurda, a aquello que permanece porque está escrito. Tal vez debiéramos volver a los relatos orales evanescentes, a cierta comunidad de habla que pervive en la confraternidad de los relatos, a cierta marginalidad (como la de los memoriosos proscritos de &lt;em&gt;Farenhait 453&lt;/em&gt;)&lt;em&gt; &lt;/em&gt;que todo escrito, precario en sí mismo, jamás podrá asimilar por completo sino más que como una mínima mirada que compendia varios segundos, varias horas de vida en tareas que de pronto nos resultan pequeñas, sí, pero poderasemente intensas. Escribir es ese anhelo equivalente al del niño que atesora un álbum, una actividad precaria ante la muerte de la intensidad de los momentos que la memoria no osa recobrar sino de modo difuso, lento y pegajoso. &lt;/p&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/3731966864969261749-3196449439730086259?l=futbolcineyliteratura.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/feeds/3196449439730086259/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/09/ordenando-la-biblioteca.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3196449439730086259'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/3731966864969261749/posts/default/3196449439730086259'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://futbolcineyliteratura.blogspot.com/2009/09/ordenando-la-biblioteca.html' title='Ordenando la biblioteca'/><author><name>Claudio Guerrero Valenzuela</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02232764749
